martes, 22 de noviembre de 2016

HISPANIDAD - REFLEXIÓN. Dr. JORGE B. LOBO ARAGÓN.




Bandera de la Hispanidad en las Américas, 
adoptada como símbolo de las Américas 
por la séptima conferencia internacional 
Americana de Montevideo 
el 13 de diciembre de 1933.


En 1934 se realizó en Buenos Aires un congreso eucarístico internacional, notable por la cantidad de fieles que convocó, por la devoción y entusiasmo de los concurrentes, y por hallarse presente como legado pontificio el ya célebre cardenal Eugenio Pacelli, que luego sería Pío XII. 

Entre sus actos pronunció una conferencia en el teatro Colón el cardenal Isidro Gomá, primado de España y arzobispo de Toledo. Fue un 12 de octubre de y en el día de la raza se refirió a nuestras raíces, que el origen que tenemos, la raigambre de la que provenimos, eso es la raza. 

Recuerda los ocho siglos durante los que España fuera el escudo que salvó la cristiandad de Europa de los sarracenos. Dios la probó con hierro y fuego, y premió su esfuerzo dándole "un alma recia, fortalecida en la lucha, fundida en el troquel de un ideal único, con el temple que da al espíritu el sobrenaturalismo cristiano profesado como ley de la vida y de la historia patria". 

Así empalmó "la más heroica de las reconquistas con la conquista más trascendental de la historia”. España era, justo, el pueblo mejor preparado para la hazaña. "América es la obra de España por derecho de invención". 

En 1492 desconoce España el enorme continente que tiene por delante, poblado por una manigua de pueblos en que imperan la antropofagia, la sodomía, los sacrificios humanos. "No importa; España es pródiga, no cicatera; tiene el ideal a la altura de su pensamiento cristiano; no mide sus empresas por sus ventajas". Y se lanza a una tarea que más que una epopeya es una creación. No puede reducirse a estadísticas lo que se hizo, porque la característica de la obra de España es "darse toda y darlo todo". Una obra de fusión, porque ya España no será más España sin sus Américas ni los americanos podríamos "arrancar la huella profunda que la madre les dejó al besarlos, beso de tres siglos en el que trasfundió su propia alma”

No se concibe la conquista sin el catecismo, "todo está sumergido en el pensamiento radiante de Jesucristo, luz del mundo". "España fue un Estado misionero antes que conquistador". 

La espada sólo sirvió para que llegara la Cruz. En síntesis: "la historia de nuestra hispanidad es esencialmente católica; ni hoy ni nunca podrá hacerse hispanidad de espaldas al catolicismo". Quedamos unidos en lo más substancial, en la religión. Hay una ecuación entre catolicismo e hispanidad, "sólo que la hispanidad dice catolicismo matizado por la historia". De modo que recordándolo a Monseñor Gomá uno puede contestarse, ¿de qué raza soy? Católico. ¿Qué religión profeso? La hispánica. 

Dr. Jorge B. Lobo Aragón

sábado, 19 de noviembre de 2016

NUESTRA FRONTERA. LOS MALONES Y EL PROBLEMA CHILENO. "ZANJA DE ALSINA".




Bandera de la Hispanidad en las Américas, 
adoptada como símbolo de las Américas 
por la séptima conferencia internacional 
Americana de Montevideo 
el 13 de diciembre de 1933.



El informe previo a la construcción de la histórica “Zanja de Alsina” emitido por el mayor Melchert en septiembre de 1875 fue primordial para determinar el pensamiento y la conducta posterior del Ministro de Guerra, Adolfo Alsina.



Dicho informe explicaba que Carhué estaba ocupado por los indios y que los indios estaban concentrados en Salinas Grandes. Agregaba también que los deseos de paz de Namuncurá no eran sinceros y que pensaba oponerse a todo trabajo efectuado en carhué.


Hacia mención al comercio ilegal con chile de haciendas robadas que fue una de las causas de la existencia de los malones en nuestras pampas.

En virtud de ello, se especulaba que la zanja de Alsina de casi 400 km, les dificultaría a los saqueadores su retirada con el ganado robado, dando tiempo a los soldados a recuperar los animales, además de evitar los malones grandes.


