lunes, 14 de septiembre de 2015

Cosas de la Salta de Antes. Por S.E. Cab D ANDRES MENDIETA OCSSPSIL. Periodista-historiador.




Salta poético vergel
Por su  clima tropical
En dar opas a granel.
                                                         
El autor de estos versos pertenece a Don Nicolás López Isasmendi, aquel poeta y humorista salteño nacido en 1873 que ejerció el periodismo fundando algunas publicaciones, encontrándose entre ellas: “Gente Menuda” y ¿Quo Vais?.

El “opa” – según el “Diccionario de Americanismo en Salta y Jujuy”, cuya autoría corresponde a los profesores María Fanny Osán de Pérez Sáez y Vicente J. Pérez:;  “son personas retardadas mental, idiota, especialmente el cretino atacado por el bocio. En tiempos ah (sin especificar que en la actualidad también los existen) se dividían en estas clases de especies: “opa-tonto”, “opa pícaro”, “opa solemne” y hasta “opopa”, testarudo, temático u “oparrón”.

En la entrega de hoy he de referirme a un hecho que se produzco en las primeras décadas del siglo XIX, precisamente en las proximidades de la fiesta del Milagro.

El protagonista principal fue un opa pícaro – semi sordo y semi mudo- conocido entre la feligresía “besa manteles” y quien se reclinaba frente a los santos haciéndose la señal de la cruz. Además, Buitrán como se identificaba, desde temprano limpiaba el templo, sacaba la basura y estaba pendiente de cualquier necesidad que requerían los curas como alcanzar la Biblia o encender los candelabros. La misa la seguía de hincado, con los brazos en cruz y balbuceando las oraciones.

En caso observar la presencia de perros dentro de la Matriz los corría a garrotazos o a patadas. Para el Jueves Santo vestía de apóstol para el lavado de los pies.

Para el Milagro llegaba mucha gente de afuera. Buenos y malos feligreses. Una vez sustrajeron alhajas que estaban depositadas, en acción de gracias, cerca del altar de la Virgen. Buitrán, de alguna manera sorprendió al clero, expresando que él era conocedor del hecho. Lo encerraron en el claustro para que identifique al autor del hecho. Promesas tras promesas. Hasta amenazas pero Butrián contestaba en su media lengua:

-“Ti... yo té”, mientras sonreía mostrando su cavernosa boca sin dientes.

            Se le ofrecía de todo: chancaca, caramelos y chupetines;  ropa; empanadillas; un anillo de oro...
            -“No... quero eso...”, mientras la presión de los interrogadores subía a 24 grados.

            -“¿Querés que te saquemos en procesión?. Si querés eso decinos quien robó las joyas de la Mamita Virgen”.

            -“No pagresito. ¡Pri-me-ro-la-pro-te-tión!”.

            Tremendo lío con el Cabildo Eclesiástico. ¿Qué diría la feligresía que era mucha?. Había que  solucionar este grave problema. Era la noche del 11 de setiembre y apagando las luces encendidas con aceite treparon a Buitrán en andas y lo pasearon alrededor de la plaza.

Quienes lo llevaron en los hombros eran cuatro mulatos vestidos  de penintentes llevando sendas antorchas en sus brazos y cantando cosas incoherentes.  Los trasnochados pensaron lo que estaban viendo era un rito satánico y huyeron del paseo dispuestos a confesarse al día siguiente.

Llegados al templo los sacerdotes le consultaron ¿quienes eran los delincuentes?. A lo que respondió Buitrán muy suelto de cuerpo:

            -“¡Los lagrones!

Este relato lo conocí cuando era muy chico y hasta se aseguraba que parte de esta tragicomedia se encontraban en los archivos de la Catedral. 


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