sábado, 11 de septiembre de 2010

En homenaje a un Gran Caballero Capitán General de la Provincia de Salta Soberana Compañía de Loyola.”UN PUEBLO FERVIENTE Y PIADOSO GLORIFICA UN NUEVO MILAGRO:EL INMACULADO MILAGRO DE LA FE”. Por S.E Cab Don Andrés Mendieta (+)



Capitanía General de la Provincia de Salta


Lic. Hernando de Lerma
Gobernador de Salta 1577 - 1584
Nombrado por el Rey Felipe II en noviembre de 1577.
Fundador de la ciudad de San Felipe de Lerma en el 
Valle de Salta el 16 de abril de 1582.

Un pueblo ferviente y piadoso
glorifica un nuevo milagro:
el inmaculado milagro de la fe
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A diez años que Cristóbal Colón pisara tierras del llamado Nuevo Mundo el licenciado Hernando de Lerma llegó al valle de Salta procedente de Esteco, acompañado de vecinos y aborígenes para fundar una ciudad.

Esto fue el mismo día lunes de Pascua de Resurrección del año 1582 (16 de abril) cuando “El dicho Señor Gobernador (Hernando de Lerma), mandó hacer y se hizo un hoyo, donde cerca de el estaba un palo puesto y dijo: Que en nombre de la Santísima Trinidad. Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, e de la gloriosa Virgen, su bendita Madre, e del Apóstol Santiago, luz y espejo de España y en nombre de su Majestad Señor Rey Felipe Segundo, como su Gobernador y Capitán General Justicia Mayor de estas Provincias del Tucumán y sus dependencias, como leal creado y vasallo suyo, y en virtud de sus Reales poderes e instrucciones, mandaba y mandó poner y se puso el dicho palo, por picota, en dicho hoyo… y que de hoy en adelante para siempre jamás se nombre y llame esta dicha ciudad. Ciudad de Lerma en el Valle de Salta…” comenzó a construirse, por la religiosidad de sus habitantes un camino con trayectoria histórica cargada de fe.
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De acuerdo al auto de fundación de la ciudad, el escribano Rodrigo Pereyra da testimonio que se encontraban presentes “el Reverendísimo Señor Obispo D. Fray Francisco de la Victoria de estas Provincias, é D. Francisco de Salcedo, deán de la Catedral de Santiago del Estero de estas Provincias, é D. Pedro Pedrero de Trero, Chantre de dicha Santa Iglesia, é Fray Incola Gómez, Comendador de la orden de Nuestra Señora de las Mercedes, de estas Provincias, é Fray Bartolomé de la Cruz de la orden de San Francisco”.
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Fray Francisco de la Victoria ofició aquí una misa y quien en la oportunidad ofreció una imagen al primer templo que debía levantarse en la naciente ciudad, en testimonio de amor y para celebrar la feliz coincidencia -¿auspicio providencial?- de su paso hacia Lima para asistir al tercer concilio, convocado por el obispo Toribio de Mogrovejo.
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También el Obispo durante su estada en la “muy noble ciudad” celebró misas y llevó la Palabra de Dios a conquistadores, fundadores y a naturales “de esta Valle de Salta, Jujuy, Calchaquí, Pulares, Cochinota, Omahuaca é todos los demás circunvecinos é comarcales” que habían participado de la ceremonia fundacional. En el repartimiento de solares, ocurrido el 17 de abril se destinaron parcelas con destino a la Iglesia Mayor y para el Convento de San Francisco.
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Estos actos, al parecer, al Obispo Victoria histórica y piadosamente quedaron vinculados a la nueva ciudad.
No se descarta que, conociendo el espíritu dadivoso del obispo Victoria, que al viajar a España en 1590, se conectó con hábiles escultores de Madrid para que tallaran dos imágenes.
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“La una, un santo crucifijo, de aspecto devotísimo, pues solo mirarle resuelve en lágrimas de constricción los pechos más endurecidos; y se destinó para la Iglesia Matriz de la ciudad de Salta que su Ilustrísima había erigido donde hoy se venera; la otra fue una santa imagen de Nuestra señora del Rosario, dedicada para el convento de la Orden de Predicadores, cuya fundación dejaba dispuesta con la misma advocación en la ciudad de Córdoba, y salió de extraordinaria belleza y de tan devoto y cariñoso atractivo , que es el imán de los corazones cordobeses…”, según lo señalara el sacerdote jesuita Pedro Lozano.
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Tras largo camino
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La tradición oral dice que las dos imágenes enviadas desde España arribaron a América en forma prodigiosa. Un día de tantos, humildes marineros y pescadores que cumplían sus tareas en las proximidades del puerto del Callao (Perú) divisaron “dos arcas que venían surcando aquel océano, nunca más providencialmente pacífico, como si fuesen dos ligerísimas carabelas. La novedad del caso despertó la atención de los presentes y convocó multitud del pueblo para que hubiese más testigos del prodigio. Siguieron su rumbo con gran acierto, pisando montañas de espumas, sin divisarse el gobernaba a modo de bajel, aunque se reconocía su destreza y no pararon hasta tomar puerto a la orilla, sin que humano impulso las moviera”, continúa expresando el padre Lozano.
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Ante el estupor de los presentes las autoridades del lugar dispusieron la apertura de los cajones apareciendo en el interior de ellos dos singulares imágenes de notoria belleza: un Cristo Crucificado y una Virgen del Rosario. La primera con destino a Salta y la otra para Córdoba. Ambas arcas llevaban impresas los siguientes rótulos del donante: “El Obispo del Tucumán”.