El francés Alfred Ébelot, encargado de construir la zanja, tras explicar detalladamente los conflictos limítrofes que la Argentina sostenía con Chile por aquella época y esgrimir con acierto que el asentamiento de tropas y la población de las fronteras ejercería una marcada influencia práctica en la política exterior argentina nos dice el 15-12 1877:
…Chile es un país montañoso y agrícola; produce poco ganado, pero consume mucho, gracias a los robos de los indios, de los cuales se aprovecha solapadamente. Es allá donde han ido a parar los centenares de miles de animales vacunos desaparecidos de las llanuras argentinas veinte años atrás. La parte de la pampa abandonada a los salvajes es recorrida sin tregua por los traficantes chilenos que van de tribu en tribu formando a bajo costo sus rebaños de vacunos. Estos pocos escrupulosos especuladores acompañan una que otra vez las invasiones y reciben en la propia estancia donde los animales han nacido, las remesas de vacas pagadas por adelantado a los ladrones…
La existencia de este organizado tráfico clandestino de cabezas de ganado hacía revivir el malón una y otra vez ante la pasividad del gobierno chileno que estaba al tanto de todo lo que ocurría.

Los indios nómades que ocupaban las pampas y que eran los mas agresivos, necesitaban hacerse de caballos mediante el pillaje porque no solamente amaban la carne de yegua sino porque les servía como medio de traslado.

El coronel Olascoaga, que vivió en chile fue uno de los tantos que dijo que en las estancias chilenas se veía ganado con las marcas de importantes hacendados de Buenos Aires

Las estancias se encontraban en estado de alerta permanente, aguardando el ataque de miles de lanzas, las que no resultaba sencillo perseguir después por el desierto.

Se instalaba entonces la nueva guerra del malón, con pequeños asaltos sorpresivos, pero demoledores. El objetivo era la captura de ganado vacuno y caballar que se hallaba en las estancias, como así también la toma como prisioneros a mujeres y niños que residían en los pueblos de las fronteras.

El robo de ganado para luego arrear hacia chile y venderlo a los comerciantes chilenos fue moneda corriente, aunque también había compradores inescrupulosos en nuestro territorio para las reses robadas.

Este infame e irregular negocio, abrigaba a todo tipo de personajes oscuros. Estaban los que se dedicaban a pactar con las tribus de la cordillera y daban regalos a cambio de poder pasar y encontrarse en chile con los compradores del mercado negro. 

Había blancos que llegaban al extremo de ser verdaderos cuatreros que robaban ganado incluso a los mismos indios y traficaban con tranquilidad gracias a sus donativos a las autoridades de frontera. 

Un comisario de los indios y ex capitan de nombre José Antonio Zuñiga, monopolizó por mucho tiempo el negocio del ganado robado pasado por el sur de Mendoza. Mas al sur de la cordillera el negocio lo dirigía el comandante de frontera chileno Domingo Salvo “El brujo de la cordillera”.

La fama de Zuñiga fue tan grande que pasó los límites de Chile y llegó a las pampas argentinas.

Los malones se lanzaban sobre las estancias gozando siempre del factor sorpresa para hacerse con el botín y comenzar con el tráfico ilegal. Estos ataques contaban siempre con un informe previo de los indios bomberos/vigías y a veces también de algún desertor o traidor de los cristianos.

Lo cierto es que los habitantes de las fronteras vivían siempre con “la espada de Damocles” sobre sus cabezas, esperando el malón devastador y la toma de sus mujeres como cautivas.

Alsina cada vez fue mas conciente de este problema al punto de destacarlo en su memoria especial presentada al Congreso en el año 1877:
“…He dicho antes que los indios solo roban para comer o saciar la codicia de los negociadores chilenos. Según nos hace saber el Sr. Ministro de Relaciones Exteriores en su Memoria dispuso que nuestro encargado de Negocios en Chile se dirigiese al Gobierno de ese país demostrándole el deber en que estaba de suprimir el tráfico que hacen públicamente con ganados robados en esta República, individuos establecidos en la parte sur de Chile….”

Si examinamos superficialmente las consecuencias del comercio con Chile de haciendas robadas, solo veremos una pérdida de riqueza, pero si estudiamos con atención la influencia de ese hecho sobre cuestión fronteras, forzoso será reconocer que es funesta y decisiva.”

