viernes, 12 de septiembre de 2014

El otro martirio. (Hermanas Xaverianas asesinadas en Burundi).

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oRDEN DE LOS CABALLEROS DE 
SU SANTIDAD EL PAPA 
"SAN IGNACIO DE LOYOLA" 

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”Un gran amigo Xaveriano, padre Luciano Mazzocchi, me escribió diciendo que ellas (las Hermanas Xaverianas asesinadas en Burundi) vivían en la barriada más miserable de la capital Bujumbura, lugar de violentos conflictos entre Hutus e Tutsis, donde promovían la conciliación entre las dos etnias. Abrieron laboratorios comunes para jóvenes de las dos etnias, favoreciendo la armonía social. Fue probablemente esa actuación, en general realizada por mujeres, la que desencadenó la reacción atávica que las llevó a la muerte”, narra Vito Mancuso, teólogo y escritor italiano, en un artículo publicado por el periódico La Repubblica, 09-09-2014. Trad. de Roberto Jaramillo SJ.



Ahora mismo, en el momento en que escribo este artículo, aún no se tiene noticia de la identidad del homicida de las Hermanas italianas misioneras en Burundi. Sólo se sabe que la hermana Bernardetta Bogianni, la hermana Lucia Pulici y la hermana Olga Raschietti fueron asesinadas de una forma extremamente violenta.

Que se trata de una muerte tal como la que el cristianismo acostumbra llamar ”martirio” (es decir ”como testigo” – mártir en griego quiere decir ”testimonio”) no hay dudas. Pero, ¿de qué martirio? Hay un martirio que defino como ‘institucional’ y otro que llamo ‘existencial’.

En el primer caso, se muere simplemente por ser cristiano, como sucedió recientemente en Irak por causa de los milicianos del Califato, o en Nigeria por causa de los terroristas islámicos de Boko Haram, o también en Siria, o en Paquistán, o en Egipto y otros países de mayorías musulmanas; y hasta en la India por causa de fanáticos hinduistas.

Esta situación no se refiere solamente a los cristianos porque hay muertos también porque son yazidis, como en el norte de Irak, o porque son judíos, como ocurría durante el régimen nazista y en ciertos períodos de la Edad Media, y como ocurre todavía hoy. En este y en otros casos se muere prescindiendo del nivel del testimonio personal, por el simple hecho de pertenecer a una determinada religión o a un determinado pueblo.

Es imposible, no obstante, no señalar que desde hace algunos años, en diversas zonas del mundo la fe cristiana está cada día más y más en la mira de los extremistas. Según el Instituto de investigaciones americano Open Doors International, del 1º de noviembre de 2012 al 31 de marzo de 2014 se registraron 5479 cristianos muertos por su fe, una media de 322 muertos por mes y algo más de 10 por día.


¿Qué significa eso? ¿Qué hay en el cristianismo contemporáneo que irrita tanto a los fanáticos o a los extremistas? En el caso del martirio existencial se muere, al contrario, precisamente por causa del testimonio personal, en el sentido de que a peculiaridad de la acción realizada es tal que genera una reacción violenta en quienes tienen otras ideas, y perciben la acción del ”testigo” como una peligrosa amenaza para sus ideales.

Ese fue el caso del primer mártir cristiano, San Esteban, de Ipazia de Alexandria (filósofa pagana muerta por monjes cristianos), y antes de él fue el caso de Sócrates y de Jesús, y en nuestros días es el caso de Padre Diana y de Padre Puglisi en nuestra casa.

En este momento no nos es posible saber si las tres hermanas Xaverianas fueron asesinadas por odio al cristianismo, es decir, como martirio institucional, o por causa de su acción específica en el territorio; pero siendo Burundi el país que es (es decir: con una grande mayoría cristiana, y ausente de la lista de países más peligrosos para los cristianos), es más probable que su martirio tenga que ver con su acción específica entre el pueblo al que servían, y no tanto que sea un episodio más de la persecución institucional contra los cristianos en el mundo.

Si mi análisis es verdadero, las tres hermanas italianas no fueron asesinadas simplemente porque fueron cristianas, sino porque actuaron como cristianas. En los micrófonos de Radio Vaticana el Padre Mario Pulcini, superior de los Xaverianos en Burundi y quien convivió muchos años con las hermanas declaró que Lucía Pulici trabajaba en el campo médico donde había curado a miles de enfermos, que Olga Raschietti era muy activa en el campo de la enseñanza, en cuanto que Bernadetta Bogianni se dedicaba principalmente a la promoción de la jóvenes a las cuales les daba cursos de corte y costura.

Otro mártir Cristiano, el matemático, teólogo y sacerdote ortodoxo Padre Pavel Florenski (muerto el 8 de diciembre de 1937 en Leningrado bajo el régimen comunista) escribía a su mujer Anna el 13 de febrero de 1937: ”sí, nuestra vida nos es dada de manera que se le puede dar algo al mundo pagando después la fianza con sufrimientos y persecuciones. En tanto en cuanto el don de sí es más desinteresado, más crueles son las persecuciones y duros los sufrimientos. Tal es la ley de la vida, es su axioma de base”.

Lucia, Olga y Bernadetta, tres mujeres libres seguidoras del ideal de Cristo, son testimonio claro de la trágica suerte que el bien radical sufre en este mundo.


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