jueves, 16 de octubre de 2014

Líbano: "una sensación recurrente" Fundación Iberoamerica Europa, CIPIE. Diario Exterior, Madrid.



orden de los caballeros de 
su santidad el papa 
"san ignacio de loyola"

política internacional


Tal vez sea un piadoso acto de defensa propia del alma pero no acuden a mi situaciones que arrojen lógica comprensión. Será quizás la influencia de la emoción, sin embargo, no siento que encuentre nada nuevo, razonable o racional, ¡Nada!.


Será por compasión, rechazo al terror, tristeza o dolor, pero así las cosas. Nada nuevo. No hay donde colocar en perspectiva los últimos acontecimientos en este Líbano acéfalo y sin presidente desde varios meses por el propio boicot del parlamento.


¿Cómo es que no hay nada nuevo? Si se vivió una guerra destructiva por los últimos 35 años. ¡Pero no!, nada nuevo. Ni de un lado ni del otro.


Observando el escenario político desde fuera, resulta agraviante percibir la sensación de corderos que se da a los ciudadanos. Ellos solo tienen dos opciones, dos distintos mataderos: El pro-sirio y el anti-sirio. Ambos garantizan la muerte en un ciento por ciento para el Líbano, aun con distintos colores, diferentes estilos y diversos profetas que interceden según sea su Dios. Pero no hay más que fracaso en aquel inmisericordioso horizonte.

La mayoría de libaneses con los que hablo me dicen que están agradecidos de tener, al menos una opción -a la que llaman democracia libanesa-. Ellos desarrollan teorías fundadas en las conspiraciones que, con indisimulada mitomanía, explican y desarrollan sobre la situación política según sea su posición de cordero y el matadero que hayan elegido.


Es asombrosa la capacidad de asignar responsabilidades sobre los crímenes políticos en el país. Desde casi 40 años no ha habido una sola autocritica. Se otorga responsabilidad por ellos a los norteamericanos, sirios, israelíes o iraníes; “como si los propios libaneses no tuvieran responsabilidad alguna en estos hechos”.

Si usted habla con los seguidores de Hassan Nasrallah, usted escuchara que la guerra de julio de 2006 con Israel, estaba planificada desde mucho tiempo atrás por EE.UU. e Israel. Que solo esperaban una excusa para lanzarla sobre Líbano. Seguramente Usted pensará ¿Pero por qué Nasrallah les dio la excusa? Ellos le responderán: “No, no necesitaban una excusa”. Lo habrían hecho de todos modos (¿?) Así de enquistada se encuentra la paranoia en el país. Todo forma parte de una conspiración a gran escala por parte de EE.UU. e Israel. Así de ridícula, simplista y penosa la comprensión de los hechos que efectúan estos corderos que tienen muy claro el matadero elegido: Siria e Irán.


Si usted habla con partidarios de Saad Hariri, escuchará que Hezbollah está detrás de la decadencia política y la crisis actual para desviar la atención del mundo respecto de la situación nuclear de Irán y para bloquear el Tribunal Internacional que investiga -sin resultado alguno- hace más de 9 años, el asesinato de su padre, el ex PM Rafik Hariri, en el que estaría implicado el régimen sirio. Muy claro también el matadero escogido por esta gente: Arabia Saudita y EE.UU.

Sin embargo, he aquí que los libaneses -nosotros- dentro o fuera del país, los que tratamos de “pensar” este escenario socio-político esquizofrénico más allá de la dicótoma alienación de pro-sirios o anti-sirios de los dirigentes, están -estoy- desamparados en lo que refiere a libertad y democracia real como ciudadanos dentro del Líbano. Lo experimente en primera persona hace apenas tres años cuando regrese, luego de veintitrés años fuera.

Como reflejo de mi propia historia con la guerra del Líbano por un lado; como analista político que propugna la política organizada -donde la vida en democracia y la libertad de los ciudadanos sea prioritaria- por otro. Y en última instancia como ciudadano común; rechazo las organizaciones armadas y milicias de todos los sectores que combatieron en esa guerra (1975-1990), que hoy, a casi 40 años años de tal indecencia, emergen de sus cenizas medievales y amenazan con repetir la historia.