Si los indios solo invadiesen para comer, el robo, no sucedería ciertamente, lo que hoy sucede. Ahora si consiguen arrebatar mil cabezas, consumen quinientas y el resto lo transportan a las cordilleras para venderlo por un precio casi nominal; y esto cuando los mismos comerciantes no son los que vienen a los toldos de nuestra pampa a llevarse los ganados en cambio de chucherías de lanzas y de carabinas con que se arma la barbarie para repetir el estrago
Por el contrario, si los indios no contasen con un mercado seguro para sus robos, solo invadirían para satisfacer el hambre y con el tiempo conservando las haciendas podrían vivir de los aumentos.

Es pues, indudable para mi que si los indios invaden con frecuencia es porque en Chile se consume el robo, y como consecuencia necesaria, que si se queman poblaciones, se hacen tantas víctimas y se cautivan tantas mujeres, es por la misma causa…

Y no se diga Sres. Senadores y Diputados que en Chile se hace misterio de ese comercio con ganados robados de la Repúbica Argentina. Todo lo contrario. En un libro, edición de año ppdo., publicación oficial, titulado la “Patria Chilena" se leen estas palabras textuales hablando de las tribus Araucanas: “Los Arribanos, establecidos sobre la falda de la cordillera de los Andes, tienen un carácter mas guerrero y mas feroz que el resto de los indios.Viven del robo de ganados y de las depredaciones que cometen en la República Argentina, de lo que sacan un botín abundante que cambian por otros objetos con las tribus vecinas o con las gentes civilizadas…” 
Semejante declaración propugnó un inevitable conflicto diplomático con Chile a quien se conminó a adoptar serias medidas sobre el contrabando de ganado aludido, a lo que el país andino no hizo lugar desconociendo dicho tráfico ilegal.

La zanja de Alsina no cubrió quizás todas las expectativas, pero desempeñaría al menos una función defensiva complicando el acceso a los campos y a las aguadas, además de evitar o dificultar en extremo los arreos del ganado sustraído. 

Esto posibilitó en muchos casos el recupero de la hacienda por los soldados de la frontera. De esta manera, el indio podía ingresar pero no le resultaba sencillo huir con el ganado robado.


viernes, 18 de noviembre de 2016

LA HISTORIA OLVIDADA DE CÓMO VENEZUELA FUE VENDIDA POR CARLOS V A LOS BANQUEROS ALEMANES.




Bandera de la Hispanidad en las Américas, 
adoptada como símbolo de las Américas 
por la séptima conferencia internacional 
Americana de Montevideo 
el 13 de diciembre de 1933.


A su regreso a casa después de numerosas correrías, Philipp von Hutten, el último gobernador de esta colonia, y Bartolomé Welser, heredero de la banca alemana, fueron inmediatamente ejecutados por el capitán español Juan de Carvajal el 17 de mayo de 1546. Los términos del contrato no se habían cumplido 

La contribución de los alemanes a la conquista y colonización de América se limita a un episodio anecdótico y casi desconocido. Carlos V cedió este territorio durante 18 años a una familia de banqueros germanos con el fin de pagar una deuda odiosa, la que le había hecho Emperador del Sacro Imperio Germánico. Un trozo del Nuevo Mundo a cambio de poder en Europa. Los banqueros más aventureros, los Welser, asumieron el reto. 

Una deuda gigante a cambio de una Corona 

Amigo y deudor también de banqueros, el Emperador Maximiliano dejó inacabados sus planes por su inesperada muerte, supuestamente debida a una indigestión de melones, y no pudo asegurar la Corona imperial para su nieto Carlos de Gantes, ya entonces Rey de España. La Casa de los Austrias llevaba casi un siglo al frente del Imperio, pero Maximiliano, en su rebosante mediocridad, no consiguió nunca el propósito de ser coronado por el Papa, lo que impidió que pudiera designar formalmente a su nieto como Rey de los Romanos. Sin este requisito, su nieto se veía obligado a obtener su elección entre una votación de los siete Príncipes electores y a enfrentarse a otros candidatos con sangre igual de azul. 

