miércoles, 12 de agosto de 2015

Urquiza, primer presidente constitucional. “Durante su gobierno se va a estructurar el andamiaje jurídico del país al constituirse el primer Congreso Nacional que ha de sancionar más de 300 leyes trascendentales en la vía de la organización jurídica. Por el historiador y escritor Carlos María Martínez.


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El historiador y escritor Carlos María Martínez resaltó en Gualeguaychú las condiciones de militar y político de Justo José de Urquiza, a 160 años de su jura como primer presidente constitucional de la Argentina.
Marcelo Lorenzo

La historia oficial parece haber resuelto pasar por alto que la Organización Nacional es obra de un entrerriano. Y esto acaso se deba a que Justo José de Urquiza asumió como primer presidente constitucional del país, en 1854, sin la anuencia de Buenos Aires.
El caudillo entrerriano había  desafiado antes el poder omnímodo del gobernador bonaerense, Juan Manual de Rosas, a quien acusaba de gobernar unitariamente el país (monopolizando la renta de la aduana porteña) y de retrasar la sanción de una Constitución Nacional.
Tras el triunfo de Caseros (3 de febrero 1852), se llevó a cabo el Acuerdo de San Nicolás (Santa Fe), donde representantes de treces provincias argentinas firmaron un pacto preconstitucional expresando la voluntad de construir un país federal.
Pero Buenos Aires no mandó representantes a ese cónclave, rompiendo lanzas con la Confederación Argentina, y haciendo caso omiso  a la consigna urquicista de “ni vencedores ni vencidos”.
Sin la participación bonaerense, y con el propósito de sentar las bases de la organización nacional de Argentina, en Santa Fe un congreso constituyente sancionó la Constitución en 1853.
De esta manera Urquiza, en representación de Entre Ríos, se transformó en el verdadero padre de la Organización Nacional bajo el sistema democrático, republicano y federal.
Luego de sancionada la Constitución, el congreso constituyente, a través de un escrutinio, proclamó primer presidente constitucional a Justo José de Urquiza, y a Salvador María del Carril, como vicepresidente.
Estos últimos, luego del juramento de rigor, tomaron posesión del cargo el 5 de marzo de 1854. Pero en el acto tampoco estuvo presente Buenos Aires, provincia que quedará desgajada del resto del país, y se enfrentará en lo sucesivo a la Confederación Argentina, que llegará a tener su capital en Paraná.
Al cumplirse 160 años de la asunción presidencial del vencedor de Caseros, el titular del Instituto Urquiza de Estudios Históricos, Carlos María Martínez, dio una charla en el Club Social Recreo de Gualeguaychú, el 10 de octubre pasado.
Franqueado por el miembro de la entidad local, Germán Duboscq, el disertante destacó los perfiles militar y político del caudillo entrerriano, ante un nutrido público reunido para la ocasión.
Martínez, que es miembro de la Academia Nacional de Historia y presidente del Instituto Histórico ‘Brigadier General Tomás de Iriarte’, tiene varios trabajos historiográficos  sobre la participación entrerriana en los eventos políticos y militares del Siglo XIX.
Ha escrito, por ejemplo: “Urquiza en el Uruguay -Los orientales en Caseros-”; “Juan Francisco Seguí en el Congreso Constituyente de 1853”; “Los lomonegros. El sisma del Partido Federal. 1832-1833”.

