lunes, 22 de marzo de 2010

Caballeros de Loyola: Prevenir antes de que suceda y ordenar antes de la confusión. Por S.E. Cab Grl Br (R) Dr Don Heriberto Justo Auel. S.O.C.M.H.S.I.L.

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Bandera de la Hispanidad en las Américas, 
adoptada como símbolo de las Américas 
por la séptima conferencia internacional 
Americana de Montevideo 
el 13 de diciembre de 1933.

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CULTURA, CIVILIZACIÓN, CRISIS POLITICA
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Y EL ROL ACTUAL DE LA INTELIGENCIA ESTRATÉGICA
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S.E. Grl Br Heriberto Justo Auel OCSSPAIL – Presidente de IEEBA
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¿TIENE CUERNO NUESTRO CENTINELA?
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Prevenir antes de que suceda y ordenar antes de la confusión.
El árbol que casi no puede rodearse con los brazos, brotó de un germen minúsculo.
La torre de nueve pisos, comenzó por un montón de tierra.
El viaje de mil, empezó con un paso.
Aprende a no aprender,
regresa por el camino que los demás ya han recorrido,
y así, sin atreverse a obrar, favorece la evolución natural de todos los seres.
El sabio no es erudito y el erudito no es sabio.
El sabio no atesora y ofreciendo a los demás, se hace rico.
El camino del cielo beneficia y no perjudica.
La norma del sabio es obrar sin combatir.

TAO, escritura milenaria china, capítulo LXIV

1. Vivimos y somatizamos hoy, en Ibero América, la profundización de la histórica crisis de nuestra cultura y de nuestros “sistemas políticos”.

“Aprende a no aprender” (TAO).

Nuestra crisis cultural-política es histórica y tiene como manifestación visible, en la vertiginosa caída de la situación regional, la confusión dirigencial, la licuación institucional del estado, la ano-mia social y la ausencia de una Gran Política que se traduce en el caos, en la anarquía reinante y en la decadencia de las Repúblicas. (1)

El diccionario de la Real Academia Española define a la:

• Confusión: como “Perplejidad, desasosiego, turbación del ánimo”.
• Anarquía: como“Ausencia de poder público. Desconcierto. Incoherencia”.
• Decadencia: como “Declinación, menoscabo, principio de ruina”

Es nuestra intención demostrar en este breve trabajo, que la crisis estructural y centenaria que pade-cemos, encauzada como guerra civil tiene, entre otros, su lejano y profundo origen en la ociosa y perversa “confusión intelectual” que nos llevó a confrontar cultura con civilización.

Como lo señalara Dante Alighieri, “cuando existe confusión, se inicia la decadencia”.
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Evitaremos, en nuestro análisis, ingresar en la descripción de las consecuencias superficiales y os-tensibles de las crisis que somatizamos y evidencian el drama. Intentaremos, en cambio, bucear en sus orígenes, en sus causas profundas.
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Soslayaremos lo meramente operativo y accesorio. Nos esforzaremos en descubrir lo sustantivo, lo esencial y, a través de ello, explicarnos porqué no hay lugar en nuestro Estado Nacional, en esta situación, para la Inteligencia Estratégica cuando, desde nuestro punto de vista, es hoy de una nece-sidad e importancia muy superior a la de los tiempos pasados y en particular a la de los tiempos recientes. (2)

Es imposible encontrar la resolución de la progresiva decadencia desde la hermenéutica superficial del opinólogo. Si siguiéramos al fragmento TAO que encabeza este trabajo, “prevenir antes de que suceda y ordenar antes de la confusión”, cierta verdad sería alcanzable y esta es la del “sabio”, que “regresa por el camino que los demás ya han recorrido”, “pues el sabio no es erudito ni el erudito es sabio” y es sabio volver a las fuentes cristalinas del punto de origen, para recuperar el rumbo perdido por nuestros “eruditos”, de ayer y de hoy.

Cuando una sociedad y su cultura perciben la disfuncionalidad de las pseudo-instituciones estatales con las que debe accionar, surge la vivencia de la profundidad del caos anárquico en la que se des-envuelve.