Carlos contaba a favor de su causa con el apoyo de su abuelo y de su entorno, pero ni siquiera había pisado Alemania y entendía tan poco de alemán como Francisco I de Francia, otra opción a tener en cuenta. El resto de candidatos eran Enrique VIII de Inglaterra, el Rey de Polonia y el Duque de Sajonia, aunque el paso de los días evidenció que la elección iba a ser cosa de dos, siendo Francisco el favorito. «Sire, los dos cortejamos a la misma dama», anunció el francés al saber que ambos aspirarían al trono de Carlomagno. La remontada del Rey de España aconteció por una razón muy básica: tanto la familia de banqueros de los Fugger como la de los Welser se negaron a conceder créditos a Francia, tal vez por un leve atisbo nacionalista (evitar que un monarca francés amenazara las leyes y privilegios germanos) o tal vez porque la oferta carolingia sonaba más jugosa. 

El nieto de Maximiliano subió la apuesta hasta los 851.918 florines, mientras Francisco I se retiró con la mitad de fichas. El 28 de junio de 1519, los electores eligieron por unanimidad a Carlos de Gantes, a partir de entonces y para siempre: Carlos V, káiser, Emperador del Imperio Romano Germánico, heredero de la tradición romana y las hazañas de Carlomagno. Ahora faltaba pagar la factura. 

 La familia de banqueros aventureros 

Los Welser y los Fugger dominaron la economía mundial durante buena parte del siglo XVI, siendo sucedidos por los banqueros genoveses ya en tiempos de Felipe II y Felipe III. No eran banqueros en el sentido clásico de la palabra, sino «merchant bankers» (banqueros comerciantes), por lo que estaban encantados de aceptar pagos en forma de minas, recursos naturales, territorios e incluso botines de guerra. 

Una vez Carlos fue coronado, reclamaron su parte del pastel, el pago de su deuda... Si bien los Fugger (hispanizados como «Fúcares») se dieron por contentos con las millonarias rentas de las órdenes militares españolas; los Welser («Belzares) seguían a finales de 1528 sin haber percibido todo el dinero. A modo de ultimátum: si la Corona quería nuevos créditos, debían ofrecerles alguna clase de pacto o de aventura comercial. La respuesta del Emperador fue un acuerdo por el que cedió una parte del Nuevo Mundo para que la explotasen a su gusto, liberados de cualquier clase de impuesto a la Corona española. 

Aquello era algo inédito, ya que Castilla mantenía un férreo monopolio comercial en toda América. En 1522, Carlos V de Alemania y I de España había rechazado una petición de Barcelona para obtener permiso de comercio directo con América desde sus puertos, y remitió a los comerciantes catalanes –como al resto de habitantes de España– a trasladarse a Sevilla (más tarde a Cádiz) y hacer uso de sus infraestructuras. El monopolio estatal estaba controlado estrictamente desde Sevilla y obliga a que ningún barco pudiera salirse de esta ruta. De ahí que resultara tan excepcional el acuerdo firmado con los banqueros alemanes, a los que se les permitía nombrar gobernadores propios, usar a los indios como mano de obra e incluso esclavizarlos, además del permiso para llevarse hasta 4.000 africanos. 

Los Welser aceptaron el arriesgado reto, porque habían nacido más para el comercio que para las finanzas 

En este sentido, los alemanes estaban obligados por contrato a fundar dos ciudades y a construir tres fortalezas. Y los Welser debían enviar una escuadrilla de cuatro navíos con doscientos hombres, armados y equipados a sus propias expensas, para ayudar al Gobernador de Santa Marta en la pacificación de aquel territorio. Además, podían explorar el territorio próximo en busca de metales preciosos, pero aquí sí debían dar una parte a la Corona española, y aportar 50 técnicos para explotar las minas de la región. 

Los Welser aceptaron el arriesgado desafío, porque habían nacido más para el comercio que para las finanzas. De hecho habían mostrado interés y obsesión por el Nuevo Continente desde casi el principio. Tuvieron tierras en Canarias; establecieron una oficina en Santo Domingo; avanzaron hacia México para explotar las minas de plata de Zultepec; y se involucraron en la expedición de Pedro de Mendoza en la que descubrió el Río de la Plata. 

