domingo, 10 de octubre de 2010

La Salta de ayer:curiosa y coquetona -Capitanía General para la provincia de Salta

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Priorato General de la Rpública Argentina
Capitanía General para la Provincia de Salta

La Salta de ayer:curiosa y coquetona

Por S.E. Cab Don Andrés Mendieta S.O.M.C.L.P.S.I.L.

Pretendo llegar al amigo lector con alguna reminiscencia curiosas y coquetona de nuestra Salta del año 1900. Me codeé con ellas siendo prácticamente una criatura, en la cocina de la casa de mis padres. En ese ambiente de techos y paredes ensombrecidas por el humo de la leña encendida a fuerza de pulmón o por el aventar de gruesos cartones, por pantallas de rafia o con la publicidad de comercios, ilustradas con santos y paisajes.
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Esta historia me fue transmitida por el hijo de una criada de mis abuelos paternos de nombre Francisco Javier Rodríguez, conocido familiarmente como “Esquenún”, palabra cuyo significado no pude encontrar en los diccionarios. Javier me familiarizó con mi tierra natal a través de sus narraciones vinculadas a episodios legendarios, tradiciones y hasta de duendes y fantasmas; personajes estos últimos que me obligaban deambular por la casa, al ennegrecer el día, prendido de las polleras de mi madre o encontrar el sueño con las luces encendidas.
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El sitio de reunión con Javier se concretaba cuando regresaba de sus faenas diarias. De mañana vendía diarios, más tarde lustraba zapatos y liquidaba sus tareas con la compra y venta de libros usados. Entre sus clientes se encontraban caracterizadas figuras tanto en el quehacer político, profesionales, comerciantes, educadores e intelectuales. Clientes selectos. Ya en casa se preocupaba en leer cualquier tipo de impreso que llegaba a sus manos: diarios, libros de Historia, Castellano o Aritmética, breviarios en latín, varios de estos ejemplares –algunos editados en los siglos XVIII y XIX- los que aún los conservo en los anaqueles de mi biblioteca.
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Sus relatos se iniciaban luego de hervir el agua en una olla para tomar sonoros mates acompañado con bollos hechos por su mujer, la cocinera de casa, de nombre Filomena.
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Difícil resulta recopilar y ordenar los recuerdos, más aún cuando yo contaba entre los seis y siete años. Refrescaré la memoria para los que hoy peinamos canas como instruir a la posteridad lo que ocurrió en Salta en 1900.
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En aquel año los vecinos trataban de incorporar a su vida cotidiana la instalación del servicio eléctrico en sus hogares. El alumbrado público había sido inaugurado dos años antes por un contrato celebrado por la Municipalidad y Carlos Bright.
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El paseo principal era la Plaza 9 de Julio rodeada de asientos y naranjos en doble fila y en el centro se levantaba una pirámide rodeada por coloridas flores. Las plantas de fruto dorado habían sido traídas treinta años atrás por Florencio Peralta desde su hacienda de Campo Santo.
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La Plaza esta rodeada de edificios de antigua arquitectura, encontrándose entre otros el Hotel Central, la Gran Tienda Buenos Aires, el Teatro Victoria, el Club 20 de Febrero, elCabildo y la Iglesia Catedral, y en calles aledañas el Banco Provincial y el templo de San Francisco. Mas allá la Iglesia de la Candelaria, el Colegio de las Hermanas del Huerto, el Colegio de Jesús, la Casa de Gobierno, Seminario Conciliar, Colegio Nacional, la Sociedad Italiana, la Escuela Normal de Maestras y el Hotel Nacional del Águila.
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La ciudad estaba gobernada por don Pío Uriburu y tenía por límites las vías del ferrocarril, al norte; por el sur, el río Arias; por el oeste, las Lomas de Medeiro hasta el molino de Patrón y, al este, la antigua Zanja Blanca y después avenida del Centenario- hoy Virrey Toledo-Hipólito Yrigoyen-. Contaba de veinte mil habitantes, con un índice muy bajo de “leidos y escribidos”.
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Circulaban los diarios “El Cívico” y “El Bien Público”. Entre los principales negocios era la tienda “Buenos Aires”, en la hoy esquina Caseros y Alberdi (Noroeste) en el mismo lugar donde se encontraba anteriormente la antigua iglesia de los Jesuitas y después la Catedral, templo que en 1813 sirvió de refugio de las tropas realistas que huyeron del campo de batalla en aquel glorioso 20 de febrero.
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Con tono enérgico desde el púlpito doña Pascuala Balbastro censuró el accionar de los soldados sin éxito alguno. La “Buenos Aires”, de propiedad de Cartabio y Aceña, era sucursal de su casa matriz con asiento en Tucumán. Explotaba el negocio de tienda, mercería, ropería y bazar.