En ese ambiente los pronósticos son nulos: hay incertidumbre. No hay libertad, pues no hay seguri-dad. No hay objetivos proyectados, consecuentemente no hay estrategias de mínima. En ese escena-rio la “Inteligencia Estratégica” es, obligadamente, la gran ausente. No es necesaria, es excedente pues no hay futuro previsto, no existe hipótesis supuesta a comprobar, no hay visión estratégica ni objetivos declarados a alcanzar. (2)
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Las dirigencias subculturizadas, por carencias morales, intelectuales e institucionales, conducen a sus pueblos de espaldas al futuro, carecen de identidad, ignoran su circunstancia internacional y, en consecuencia, giran a lo largo del tiempo sobre un punto muerto.
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Si la Gran Política está ausente, necesariamente también lo estará la Gran Estrategia. Entonces: ¿qué necesidad de Inteligencia Estratégica puede existir? No hay mañana. No hay proyección. Solo se vive la coyuntura, con improvisados e improvisación. De la utopía al mito y alcanzado el fracaso, el traslado de culpas “hacia los otros”, para de inmediato repetir el ciclo.

No olvidemos que “la inteligencia del Estado es la Gran Política” y, si esta última fue desalojada por una mera ideología, así como las instituciones lo fueron por adiposas e ineptas burocracias, no existe un mañana, un escenario a lograr, un destino comunitario y menos aun la necesidad de com-probar las bases hipotéticas del planeamiento de largo o mediano plazo, que lo harían posible e in-soslayable.

Cuando el Estado carece de “institucionalidad” y deja de ser el instrumento jurídico con el que la sociedad -su gobierno- avanza hacia sus objetivos, el desarrollo se hace imposible.
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Las “pseudo-instituciones burocratizadas” transforman al Estado en una entidad estructuralmente corrupta y en un lastre inútil, excedente. Estamos en presencia del caos anárquico.
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Si nada hay que prever, anticipar ni comprobar,

• ¿para qué fines tendríamos un costoso sub-sistema de Inteligencia Estratégica, subsidiario del sistema de planeamiento estratégico?,
• ¿acaso no estamos escuchando a menudo, en nuestro entorno, que no se sabe qué hacer con los Servicios de Inteligencia ni con las mismas Fuerzas Armadas?
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Si fuere necesario comprobar lo expresado, encontraríamos en las leyes que regulan la seguridad, la defensa y la inteligencia, la validación de esta afirmación. Son leyes abiertamente anti-institucionales, que impiden toda previsión y obligan a la “improvisación legal”. Son las leyes que, por sus consecuencias, día a día están llevando a nuestro Estado Nacional a la probable categoría de “Estado Fallido o Fracasado”. (2’)
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2. La ponencia de IEEBA en la “Segunda Semana Iberoamericana”, acerca de la “institu-cionalidad” del Estado Nación. (3)
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En el año 2002, se desarrolló en Madrid –España- la “Segunda Semana Iberoamericana”. Se nos solicitó una ponencia acerca de “La Institucionalidad de la Seguridad y Defensa en Ibero Améri-ca”. Encuadramos a nuestro tema en la siguiente situación:
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a) La Posguerra Fría
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Cuando en 1989/91 cesa la Guerra Fría (1) y comienza una posguerra diferente -breve- de tan solo diez años, caracterizada por la perplejidad de nuestros intelectuales, fueron muy pocos quienes entrevieron la naturaleza de los acontecimientos internacionales que advenían (2). Los vectores de inercia estaban impregnados de ideología, connaturales con la lógica bipolar que expiraba.


Razones para ello no faltaban. En los últimos cinco siglos habíamos computado diez guerras mun-diales, pero la que había comenzado en 1947 con la “Declaración Truman” -conocida con el pa-radójico nombre de Guerra Fría- (1), era la primera que se desarrollaba en ambiente QBN.


Fue una guerra mundial muy diferente y su sorpresiva posguerra también fue muy diferente (2). No era fácil digerir y asimilar la implosión soviética, particularmente para los simpatizantes del marxismo en sus distintas vertientes. El desequilibrio originado produjo parálisis política y confu-sión conceptual.


El Hemisferio Norte había transitado las diferentes etapas del “terror nuclear”, que concluyó con “cierta Paz”, la de la Mutua Destrucción Asegurada (MDA). La disuasión nuclear entre las “Re-públicas Imperiales” había funcionado con eficiencia.