Ahora, el territorio concedido a los alemanes fue la provincia de Venezuela, cuyos límites estaban definidos por el Cabo de la Vela (la actual frontera con Colombia) por el Oeste, y el Cabo de Maracapana por el Este (cerca de la ciudad de Barcelona). Varias islas cercanas a la costa quedaron también bajo jurisdicción de los Welser. Era aquella –sabían– la mayor oportunidad económica de su vida. 

 La obsesión con «El Dorado» 

El primer gobernador de Klein-Venedig (Pequeña Venecia) fue Ambrosio Ehinger, cuya principal obsesión fue la encontrar el mítico «El Dorado». Empleando como base la isla de La Española, 4.000 esclavos africanos y cerca 400 alemanes desembarcaron en Venezuela para levantar esta pequeña colonia. Aunque desde el principio parecieron poco interesados en cumplir la parte del contrato que exigía colonizar el territorio. Más bien buscaban cosas brillantes. 

En 1529, Ehinger fundó la villa de Maracaibo, pero no logró encontrar las cantidades de oro que los banqueros habían previsto y se sumió en una loca incursión por la Sierra de Perijá hasta las tierras del río Magdalena, en Colombia. Allí recibió un fechazo mortal en la garganta a la altura de Chitacomar, en el territorio independiente de los chitareros, una tribu hoy extinta. 

Maracaibo languideció, con apenas 30 vecinos y muy poca actividad comercial, hasta que seis años después el conquistador alemán Nicolás Federmann ordenó trasladar la «capital» de esta colonia a la península de la Guajira, con el nombre de «Nuestra Señora Santa María de los Remedios del Cabo de la Vela» (en la actual Colombia). En su primera expedición (1530), Federmann recorrió la región de Barquisimeto, Portuguesa, Yaracuy y el oriente de Falcón. En 1536 llevó a cabo su segunda expedición con gran interés, como todos, por las perlas de las islas próximas. 

El siguiente gobernador, Georg von Speyer, tampoco tuvo demasiado éxito en sus objetivos y sus hombres fueron asolados por enfermedades tropicale y hostigados por los indígenas. El último gobernador de esta Venezuela germana, Philipp von Hutten, el hijo de un burgomaestre, se adentró a la desesperada en el interior del continente, en dirección a Colombia, causando gran agitación y desorden a su paso. 

A su regreso a casa después de numerosas correrías, Philipp von Hutten, a quien acompañaba Bartolomé Welser, heredero de la banca alemana, se tuvo que enfrentar con el español Juan de Carvajal, quien había sublevado a la población de soldados arruinados contra la pésima gestión de los Welser. Se dice que el español encargó a un negro cortarles las cabeza a los dos aventureros con un machete poco después de apresarlos, «y como el instrumento tenía embotados los filos con la continuación de haber servido en otros ejercicios más groseros, con prolongado martirio acabaron con la vida aquellos desdichados, más a las repeticiones del golpe que al corte de la cuchilla». 

 El final de un imperio de banqueros 

Carvajal no debía temer represalias. El Consejo de Indias retiró la concesión a los Welser ese mismo año por incumplimiento del contrato de arrendamiento. Tampoco en la Corte imperial les quedaban ya muchos aliados a estos banqueros, dadas las sospechas de que estaban apoyando al movimiento luterano en Augsburgo. 

En 1556, con la suspensión de pagos decretada por Felipe II, que afectó también a los Fugger, se inició un rápido declive de las actividades financieras 

Después de esta terrible experiencia, los alemanes no volverían a conseguir establecer una colonia permanente en América, a excepción de casos aislados como la Compañía Africana de Brandeburgo. Suyo fue el control del comercio de esclavos en la isla de Santo Tomás (las Islas Vírgenes). 

Los Welser tampoco tuvieron una segunda oportunidad. En 1556, con la suspensión de pagos decretada por Felipe II, que afectó también a los Fugger, se inició un rápido declive de las actividades financieras de la familia. En 1614, en los albores de la Guerra de los Treinta Años, fue declarada la quiebra de la Casa Welser, siendo Matías Welser encarcelado y perdiéndose el rastro de sus archivos familiares en la bruma de los tiempos.



JULIO ARGENTINO ROCA, EL FUNDADOR DE LA ARGENTINA MODERNA.




