miércoles, 25 de mayo de 2016

INFLUENCIA DE LA POLÍTICA EN LAS FUERZAS ARMADAS.





Bandera de la Hispanidad en las Américas, 
adoptada como símbolo de las Américas 
por la séptima conferencia internacional 
Americana de Montevideo 
el 13 de diciembre de 1933.


Decía Winston Churchill: “Cuanto más atrás hurguemos en la historia, más adelante seremos capaces de ver”

A fines del siglo XIX, en nuestro país, en ciertos líderes entre los que se encontraban Alem, Yrigoyen, del Valle y Mitre, había nacido la idea de que las revoluciones constituían parte de las opciones adecuadas para imponerse en las contiendas cívicas, por eso se convirtieron en adoctrinadores de Oficiales y no midieron las consecuencias y el daño que iban a causar a la disciplina militar y fundamentalmente, al orden institucional cuyos fatídicos efectos perdurarían por varias décadas.

La propaganda que fueron infiltrando en las filas del ejército tuvo su eco en el famoso “mitin del Jardín Florida”, del 1 de septiembre de 1889, al que concurrieron Cadetes del Colegio Militar que, junto a estudiantes universitarios allí reunidos, crearon la Unión Cívica de la Juventud, luego devenida en Unión Cívica Radical. Se inició de este modo el nefasto proceso de involucrar a los Oficiales de las Fuerzas Armadas en la política.

Cientos de Oficiales, impulsados por Alem e Yrigoyen, conspiraron en las revoluciones de 1890, 1903 y 1905 para derrocar al gobierno constituido que, si bien fracasaron en el campo táctico pues no lograron hacerse del poder, triunfaron en lo ideológico, convenciendo a generaciones de civiles y militares que los golpes de estado eran medios válidos para las luchas cívicas.

Yrigoyen, sintiéndose comprometido con los militares que lo habían seguido y que habían sufrido la consecuencia de sus actos con bajas, retiros y exoneraciones, se propuso repararlos.

En su primera presidencia, arreciaban los decretos de ascensos, promociones y asimilaciones. De este modo se “reparaba” a quienes se habían levantado en armas contra las instituciones de la República o a quienes habían sido habilidosos haciendo antesalas en despachos oficiales.

El desagravio no sólo llegó a los revolucionarios de baja o retiro sino también a los fallecidos y mandó modificar la pensión de sus deudos. Entre los fallecidos estaba el Coronel Martín Yrigoyen, su hermano.

En ley impulsada por Yrigoyen pero sancionada en el período de Alvear, se declaraba “servicios a la patria” los prestados por los Oficiales y Tropa en los movimientos revolucionarios de 1890, 1903 y 1905.

Las veinte intervenciones militares a las provincias que realizó Yrigoyen, la connivencia de la política con la función militar, fue deteriorando la disciplina y la capacidad específica de las Fuerzas Armadas, motivo por el que comenzó a crecer, en su seno, disconformidad con lo que estaba ocurriendo. Algunos se organizaron en logias y, aliados con grupos de civiles, finalmente se complotaron y contribuyeron al triunfo de la revolución de 1930 y posteriormente la de 1943.

Estas acciones revolucionarias se fueron sucediendo a lo largo del siglo XX favorecidas por un lado, por el desapego de la población en general a las normas republicanas y por la creencia internalizada en la ciudadanía de que los golpes de estado eran válidos para cambiar los rumbos políticos. La revolución de 1955 fue propiciada por radicales y socialistas entre otras agrupaciones.

La historia es acontecimiento y nos da la posibilidad de aprender a partir de las consecuencias de las acciones realizadas
.

Por lo expuesto, podemos inferir como enseñanza:


Que la actividad militar debe realizarse alejada de toda influencia política partidaria y centrada sólo en brindar servicios a la patria manteniendo e incrementando la capacidad individual y del conjunto para la ejecución de operaciones militares y de apoyo y servicio a la comunidad, para lo cual debería encontrarse preparada para actuar en todo momento, lugar y circunstancias.

Que cuando se dispone asensos sin que se haya exigido previamente a los que se asciende, que ejerzan y demuestren aptitudes en el mando, gobierno y administración del elemento que le corresponda mandar de acuerdo a su jerarquía, o teniéndolas y habiéndolas demostrado no fuese considerado para ascensos, o simplemente sea desechado sin causa que lo justifique; o cuando se ascienda sólo por simpatía y/o decisión de quienes detentan el Ejecutivo, se promueve a minar la disciplina y a corromper la moral y ética que debe poseer todo Soldado impulsando a que estos subordinen la preparación para la defensa de la patria y sus instituciones a otras mundanas prioridades, cortesanas prioridades, para lograr beneficios y promociones. La historia es acontecimiento y nos da la posibilidad de aprender a partir de las consecuencias de las acciones realizadas en el pasado.

Hace ya más de treinta años que las amenazas de intervención de las Fuerzas Armadas en la política desaparecieron por completo, y las intromisiones ilegítimas de pequeños sectores militares en la vida democrática, han sido contadas y severamente castigadas.