En el Hemisferio Sur, por el contrario, no hubo disuasión, ni hubo Paz. Los países “no poseedo-res” de la bomba N, sintieron la presencia de los arsenales nucleares del Norte desarrollado a través de su consecuencia, la ampliación del espectro del conflicto que se desarrolló en el Hemis-ferio Sur como maniobra exterior, con una aproximación estratégica indirecta de los actores cen-trales Este-Oeste.


Las guerras muy limitadas o sublimitadas, desconocidas por nuestros Estados Mayores, arrasaron a las Instituciones de los Estados Nacionales débiles. La agresión del terrorismo revolucionario cabalgó antiguos conflictos sociales, sectarismos maniqueos y otras debilidades de endebles siste-mas políticos, transformadas sistemáticamente en vulnerabilidades fácilmente explotables a través de sordas guerras civiles, que fueron un anticipo prematuro de las que hoy llamamos “guerras asimétricas”. (3)
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Esa explotación de vulnerabilidades continuó, con mayor éxito, en la posguerra fría y produjo un efecto de transculturación demoledor. Los combates habían derrotado al terrorismo revoluciona-rio, pero la ausencia de dirección estratégica desde las Instituciones, trastocó el éxito en derrota. El Estado Nacional disfuncional, no dio batalla.
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La guerra civil hibernó y vuelve a mostrar, esporádicamente, su violencia en todo el continente, irradiando una alta percepción de ansiedad social de cara al futuro, en un ambiente de total incer-tidumbre estratégica. La resultante situacional actual, en la República. Argentina, es de anomia social, parálisis política y default económico-financiero, caldo de cultivo ideal para el desarrollo de los conflictos presentes en la realidad situacional Iberoamericana, pero ignorados por las diri-gencias ideologizadas y por los feudalizados Estados Nacionales, que continúan disfuncionales a nuestro tiempo y mucho más degradados que en las décadas pasadas, en la mayoría de los casos. (4)
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b) Ibero América ante la Nueva Guerra Mundial Antiterrorista.
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Gastón Bouthoul (6), indiscutido tratadista de la guerra, señaló con agudeza los siguientes aspec-tos, que es conveniente recordar:

“La guerra es, innegablemente, el más espectacular de los fenómenos sociales”...

“La guerra es la más notable de todas las formas de transición de la vida social, es una forma de transición acelerada”...

“Es por la guerra que han hecho su entrada casi todas las nuevas civilizaciones”.
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“Es por la guerra que se establecen o sancionan la supremacías que colocan, durante un tiempo más o menos largo, un cierto tipo de sociedad a la cabeza de la humanidad”... (Los subrayados son nuestros).

El “espectacular fenómeno social” de violencia que vive nuestro continente tiene su origen en los procesos de las necesarias “transiciones aceleradas”, desde la civilización de la Primera Ola a la Segunda o Tercera, aun dentro de un mismo país. Estas transiciones hacia la “civilización del co-nocimiento”, han carecido normalmente de una dirección política definida y de una planificación estratégica eficiente en Ibero América.

Los intelectuales “perplejos” y los líderes políticos ideologizados, no han sabido responder a las expectativas de los pueblos, que se sienten defraudados. Las marchas y contramarchas muestran a las claras la ausencia de una Gran Política y de una Gran Estrategia y la corrupción estructural es la comprobación fáctica de la quiebra cultural.

Huntington y Harrison (7) lo establecen en el título mismo de su reciente libro: “La Cultura es lo que Importa”, con un subtítulo complementario y esclarecedor: “La Cultura da Forma al Progre-so”. El progreso se inscribe en la civilización y ésta es conducida por quienes ganaron la última guerra mundial, la “guerra fría”, que “colocó a cierto tipo de sociedad a la cabeza de la humani-dad”.