Bandera de la Hispanidad en las Américas, 
adoptada como símbolo de las Américas 
por la séptima conferencia internacional 
Americana de Montevideo 
el 13 de diciembre de 1933.


Julio Argentino Roca, dos veces presidente de los argentinos, falleció el 19 de octubre de 1914

El 19 de octubre pasado se cumplió un nuevo aniversario del fallecimiento de Alejo Julio Argentino Roca, el segundo tucumano en ocupar la primera magistratura de la república, el primero en ser reelecto y el ciudadano que más tiempo permaneció frente al Poder Ejecutivo Nacional, al acumular doce años alternados en la Presidencia.

Roca nos legó las bases de la Argentina que conocemos hoy. Ejerció su gestión entre 1880-1886 y 1898-1904. Esperó dos mandatos constitucionales completos para volver a ocupar el sillón de Rivadavia, sin tener que reformar la Constitución Nacional, como sí lo hicieron otros presidentes. Fue el segundo mandatario más joven de la nación. Asumió a los treinta y siete años de edad.

Con 37 años, Roca fue el segundo mandatario más joven de la Argentina


Fue un estadista con todas las letras y el máximo referente de la generación del ochenta, esa camada pujante que fundó el Estado argentino moderno. Como militar, hizo sus primeras armas en los enfrentamientos civiles entre el estado de Buenos Aires y la Confederación Argentina. Hijo del coronel tucumano José Segundo Roca, héroe de la Guerra de la Independencia, de la Guerra contra el Imperio del Brasil y de las guerras civiles, destacó siempre por su valor en el campo de batalla, donde consiguió todos sus ascensos. El joven Roca se desempeñó en la Guerra con el Paraguay, conflicto en el que perdería a su padre, dos de sus hermanos y dos primos. Hasta hoy se recuerda el temple del joven mayor Julio Argentino Roca, cuando tuvo que obedecer, a regañadientes, la orden de retroceder, luego de un frustrado intento argentino de asaltar las trincheras paraguayas en Curupaytí. La providencia quiso que fuera el único jefe que no resultara herido en la acción y que se viera obligado a retirarse, al paso, a la cabeza de su legendario y disminuido batallón Salta, portando en alto, en una mano, la bandera de su unidad, perforada por la metralla enemiga, y en la otra, las riendas de su caballo, que había cedido para cargar allí a un teniente herido, a quien acababa de salvar la vida.


Julio Argentino Roca impresionó favorablemente a los distintos presidentes que se sucedieron a partir de la organización nacional. Justo José de Urquiza, amigo de su padre, lo admitió en el Colegio de Concepción de Uruguay, que tenía una sección militar, de donde egresaría como cadete de artillería. Bajo sus órdenes, lucharía hasta agotar todos los cartuchos, disparando su batería de dos cañones en la batalla de Pavón, al negarse a retroceder. Cuando su padre cabalgó hasta su puesto de combate para convencerlo de que había que abandonar la batería, porque la acción estaba perdida, Roca se cuadró ante este "oficial superior" y le dijo que no lo haría, porque no había recibido orden de retirada y porque "les había tomado mucho cariño a mis dos cañones; no los quería abandonar".

Generó muy buen concepto en Bartolomé Mitre, a raíz de su valor demostrado en la Guerra del Paraguay; en Domingo Faustino Sarmiento, sorprendido por su eficacia en el manejo político de los conflictos civiles que, sucesivamente, estallaron en el interior, mientras el Ejército Nacional luchaba en el Paraguay. En esa etapa, Roca desplegó su innato don de líder político y desactivó conflictos. Muchos, usando su capacidad de persuasión, sin tener que disparar un tiro. Sarmiento desconfiaba del joven Roca al principio, tanto que le recriminaría a su ministro de Guerra y Marina, Martín de Gainza: "Le he pedido a usted un hombre de energía e inteligencia, a un guerrero probado y no un barbilindo". Sin embargo, en vísperas de concluir su mandato, el Loco Sarmiento, ante cada situación difícil, le decía a Gainza: "Lo quiero a Roca allí". Así fue que Roca se fue granjeando, de a poco y con eficiencia, el apoyo del cascarrabias mandatario sanjuanino.



