domingo, 21 de abril de 2013

OPRESIÓN O LIBERTAD. Por S.E Cab Tcnl D José Javier de La Cuesta Ávila Muy Augusto Bailio Hereditario SOMCLPSIL(LMGS M 1 y CMN 73).

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En la opresión se cae fácil por decidía, complicidad o ignorancia ya que la libertad se debe ganar por esfuerzo, sacrificio y sabiduría. 
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La historia del mundo es la sumatoria de páginas para lograr y afirmar la libertad de los individuos y su proyección como derecho en la sociedad. Hombres y mujeres que, a lo largo de su existencia, sufrieron la pérdida de la libertad la materializan físicamente como resulta necesario el sol y el agua para la existencia de los seres vivos. Nada es más cruel que perder la libertad, pues significa una especie de muerte, que arrastra junto al cuerpo el espíritu. La libertad incluye en su expresión, todos los fundamentos que contiene la esperanza y, en sus forma, todos los elementos que constituyen la felicidad, el bienestar y el amor.
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La libertad es el germen de un proceso que está contenido en escalones sucesivos, que se apoyan uno en el otro, como una escala celeste que lleva al mañana. El primer paso de la libertad es la propiedad, es decir el hecho cierto y valedero de la posesión de un algo que se convierte en parte de uno mismo. Esta propiedad se logra porque ella surge de la libertad para alcanzarla y es el fruto del esfuerzo, el sacrificio, la acción y los deseos que existen como tales, si se pueden realizar en tal ámbito. La libertad y la propiedad solo se restringen por la ley que, básicamente, responde a la idea como derecho de que ellas cesan ante las de los demás. La necesidad espiritual y física de la convivencia hace que cada ser individual busque y acepte ceder parte de sus ámbitos por las ventajas y beneficios que otorga la convivencia que bajo las formas es la ley.
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Sin embargo, aun la ley que cubre las totalidades, tiene en sus caracteres, la posibilidad de exceso que, lógicamente, restringe derechos o anula posibilidades, por lo que se da la existencia de la justicia. La Justicia es la forma del equilibrio tras el bien común y el medio de atemperar el poder impidiendo que el grande y poderoso, por el hecho de serlo,  invada, postergue o, aun, anule, al pequeño y débil. Cuando el encadenamiento originado en la libertad y estructurado a través de la propiedad, la ley y la justicia, lograr su plenitud, el individuo y la comunidad gozaran de los beneficios de la paz. La Paz, de esta manera, es la aceptación espiritual y física de la relación y la situación de personas y grupos sociales que saben y sienten que viven y son en los ámbitos de la libertad, lo que conduce, lógicamente a las ventajas del bienestar y proporciona las maravillas de la felicidad.
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El mundo actual se encuentra ante la sorpresa inusitada y veloz de sus avances e innovaciones que, por más que se las señale como de alcance total (globalización) ante la imposibilidad real de su equilibrio (vasos comunicantes) motiva desequilibrios. Los desequilibrios, que pueden ser económicos, culturales, etc., son, en la lógica de las especies, una nueva concepción de lo que se siente como libertad. En realidad, las sociedades, a lo largo de los siglos, buscaron encontrar su libertad  (Individual o grupal ante terceros) mediante el traslado de lo pesado, peligroso y agotador, a un tercero, con lo que invadían su libertad y lo conducían a una suerte de esclavitud (física, económica, espiritual, etc.) que privaba a los sometidos a avanzar hacia las escalas sucesivas. Evidentemente, en los fines del Siglo XIX (Revolución Industrial) se dio inicio a un proceso en el cual la mano de obra humana fue reemplazada por la capacidad de las máquinas y, con ello, elevo a las personas y permitió ser desligadas del esfuerzo otorgándole una nueva posibilidad de libertad.
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En la medida que el accionar físico se convierte en accionar intelectual, los avances materiales hacia la libertad se logran. Sin embargo, los sociólogos que estudian los fenómenos de las comunidades, observan que son los psicólogos los que están señalando que los avances tecnológicos, que proporcionan evidentes ventajas, al mismo tiempo, están motivando una especie de nueva dependencia, ahora de las personas hacia las maquinas, que los atraen en una medida tal que se convierten en adicción. Es decir, los seres humanos, como individuos o grupos, están logrando avanzar en la búsqueda de la libertad física pero, de alguna manera, están penetrando en los riesgos que constituye el condicionar la libertad intelectual.
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Este proceso nos vuelve una vez más a las concepciones de la filosofía que, basada en lo material nos proyecta a lo espiritual. Cuando se recorre a lo largo de la historia lo que nos han legado los filósofos, se descubre que en realidad lo que han pretendido es dar una explicación (diríamos científica) a lo que la Naturaleza muestra como realidad. Este mismo proceso, con formas diferentes pero un mismo fin, es el que siguen las religiones, con la ventaja de que lo no atribuible o comprobable, lo remiten a la decisión Divina, mediante el artificio espectacular de la fe. Es así que la libertad espiritual, que no es la física o la intelectual, pero influye sobre ambas,  priva sobre el ser humano y le da una respuesta a sus sueños, esperanzas o aspiraciones que el Mundo real no le puede proporcionar.
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En nuestro país (Argentina) la idea de libertad ha estado presente a lo largo de la historia. Nuestro Himno Nacional la repite en sus estrofas y la Constitución Nacional la determina en su articulado. Sin embargo, los tiempos y los dirigentes, por razones políticas y/o ideológicas, han socavado sus alcances individuales bajo la idea de que se los alcanzaba colectivamente. Los avances del Estado en sus responsabilidades de coordinación y estructura, han desplazado a las realizaciones de la sociedad en un peligroso proceso de suplantación ejecutiva. Los argentinos, como seres individuales, han cedido a los encantos de una aparente solidaridad que se construye con finalidad electoral sin las necesarias bases humanitarias. Cuando comienza a peligrar la libertad en una sociedad debe motivar alarma pues se desarrolla como una enfermedad maligna que no tiene cura, invade los cuerpos y se enquista en el poder, desde donde domina.
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La libertad es una ánfora de cristal que está suspendida por rayos de luz que le dan vida y presencia, pero que, si se destruye, jamás volverá a tener su consistencia, valor o importancia. La comodidad, la decidía, el interés o los placeres fáciles, pueden ser atractivos circunstanciales, pero, en su capacidad, contienen el germen de la esclavitud, la dependencia y la servidumbre. En ocasiones, como pasa en nuestros días bajo la sombra del populismo, los dirigentes, usando las argucias de la democracia y las posibilidades electorales, crean una dependencia, normalmente económica, que les proporciona, bajo el espejismo del bienestar, lograr subordinar voluntades a objetivos deleznables y espurios. Estas trampas son, aunque así no se lo perciba, bastante fáciles de construir, por necesidad, peligro o riesgo cierto que se aparenta enfrentar, pero, son muy difíciles de salir, por la malla que crean, normalmente sucia y ruin, pero con una solidez impensable.



Unidos en Cristo Jesús y en María Santísima, oremos  por el fructífero pontificado de S.S. el Papa Francisco, por Su Eminencia Reverendísima, Mons Mario Poli  Arzobispo de Buenos Aires,
y por  el Padre General de la Compañía de Jesús  Adolfo Nicolás S.J.

 Carlos Gustavo
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