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En Caseros y 20 de Febrero –lugar donde se erigía la antigua Iglesia de la Merced lindante con el Convento de los Mercedarios “San Juan Bautista de Salta” (hoy Escuela Zorrilla y con anterioridad sede del Colegio Nacional) había un comercio de venta de artículos de almacén, licores y vinos. Su propietario, Bernardo Canta, había establecido una sucursal en Cerrillos para surtir a las poblaciones del Valle de Lerma. Canta además explotaba una finca en Cerrillos de Arriba y del Molino La Fama.
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En sus establecimientos agropecuarios cultivaba maíz, alfalfa, vid y árboles frutales; además contaba con potreros para la invernada de vacunos y mulares. Al frente del negocio se encontraba un almacén y una fábrica de cigarrillos de propiedad de Manuel Zapana, fundada en 1864, cuya marca era “El Pito”, manufactura pretendida en todo el territorio provincial como en las regiones vecinas. Zapana, además de vender vinos de excelente calidad, aprovechaba la finca “El Norojito” con plantas frutales, hortalizas, legumbres y flores para la venta.
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Entre otros de los negocios prósperos estaban el establecimiento industrial y agrícola de los Hermanos Patrón, fundado en 1847. Tenían una curtiembre, aserradero, molino y cultivo de alfalfa, cebada, maíz, tabaco y hortalizas. También explotaba la ganadería en “El Sauce”, Campo Santo; “Las Cañas”, en Anta; Estancia “La Merced”, en Rosario de Lerma y próximos a la ciudad capital “El Aybal” y “La Montaña”.
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En este desfile de actividades comerciales no hay que dejar en el tintero a la cochería “Del Progreso”, de propiedad de José Vázquez Freyre, conocedor de este trabajo que inició en 1871; el taller mecánico a vapor del ítalo José Barni, consagrado a la restauración y fabricación de carros y carruajes y creador de una maquinaria para pelar arroz, única en Salta.
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En el ramo librería se encontraba “El Iris”, de López y Cía. , en Caseros 150, donde además de ofrecer artículos de papelería, libros, mapas y pizarras para escolares se elaboraba cigarrillos a mano para la venta en Salta, Jujuy y sur de Bolivia. Se distribuían bajo la marca de: “Imparciales”, “Bolivianos” y “Salteños”.
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Por su parte, Francisco Bardi, italiano, explotaba la confitería “General Güemes” desde 1888 donde, al margen del expendio de masitas, tortas, confites, chocolates, vinos y licores finos, tenía dos mesas de billares y, como así, ofrecía el servicio de banquetes y lunch para casamientos, bautismos y bailes.
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Entre otros atrayentes de la Salta de 1900 puede mencionarse el hotel y café “Del Comercio” , administrado por Ambrosio Bernachi, fundado en 1890; la sastrería “El Elegante”, de Luis Marenco, ambos frente a la Plaza 9 de Julio; la tienda, almacén y ferretería de Ojeda y Cánepa; “El Progreso”, de Montero y García, con sucursales en Cafayate y Jujuy; el bazar y mueblería de Ángel Sánchez y Hnos. ; la compañía telefónica, de Bernardo Peña, en 20 de Febrero y Belgrano; la confitería y café “Teatro Victoria”, solar que anteriormente perteneció a la vivienda de Gabriel de Torres donde se juró fidelidad a los reyes Carlos III y Carlos IV por el Cabildo y pueblo de Salta.
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Para concluir esta reseña de la vida comercial de Salta en 1900 cabe mencionar el almacén por mayor de Manuel Antonio Huerta; la importadora de Policarpo Suso, Enrique Azpiri y Macedonio Benitos; al hotel “Del Águila”, de Pedro Capobianco; a la fábrica y destilería de licores “La Universal”, de Enrique Sona; al almacén de Luis Saredo; a la jabonería y velería “Italiana”, de José Brugnoli; al molino “La Fama”, de los españoles Juan y Miguel Reimundín; al hotel “Nacional”, de Marcial Abrego; a la fábrica de calzado “La Elegancia”, de Eugenio Castelli y a la fábrica de cigarrillos “La Proveedora”.
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Con esta crónica del pasado he pretendido tributar homenaje a hombres, mujeres y niños; a obreros y sabios; a ricos y pobres cada uno en su lugar, donde el destino lo ubicó en la sociedad y desde sus puestos buscaron el engrandecimiento de esta Salta con chismes, curiosa y coquetona.
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Hasta una próxima.












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Don Carlos Gustavo

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1 comentario:

Daniel. dijo...

Excelente descripcion de la Salta de ayer, muchas gracias por compartir estas impagables anecdotas.

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