Fue durante su trayectoria militar que se consolidó su prestigio

El alter ego de Roca en la Presidencia fue, sin lugar a dudas, su comprovinciano Nicolás Avellaneda. Su asunción como primer mandatario, en 1874, vino acompañada de una seria revuelta, en varios puntos del país. Para sofocar el más grave, en Mendoza, Avellaneda convocó a Roca, quien, merced a una hábil estratagema, venció a los sublevados en una acción donde se produjeron pocas bajas y desbarató a los revolucionarios, entre los que estaba un antiguo superior suyo, a quien Roca facilitó la huida. No bien se enteró de esta victoria, eufórico, desde Buenos Aires, Avellaneda le telegrafió: "Lo saludo, general de los ejércitos de la república, sobre el campo de la victoria". Lo apodó El Zorro, mote que lo acompañaría toda su vida. Así fue como Roca llegó al generalato y Avellaneda empezó a pergeñarlo como sucesor, en la Presidencia.

Fue elegido presidente por abrumadora mayoría en el Colegio Electoral de 1880 (155 votos contra 70). En septiembre de ese año se sancionó la ley por la cual la ciudad de Buenos Aires pasaba a ser, formalmente, capital de la república. Hasta ese entonces, el Gobierno nacional vivía de prestado en la ciudad y se había generado una incómoda cohabitación con el Gobierno de la provincia de Buenos Aires, que también tenía sede allí. A partir de esta ley, originada por el arribo de Roca al poder, se federalizó la ciudad y dos años después, bajo su mandato, se fundó la ciudad de La Plata, actual capital bonaerense. Se solucionaba, de este modo y definitivamente, "la cuestión de la capital", que tantos conflictos civiles había traído hasta entonces.


Respetó la Constitución Nacional en su faz formal; veló porque se observaran los derechos y las garantías allí consagrados. En especial, respetó, absolutamente, al igual que sus antecesores, la libertad de prensa y de expresión. Aceptaba estoicamente las críticas, las injurias y los agravios como parte del juego democrático y constitucional. Jamás se le pasó por la cabeza acallar a los medios opositores o amordazar a quienes no pensaban como él.

Bajo su mandato se inició un crecimiento económico sostenido de la Argentina, que se prolongaría, con algunas intermitencias, hasta la primera mitad del siglo XX. Inició las obras de los puertos de Ensenada y Buenos Aires, que hasta entonces no tenían infraestructura para recibir pasajeros, ni para el comercio. Desarrolló Puerto Madero y construyó el Hotel de Inmigrantes, donde se alojarían muchos de nuestros antepasados, que llegaron a nuestras costas.

La inmigración se disparó bajo su mandato y Buenos Aires, de ser una aldea semirrural, pasó a ser una importante urbe pujante en el mundo, al compás del crecimiento de las principales ciudades del interior.


Roca tuvo una participación clave en la federalización de Buenos Aires y en la consolidación de nuestras fronteras

Impulsó la ley 1420, de educación laica, gratuita y obligatoria, de todos los niños de 6 a 14 años, por la que instauró un régimen de vanguardia, modelo para toda América Latina. Al poco tiempo, hizo caer bruscamente el analfabetismo en la Argentina, dándole la fama que conserva hasta el día de hoy, la de contar con una población educada, en líneas generales. Ello le otorgó importantes ventajas competitivas en la región. Roca concretó, así, lo que Sarmiento había concebido y no había logrado plasmar en una ley. Hasta hoy todos valoramos la importancia y la trascendencia de esta ley, pero muchos desconocen que su mentor fue Roca. De ser un país semianalfabeto, al finalizar su primer mandato, funcionaban 1.741 escuelas públicas y 611 colegios privados, en todo el país. Había 168.378 alumnos; 133.640 de ellos concurrían a la escuela pública. Se registraban 4.736 docentes.

No voy a desarrollar aquí su gran obra, que consistió en la incorporación efectiva al territorio nacional de toda la Patagonia, y de regiones del Chaco y la Puna. Gracias a él la Argentina duplicó su extensión territorial mediante la incorporación de zonas que hasta entonces eran desérticas, u ocupadas por indígenas nómades o violentamente hostiles a los habitantes del territorio argentino. De este modo, Roca se anticipó a que estas áreas fueran ocupadas por países vecinos, o bien fueran objeto del expansionismo británico (que no le hubiera costado mucho hacerlo, desde su base, en Malvinas), o francés (que hasta tuvieron un autoproclamado y excéntrico "monarca" entre las tribus patagónicas). A Roca le debemos que las actuales provincias de Misiones, Formosa, Chaco, La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego sean argentinas, amén de otras extensas zonas fronterizas con Chile, Bolivia y Brasil, ubicadas fuera de ellas.