Por otra parte, hace casi 20 años que desapareció el servicio militar obligatorio, institución que, si bien había servido para la defensa del país y para la homogenización de los valores patrios y la alfabetización de una gran masa de hijos de inmigrantes, era percibida por el conjunto de la sociedad de ese momento como anacrónica. Desde entonces las FFAA se dedicaron a misiones internacionales de paz, así como a actuar en apoyo a la comunidad ante desastres naturales. Por consiguiente, las FFAA han experimentado cambios radicales, tanto en su esencia como en sus funciones; no son las mismas de hace tres décadas atrás, y la sociedad civil que las empujaba a la política, ha desaparecido; por lo tanto no debería persistir cierto grado de rechazo y desprestigio que la sociedad política le otorga a estas, que se materializa en la injerencia en los temas exclusivamente militares e internos anulando la capacidad de decisión que deben tener los mandos; en la reducción asfixiante de recursos para la defensa, en la discriminación salarial con respecto a otras estructuras del Estado (no olvidemos que hace treinta años las FFAA estaban equiparadas con la justicia; un Teniente General ganaba lo mismo que un ministro de la corte, un General, lo mismo que un juez; hoy no gana ni la mitad de ellos). Hoy existen funcionarios en la administración pública, no de carrera, que ganan más que un General con cuarenta años de servicio, con exigencias en el desempeño del mando y comando e innumerables cursos realizados.

Se ha buscado la forma para vulnerar lo establecido en la Ley para el personal militar para perjudicar a los retirados a fin de que estos no cobren lo que establece esa misma ley. Treinta años atrás, con la misma ley que actualmente se encuentra en vigencia, un retirado, que hubiere alcanzado treinta y cinco años de servicio cobraba lo mismo que uno en actividad; hoy sólo alcanza al 50 %., debe, además, continuar aportando a la caja militar el 11% de su haber. Ninguna caja procede de esta manera con sus jubilados, sólo las fuerzas armadas y de seguridad, y sin embargo, no perciben lo mismo que cuando se encontraban en actividad.

Esa retribución, de igual monto al de actividad como para aquel retirado que hubiere alcanzado treinta y cinco años de servicio, se encuentra justificada por que durante esos años de servicio, los integrantes de las FFAA, al menos dos meses al año fueron a ejercitaciones en el terreno, tuvieron servicios de una semana de duración por mes, guardias de 24 hs, acuartelamientos, cambios de destino con sus familias…; todo esto sin cobrar horas extras o suplementos por desarraigo, como lo tienen los legisladores por ejemplo, lo que hace más inequitativa su situación en comparación con las otras estructuras del estado que si cobran y cobraron durante toda su vida activa, horas extras cada vez que se quedaron a trabajar fuera de las jornadas de ocho horas.

Pienso que a esta altura este accionar, diría de indiferencia o antimilitarista, debería de desterrar. Atenta contra el conjunto de la sociedad. Las FFAA son el último instrumento a emplear en defensa de la patria y los bienes de los ciudadanos, sus intereses, sus casas; también para garantizar, con su presencia, el libre albedrío en las decisiones del Estado en el concierto de las naciones. Y si este es el último recurso antes de la disgregación, debería ser de la mejor calidad. Para reclutar los mejores, toda organización sabe, que debe pagarles bien. Deberían contar, además, con la capacitación y los elementos adecuados para el cumplimiento de tan importante, trascendente, y vital objetivo.

Hoy, con fundamentos a mi juicio cuestionables, se han transformado a los militares en civiles de uniforme, olvidando la verdadera función guerrera de los mismos, (su preparación para la guerra; cuanto más específica, mejor); sería una ligereza olvidarse del famoso “si vis pacem, para bellum” (Sobre esta afirmación, buena cuenta podrían dar los franceses de1940). Se los ha limitado en el ejercicio de las leyes que les eran particulares y propias, quitándoles a los mandos de todos los niveles los instrumentos de coerción necesaria para el ejercicio del comando.

La responsabilidad principal del área de defensa es la de contribuir, de la mejor manera posible a la preservación de la paz y de la seguridad para todos los habitantes de la nación argentina, así como para sus descendientes. Es esta una noble, ambiciosa y exigente misión que debe ser sostenida y apoyada en el presente y en el futuro por todo el cuerpo social.

Para alcanzar ese objetivo, se debe disuadir conflictos manteniendo unas FFAA muy capacitadas, motivadas y alertas. Para ello deben contar con la asignación de recursos suficientes, ser bien pagas y reconocidas dentro de la sociedad. Esa tarea es de innegable responsabilidad de la conducción política del país que no puede demorarse ya por más tiempo pues, aún cuando se adopten decisiones adecuadas hoy, los cambios se producirían, con suerte, en el mediano plazo, y en el mientras tanto, estamos siendo muy vulnerables.

Epílogo:

  • El último recurso de un Estado para su supervivencia son sus FFAA.
  • Las FFAA apoyan las decisiones políticas que adopta el Estado en el concierto de las naciones afianzando su libre albedrío.
  • Todos los países que han sido líderes o lo son en el mundo han tenido o poseen poderosas Fuerzas Armadas.
  • Si nuestro país desea ser líder en la región y en el mundo es necesario que tenga buenas FFAA.
  • Para tener buenas FFAA es necesario adiestrarlas en los largos períodos de paz asignándoles los recursos necesarios y suficientes para la realización de su función específica.
  • Para defenderse no sólo hacen falta medios, hace falta voluntad y duros líderes, profesionales militares de carácter templado en el cotidiano entrenamiento y fuertes ante las adversidades.
  • Para tener buenos líderes profesionales de carácter templado y de convicciones éticas militares, que no privilegien alianzas con sectores políticos para lograr los ascensos, se debería preservar a los integrantes de las FFAA de injerencias externas de política partidaria. Si prevaleciera lo contrario, si los reconocimientos proviniesen por la cercanía a sectores partidarios, se repetirían los errores del pasado, y en lugar de soldados al frente de los ejércitos se tendrá civiles de uniforme; hábiles lobbistas, concurrentes asiduos de despachos oficiales, pero carentes de las virtudes que deben caracterizar al militar para la defensa de la patria cuando la situación lo demande.

No hay comentarios:

Ad Majorem Dei Gloriam

Ad Majorem Dei Gloriam
San Ignacio de Loyola

Archivo del blog