martes, 7 de junio de 2011

Priorato General de la República Argentina. Creación de la Encomienda Hernandarias. Cubrirá las ciudades de Santa Fé y Paraná.

SER DIGNATARIO DE LA ORDEN DE LOYOLA
NO ES SOLO MENBRESÍA
LA ACTIVIDAD DE SUS INTEGRANTES
DEBE SER PERMANENTE


Gran Comendador




HERNANDARIAS



Conquistador, gobernante y hombre de Dios

Hernando Arias de Saavedra fue, quizás, el último representante del espíritu de la conquista en el Río de la Plata y su nombre debe inscribirse junto al de aquellos que lucharon y dedicaron su vida a colonizar y evangelizar estas lejanas comarcas que constituyeron uno de los confines más alejados del imperio español.

Hijo de esta tierra, había nacido en Asunción del Paraguay, cabeza de la gobernación del Río de la Plata, el 10 de septiembre de 1561. Fue su padre el capitán español Martín Suárez de Toledo y su madre doña María de Sanabria, por lo que era nieto por vía materna del adelantado don Diego de Sanabria y de doña Mencia Calderón de Sanabria, rica dama española que trajo su fortuna al Paraguay. Hernandarias fue además, medio hermano de Fernando de Trejo y Sanabria, que hacia fines del siglo XVI era obispo del Tucumán y uno de los fundadores de la Universidad de Córdoba.

Don Hernando, hombre culto, prudente y generoso, de caballerescos modales y grandes iniciativas, era sumamente versado en historia romana, que según algunos historiadores, llegó a sus manos a través de las tan comunes abreviaciones españolas de aquellos días. Educado en el convento franciscano de su ciudad natal, tuvo por maestro a Ruy Díaz de Guzmán, célebre historiador de la época, autor de “La Argentina o Historia de la Provincia del Río de la Plata” (1612).

Como todo individuo de buena cuna y elevada educación de aquellos tiempos se cree que dominó el latín y que fue versado en otras materias.

Integrando las milicias de su ciudad natal, marchó muy joven a la guerra contra las tribus fronterizas que hostigaban a la población cristiana. Según cuenta la tradición, para evitar mayores derramamientos de sangre, retó al cacique enemigo a un duelo cuerpo a cuerpo y en el combate le dio muerte, sufriendo tan solo unas pocas lesiones.



La Encomienda y los conquistadores



La encomienda fue una institución de importancia fundamental en las primeras décadas de la colonización del Perú ya que a través de ella se articularon las relaciones entre españoles e indígenas. Esta institución tubo como origen la encomienda medieval española, un modo de patrocinio muy difundido que consistió en la cesión de tierras a cambio de protección y defensa. En el caso de la encomienda americana, la encomienda no significo la entrega de tierras, pero si se mantuvieron los conceptos de protección y defensa. Así que a diferencia de la encomienda medieval española, la encomienda americana (también llamada repartimiento de indios) significó el otorgamiento de fuerza de trabajo de indígenas a determinados españoles. La institución de la encomienda tuvo su fundamento jurídico en la obligación de los indígenas a pagar tributo a la Corona de Castilla en su condición de “vasallos libres” del rey. Así la encomienda se suscita a partir de la cesión de del goce de tributo hecho por el monarca a favor de los encomenderos, en premio de los servicios de dichos personajes en la incorporación de nuevos territorios al patrimonio de la Corona.

Los deberes de los encomenderos eran varios: quizá el mas importante era el de la doctrina, es decir, que debían sufragar los gastos de los curas doctrineros encargados de tal labor y, a falta de ellos, ver la forma de asegurar que la evangelización se propagara. Igualmente los encomenderos debían cumplir con la denominada “carga militar”, que consistía en la obligación de acudir “con sus armas y caballos” a la defensa de la tierra cada vez que las autoridades lo solicitaran, bien fuera el caso de levantamientos o de ataques de otro tipo.

Si bien en los primeros años muchos encomenderos vivieron en los propios de indígenas, pronto la Corona prohibió dicha practica por los abusos perpretados en perjuicio de los indígenas. Así le legislación impuso a los encomenderos el deber de “residencia”, que obligaba a vivir en la ciudad cabecera de la jurisdicción en la que habitaran sus encomenderos. Las autoridades querían lograr un efectivo poblamiento del Perú por parte de los españoles y ver garantizado el cumplimiento de la carga militar. Finalmente los encomenderos estaban obligados a dar buen trato a los indígenas, aunque esto estuvo lejos de ocurrir, sobre todo en los primeros tiempos.
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