Me siento intelectualmente agraviado ante tal derroche de torpeza y carencia de responsabilidad en la clase dirigente libanesa actual. Me resisto a creer que como los nobles de la Revolución Francesa, esta gente tampoco: “nada olvido y nada aprendió” de esa guerra absurda y ajena a los intereses del nacionales. Me niego aceptar sus conductas vulgares y entreguistas, aunque es claro que a ellos les interesa imponerlas aun sobre los cadáveres de su propia gente si es necesario.


¿Es esto favorable a la democracia o es repetir la nefasta experiencia cuya sombra nos persigue a través de la historia más reciente del Líbano?

Como tantos, que un día dejo el Líbano atrás, continuo evaluando mi identidad como ciudadano de un Estado, no de una comunidad religiosa, no de un partido político, no como seguidor ciego de clanes. Y a decir verdad, siendo honesto con el lector: no veo nada nuevo, ninguna evolución allí. ¡Nada!

Los libaneses tienen que elegir hoy entre dos opciones: “Una tiene las armas” con las que aterroriza y amenaza en favor de la influencia siria-iraní. A ellos los apoya una horda residual de árabes nacionalistas y cristianos pro-sirios. Cabe preguntarse entonces ¿Puede este sector representar la esperanza de reforma y cambio en la estructura del Estado, cuando el modelo de Hassan Nasrallahes el régimen de Teherán? ¿Por qué necesitan destruir el Estado para reformarlo?


En el otro sector, pareciera que el absurdo se ha convertido en lo tradicional. Los clanes que se resisten a la apertura están allí, donde abundan los negocios y el dinero grande. Los señores de la guerra con sus feudos y la política de las familias, cuyo anacronismo, favoritismo y disputas por el poder opaca los genuinos postulados de libertad, soberanía e independencia declamada por muchos de ellos, que apenas tres años atrás se arrodillaban ante Bachar al-Assad en Damasco, pero hoy se apresuran a denostarlo ante las cámaras de CNN, BBC, Al Jazzira o TV France.


Se preguntará Usted según lo desarrollado, ¿Qué debemos inferir ante este panorama? ¿Qué debemos esperar? Poco, muy poco, esa es la respuesta.

Estoy convencido que a los libaneses se los ha convertido en algo así como animales heridos que ahuyentan y atacan a quienes se acercan para brindar ayuda. Incluso están dispuestos a morder y destrozar la mano que ofrece esa ayuda.


Líbano se ha convertido en una hipocresía gigante, donde la muerte, el engaño y el absurdo coexisten en un universo enfermizo y kafkiano. Las vidas de los libaneses no son vidas detrás de una cortina de hierro; son vidas detrás de un “telón oscuro de hipocresía inspirado en la mediocridad y los pensamientos medievales”.

Los libaneses podemos ser educados, cultos, sofisticados, viajados, multilingües y modernos. Pero nos empeñamos en ser un pueblo que tiende a la auto-destrucción, con una clase dirigente carente de imaginación, valentía, inteligencia y esperanza. La dirigencia política es como esos corderos que continúan siendo reunidos para la matanza por los pastores traidores. Y los libaneses continúan caminando detrás de los falsos profetas -que nosotros mismos ungimos- de los generales, los jeques y los mullah sagrados, a quienes se supone, Dios eligió para nuestro estilo de “democracia-libanesa”.


Nunca más acertado el maravilloso Khalil Gibran cuando en 1920 escribió: “Ustedes tiene su Líbano y yo tengo el mío”. Tal vez sea por eso que hoy no acude a mi ninguna sensación diferente al intentar bucear minuciosamente en el pasado y los recuerdos de la guerra.


Y para concluir, diría que sí; que me invade una sensación recurrente que podría resumirla en dos líneas: “El Líbano es un país dotado con la máxima belleza de la naturaleza en la tierra, pero lo persigue la maldición eterna de nuestra propia gente”.

Lo que digan las marionetas de la diáspora seguidoras de uno u otro sector me tiene sin cuidado. Ellos también ya han escogido, como corderos, acompañar uno u otro matadero. Aunque Nasrallah y Hariri dirían que me he convertido en un horrible y desalmado Occidental.

A todos ellos, les respondo con las palabras de Khalil Gibran: “Ustedes tienen su Líbano, colmado de conspiraciones y desunido”. Yo tengo el Mío.

Prof. George Chaya (BA) in History, Canterbury University, UK.
Consultant on Middle East and Latin America.



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