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Se organizaron numeroso actos de veneración a las imágenes llegas al Callao por espacio de siete días hasta que el entonces virrey del Perú Hurtado de Mendoza mandó a conducir la preciosa carga a la Villa del Potosí, tarea que estuvo a cargo de alrededor de cincuenta “vecinos, caballeros de lustre nobleza”. La travesía fue sumamente dura. Los feligreses debieron afrontar fríos extremos, accidentes geográficos con alturas superiores as los tres mil metros, exuberante vegetación pobladas de peligrosas alimañas y la constante amenaza de las tribus belicosas.
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Desde allí, el 13 de agosto de 1592, partió una nueva caravana con destino a Salta trasladando las reliquias obsequiadas por el obispo Victoria las que arribaron treinta días después. El derrotero escogido –según el periodista y andinista Milenco Juan Jurcich- debió ser la Ruta de Postas, de acuerdo a los antecedentes que se guardan en los Archivos de Indias: Potosí, Cainza, Sorapalca, Escara, Cotagaita, La Ramada, Suipacha, Mojos (cerca de la actual La Quiaca), Cangrejos, La Cueva, Humahuaca, Hornillos, Huayra, Jujuy, La Cañada, Posta de La Angostura (en La Caldera) y Salta.
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“Tras largo caminos
que amparó el milagro,
por mares y montes,
llegaste a este suelo,
con tu amor buscando,
el amor de un pueblo”.
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Esto ocurrió el 15 de setiembre de 1592 que al decir por monseñor Miguel Angel Vergara, “nuestro precioso Señor del Milagro vivo trasunto de Jesús Crucificado, ostentando sus ropas heridas y enseñando acerbo dolor en la agonía de la Cruz, cruzó sobre la América de nuestros antepasados en el empeño de sus conductores, acaso pronunciando otra vez, para este Nuevo Mundo las siete palabras que encierran su doctrina, su ley, su obra, su amor y su gloria”.
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Por su parte; Julián Toscano, cuenta que “todo estaba preparado para la recepción de las efigies; en el momento que se supo su proximidad, el Gobernador (Don Juan Ramírez de Velazco), con la poca tropa que aquí había y con lo más notable del vecindario de ambos sexos, salió a encontrarlas hasta el alto que más tarde debía llamarse “Campo de la Cruz”. Allí las recibió, en efecto, y con aquel lúcido acompañamiento entró el milagroso Señor para ser el más celoso guardián, el verdadero y único Salvador de este pueblo que lo recibiera para colocarlo en el sagrado templo de la Matriz, donde debía permanecer para consuelo de muchas generaciones”
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“… torpes las almas
no correspondieron
la dulce demanda,
y en olvido ingrato
dejaron tu imagen
por un siglo entero”.
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Un Cristo olvidado
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Cien años transcurrieron en la ciudad con un Cristo humillado, roto de dolor y de angustia, sólo y olvidado. Sobre los pobladores reinaba el pecado de las pasiones, el rencor y la ambición de poder, de riqueza y de gloria.
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Hasta que, el 13 de setiembre de 1692, precedido de sordos rumores y de sacudones, “hubo un terremoto y temblor en esta ciudad de Salta, tan particular en lo desaforado de él”, como lo señalara el entonces vicario eclesiástico Don Pedro Chávez de Abreu. Más adelante el mismo cronista hace la siguiente descripción: “Siendo tan grande y formidable el primer temblor que se cimbraron las torres de la ciudad, volviendo a ponerse derechas, tocando de suyo las campanas grandes de la Compañía de Jesús, quedando las torres de la Matriz y la de San Francisco abiertas amenazando ruinas de manera de que fue necesario derribarlas”.
Entonces, en medio de la desesperación y la impotencias de los vecinos el padre José Carrión escuchando un mandamiento divino, pidió que sacaran la imagen del Cristo a la calle, entre penitentes, llantos y súplicas.
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Desde la Iglesia Matriz partió una procesión llevando bajo palio al Santísimo Sacramento. Desde el templo de la Merced sale otra de penitencia que lleva la efigie de Cristo Crucificado. Monseñor Julián Toscano al hacer una narración de lo que aconteció en aquella manifestación de fe dice que: “Los padres mercedarios caminaban con los pies descalzos, ceñidos de burdos hábitos, confundidos con el pueblo que dejaba escapar gemidos desgarradores; el pueblo sigue sus ejemplos entregándose sin reparos a diferentes actos de mortificación, ya de disciplina, ya cubriéndose el rostro y la cabeza con cenizas, como en los antiguos tiempos de los patriarcas”. Los jesuitas improvisaron un altar y una cátedra frente al templo con otra imagen de Jesucristo y allí se rezó una misa.
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Y desde entonces el pueblo de Salta pide al Cristo del Milagro que su misericordia descienda sobre todos como el rocío más tierno de la tierra.
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*) Instituto Histórico Santiago de Liniers “Comendador por la Provincia de Salta”; Soberana Compañía de Loyola Caballeros Americanos Siglo XXI Gran Capitán para la Provincia de Salta”.“Ciudadano destacado de la Ciudad de Salta", distinción otorgada por el Concejo Deliberante el 28 de Octubre de 2009.


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