Multiplicó la extensión de las líneas férreas y sancionó la ley 1.565 del Registro Civil. El Estado comenzaba a tomar razón de los principales acontecimientos de relevancia jurídica en la vida de las personas: su nacimiento, su fallecimiento, su matrimonio, que hasta entonces se regían por las inscripciones religiosas.

En su primer Gobierno impulsó la ley 1.130, de 1881, de unificación monetaria. Hasta ese momento, cada provincia emitía su propio papel moneda, fenómeno similar a la emisión de bonos provinciales generalizado desde 1985 hasta 2002.

Las monedas locales dificultaban el comercio interprovincial y significaban verdaderas aduanas locales prohibidas por la Constitución Nacional. Para terminar con este escándalo, obligó a todas las provincias a canjear sus valores por la moneda nacional, que desde entonces se impuso como único medio de pago en todo el país.

Creó los territorios nacionales, que dependían del Gobierno central y estaban localizados en las zonas de fronteras, recientemente incorporadas a la jurisdicción nacional, a fin de organizarlas y protegerlas ante alguna pretensión extranjera.

Julio Argentino Roca ejerció la presidencia del país
 de 1880 a 1886 y de 1898 a 1904

Firmó el pacto de límites con Chile, en 1881, que aseguró la paz con ese país, ya que se había llegado al borde de una guerra. Con este tratado, el país trasandino reconoció la soberanía nacional en toda la Patagonia argentina. Fue Roca quien consiguió que Chile reconociera, como principio divisor fronterizo, el de las cumbres más elevadas de la Cordillera de los Andes, que dividen las aguas hacia el Atlántico (Argentina) o el Pacífico (Chile). Impulsó las colonias galesas en la Patagonia, que aseguraron la presencia y la ocupación permanente argentina en la región.

Bajo su segundo mandato se sancionó el Código Penal y el de Minería; ambos consagraron importantes avances sociales, todo un adelanto en su época. Inició la ocupación argentina de la Antártida, al establecer la base de las islas Orcadas (1904); y comenzó la explotación petrolera en Comodoro Rivadavia (ciudad que se fundó bajo su Presidencia). Dio inicio así a una importante fuente de la riqueza nacional.


Fue el primero en impulsar las cumbres presidenciales. Bajo su mandato se reunió con el presidente chileno, para alejar definitivamente los vientos de guerra con el vecino país. Y dos veces con el mandatario brasileño, para terminar, de ese modo, con la desconfianza y la clásica rivalidad entre ambos Estados. Restableció las relaciones diplomáticas con la Santa Sede, interrumpidas a raíz de la sanción de la ley de matrimonio civil y de educación (ambas bajo su primer mandato) e insertó al país como una potencia sudamericana, ampliamente reconocida en el mundo. Estableció relaciones diplomáticas con el Imperio del Japón, inició una histórica amistad que la Argentina mantiene hasta hoy.

En su última gestión, sancionó la ley 3.871 de conversión (1899), por la que asignó a la Caja de Conversión (antecesora del actual Banco Central), creada en 1890, el monopolio para emitir moneda, estableció un patrón de cambio entre el peso y el dólar norteamericano y la libra esterlina. Imponía, además, una férrea disciplina fiscal y monetaria que impedía al Estado gastar más de lo que recaudaba o emitir sin respaldo. Ello hizo que nuestro peso moneda nacional se convirtiera, para 1920, en una divisa reconocida mundialmente y que la Argentina se encontrara entre los diez países más ricos del mundo, merced a esta preclara norma impulsada durante el segundo mandato de El Zorro.

Julio Argentino Roca destaca como uno de los mayores próceres en la conformación de nuestra Argentina y corresponde rescatarlo, reivindicarlo y valorarlo en este nuevo aniversario de su fallecimiento.

    Ad Majorem Dei Gloriam

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