Las dirigencias que confundieron los valores de nuestra cultura, la continuidad de una firme ética identificatoria; con la civilización, la modernidad y el progreso científico-tecnológico en constante cambio instrumental son, además, las que se resisten frente a las “supremacías” de las sociedades victoriosas en la guerra fría y que hoy “encabezan a la humanidad” desde una civilización que construye un mundo globalizado, cada vez más interdependiente. (8)

La fractura cultural nos ha acarreado la inmoralidad pública y privada, la licuación de las institu-ciones, la desconfianza y la incredulidad. Y la resistencia frente a la “supremacía” de las socieda-des victoriosas nos lleva a la ya citada anomia social, a la parálisis política, al retroceso económi-co y a la percepción de un futuro caos violento. (9)(10). Aparece aquí con fuerza la tesis de Ernest Nolte, cuando plantea la dimensión del conflicto transversal planetario (11).

La crisis Iberoamericana es de origen esencialmente cultural y político y su consecuencia es eco-nómica-financiera y gravemente conflictiva. (12)

c) Seguridad y Defensa en Ibero América
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• Un Conocimiento Escaso
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El desarrollo académico de los conceptos de Seguridad y Defensa en nuestro continente aun es incipiente. La Polemología, como rama de la Ciencia Política que trata de la guerra en general, estudiando sus formas, causas, efectos y funciones como fenómeno social, carece de entidad en la programación de las Facultades de Ciencias Sociales y en los Institutos Superiores de las Fuerzas Armadas. Aun persiste la idea, en amplios sectores dirigentes, de que la guerra es un “problema militar”, como en los tiempos en que existían los Ministerios de “Guerra y Marina”.

Con el conocimiento de la Estrategia, ocurre algo similar. Su enseñanza está orientada a la histo-ria o bien a lo meramente operacional. Uno de los logros más importantes de nuestro Instituto ha sido apoyar la reciente aprobación del Estado para establecer, en una Universidad privada, una Licenciatura de Estrategia Contemporánea. Iniciamos ahora la tarea para lograr la aprobación de sus postgrados, la Maestría y el Doctorado en Estrategia Contemporánea, a través de la enseñanza a distancia.

Volvamos a Bouthoul (6) para recordar el dramático llamado que hacía a los científicos sociales, hace más de treinta años. Tuvo eco en algunos países, pero aun no se lo escuchó en Ibero América

Decía el sociólogo francés: “... ¿por qué la guerra, que hace más víctimas ella sola que todas las calamidades juntas, no ha sugerido la creación, hasta el presente (1971), del más mínimo Instituto de Investigaciones?”