Militar y político

Martínez sostuvo que Urquiza demostró en varias batallas su condición de avezado militar, liderando la imbatible caballería entrerriana. Pero sus mayores virtudes bélicas las hizo visibles en su victoria sobre Rosas, en los campos de Caseros.
Luego de desactivar el frente oriental -al levantar el sitio que Manuel Oribe imponía a Montevideo- lideró el Ejercito Grande, con 28.000 hombres entre soldados y maestranzas (la mayoría argentinos, pero también miles de uruguayos y brasileños), y más de 50.000 caballos.
Tras reunir y adiestrar sus fuerzas en Gualeguaychú, el Ejército Grande se concentró en Diamante, puerto de Punta Gorda. Desde allí, las tropas fueron cruzando el Paraná el 23 de diciembre de 1852.
“Hombres y animales a nado cruzan un río de una milla de ancho y una profundidad que permitía el paso de vapores y buques de gran calado. A partir de allí, al llegar hasta cerca de Santos Lugares, y después  de varias escaramuzas llega la vanguardia de Urquiza hasta cerca de los campos de Caseros”, relató el disertante.
Y agregó: “Históricamente no existe en nuestro país, y creemos que en América, la presencia de 16 divisiones de caballería en el campo de batalla con un total de 14.000 hombres. Hace un tiempo les di una charla a los alumnos cadetes de cuarto año del Colegio Militar de la Nación sobre la Batalla de Caseros. Les dije entonces que cerraran los ojos por un momento y pensaran en esos 14.000 hombres a caballo ingresando en los campos de Caseros. Y lo impresionante que significaban esas 16 divisiones”.
Según Martínez, los éxitos militares de Urquiza no se entienden sin la caballería entrerriana. Esta última “por su excelente organización, por el cuidado de sus caballos, por el valor y la resistencia de las tropas con la rapidez de sus marchas  y maniobras con la impetuosidad incontenible y sus ataques a sable y a lanza, han pasado a la historia siendo la clave del éxito militar del general Urquiza”.
Además, “la fe ciega en el líder siempre al frente de sus hombres, querido y respetado hasta el temor, crea una mística que desbordaba el simple cumplimiento de una orden militar para convertirse en un mandato supremo”.
Urquiza y Rosas concentraron en los campos de Santos Lugares casi 47.000 soldados. La batalla duró 6 horas y se desarrolló en la estancia de la familia Caseros, situada en las afueras de la ciudad de Buenos Aires.
Lo llamativo de este enfrentamiento es que habiendo chocado ejércitos tan numerosos, las bajas fueron reducidas. “Caseros fue sin dudas una de las batallas menos cruenta de nuestra guerra civil”, explicó Martínez
Según su opinión, esto se debió al hecho de que “estratégica y políticamente el encuentro militar estaba terminado antes de llevarse a cabo. Ya estaba definido a favor de los aliados”.
“Rosas había llegado sin un plan concreto y no quiso escuchar las sugerencias y consejos de sus mejores hombres como Martiniano Chilavert”, precisó Martínez para quien “la campaña, el ejército y la Batalla de Caseros es el más considerable hecho de armas que puede honrar un general”.
Según el disertante, Caseros no se ha valorizado militar ni políticamente en nuestra historia.“Desconocer su trascendencia política es difícil de aceptar”, indicó al explicar que tras esta batalla se sustituyó un régimen autoritario “por un sistema democrático regulado por el derecho y la vigencia de las leyes”.
Y explicó: “Urquiza llega a Caseros no como suponían muchos hombres de Buenos Aires y la mayoría de los exiliados para derrocar a Rosas y constituirse en un continuador de sus políticas. Llega con un proyecto de país, que es la antítesis de lo que sostenía Buenos Aires. Quería una Confederación de pueblos que de distintas características conformaran una Nación en base a una Constitución”
Al hacer un balance de la actuación política de Urquiza, Martínez señaló: “Como político rescato fundamentalmente el renacimiento de la libertad y de los principios de la Revolución Mayo, por los que su espada fue en Caseros la luz libertadora”.
Los otros méritos son “el acuerdo de San Nicolás y el encolumnamiento por primera vez en la historia de los pueblos del interior tras el objetivo de la convocatoria a una asamblea constituyente. La Constitución de la que se le considera el padre, ya que bajo su inspiración fue dictada. A su decisión política y al poder de su ejército se le debe esa obra que será base de nuestra Organización Nacional. Esa es su gloria”.
Y agregó el historiador: “Durante su gobierno se va a estructurar el andamiaje jurídico del país al constituirse el primer Congreso Nacional que ha de sancionar más de 300 leyes trascendentales en la vía de la organización jurídica. La libertad de navegación posibilitando así el comercio entre todas las naciones. Su gobierno sentó las bases de una Nación aún inexistente que salió del letargo para poner en marcha los proyectos destinados a desarrollar su economía y restablecer los derechos individuales. Se ha dicho que la gloria de los hombres representativos la rubrica el sacrificio y la consagra la historia. Sin dudas Justo José de Urquiza está en nuestra historia por mérito propio y para siempre”.



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