No debe extrañarnos, consecuentemente, que la Seguridad y la Defensa no estén en manos idóneas en nuestra Región o que la legislación de ésta área sea extemporánea e inepta (13). Hace unos meses, un conocido y subsidiado asesor legislativo de mi país, sostenía que “no debían planificarse los conflictos... para ¡poder evitarlos!”.
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• Un Concepto Ideológicamente Contaminado
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La “Seguridad Nacional”, que conceptualmente ya se trataba en la Universidad de Yale en 1790, que el Secretario de Marina Forestal empleó en el Congreso de los EE.UU. en 1945 y que se difun-dió desde 1947 a través del Acta Nacional de Seguridad (14), al ámbito de la comunidad académi-ca internacional, en Ibero América es una expresión contaminada por su vecindad fonética con la “doctrina de la seguridad nacional”, creación falaz - pero muy eficaz en relación con sus fines- del teólogo Comblin (15).
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Debido a éste condicionamiento ideológico, en la legislación argentina de los años ‘80 se utiliza la palabra “seguridad” sin consideración de su contenido universal y sin adjetivación alguna. Se la define, por ley, como una situación “de hecho”, sin distinción entre seguridad estratégica o seguri-dad pública.
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Las confusiones conceptuales y legislativas trajeron consecuencias gravísimas en la instituciona-lidad de la Seguridad y Defensa Nacionales y en la disfuncionalidad del Estado Nacional argenti-no. Pruebas de ello son los hechos siguientes:
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• desde su creación, nunca se reunió el Consejo de Defensa Nacional, a pesar de los graves acontecimientos ocurridos,
• no se reglamentaron las leyes pertinentes,
• el planeamiento estratégico militar ha estado imposibilitado legalmente en los últimos veinte años y
• el Presidente de la República y CJFFAA hace pocos meses afirmó, en público: “ignoro pa-ra que están las FFAA”.
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Dada la caracterización de los conflictos que enfrenta Ibero América, es indispensable abarcar con urgencia el concepto que la ciencia le otorga a la “seguridad nacional”, sin determinantes ideoló-gicos. Concientes de estas falacias, es frecuente repetir en discursos parlamentarios aquello de que “las cuestiones de seguridad, constituyen políticas de Estado”, pero en los hechos el Estado no está cumpliendo con sus roles centrales, en la mayor parte de la Región. La Seguridad y la Defensa carecen de Institucionalidad.
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• La Irresponsable e Inconsciente Inseguridad e Indefensión Regional.
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Ante la ambigüedad y diversidad interpretativa que hemos recogido en nuestro Instituto (13) acer-ca de la “seguridad nacional”, deseamos retener en éste trabajo el brindado por la “Enciclopedia Internacional de Ciencias Sociales” (1968):
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“La habilidad de una Nación para proteger sus valores internos de las amenazas externas”.
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Su amplitud permite abarcar la naturaleza de la crisis cultural-política que arrasa con los valores de nuestra cultura hispano-criolla-cristiana, conmoviendo las soberanías y corrompiendo a las sociedades y a las instituciones.
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La “protección” de esos “valores internos”, en mi país no existe y las “amenazas externas” han dejado de ser potenciales. Son hechos presentes en los frentes internos. Por esa razón las “gue-rras” de la posguerra fría y las actuales, en el marco de una nueva guerra mundial, en nuestro Hemisferio son internas y el teatro de operaciones es la sociedad misma, las bajas más numerosas no llevan uniformes y el número supera notablemente a los registros históricos. Profundizaremos estos aspectos en el próximo punto.
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Amerita un párrafo específico la ligazón que la “política nacional de seguridad” debe tener ac-tualmente con la “política de defensa nacional” (ver Anexo 1). La naturaleza de la presente agre-sión estratégica, en todos los frentes de la actividad pública, obliga a interrelacionar las políticas, las estrategias y los planes de la seguridad nacional y de la defensa nacional.
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Para ello hemos trabajado infructuosa y arduamente en los últimos diez años, proponiendo refor-mas estructurales a fin de lograr el “Estado Necesario”, en el pórtico del siglo XXI. (16)(17).
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Los procesos de integración regionales, las fuertes tendencias al continentalismo y la caracteriza-ción internacionalizada del agresor común, exigen la urgente revisión del Sistema de Seguridad Interamericano y en particular del Iberoamericano, absolutamente inoperantes o inexistentes. Hemos propuesto en ámbitos políticos y académicos la necesidad de acordar en la Región la Segu-ridad Colectiva y la Defensa Común, en oportunidad. (18) (19). Sin embargo, por las razones ya expuestas, estos temas no ingresan en las agendas de nuestros dirigentes políticos.
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3. La Institucionalidad de la Seguridad y la Defensa en Ibero América


a) La Institucionalidad y el Desarrollo Social

El desarrollo de los dos puntos precedentes ha apuntado a enmarcar al presente, que nos lleva inicialmente a precisar el concepto (como mapa de ideas) de lo que entendemos por institucionali-dad. La institucionalidad sustantiva tiene existencia, vigencia y vida, cuando la institución corres-pondiente es funcionalmente operativa, en éste caso en el ámbito de los sistemas de Seguridad y Defensa y de la estructura del Estado Nacional, en un tiempo y un espacio determinados y ante el riesgo estratégico retenido.

Si no cumple estas condiciones como “organización fundamental del Estado” (20), la institución se transforma en una burocracia administrativa, disfuncional y necesariamente corrompida.

La evolución cultural de un pueblo tiene tres ejes de desarrollo.
• El individual, primordialmente económico,
• El social, relacionado con la redistribución de los bienes y
• El institucional, promotor del desarrollo social de la comunidad.

Si la cultura está en crisis (de valores, principios y creencias), los ejes de desarrollo se paralizan. La Institucionalidad es disfuncional.

Estamos en presencia de culturas contractivas y débiles, no hay autoridad y debe ejercerse el po-der coactivo y la fuerza. Emerge así la potencial violencia en la relación política: la guerra civil, el más “incivil reino de la violencia y del terror, de la venganza y del fanatismo” (21).

En las culturas débiles se tiende a confundir Estado con Gobierno e Instituciones con personas.
Genéricamente podemos establecer tres tipos de Estado e Instituciones:
• El hobbesiano, en el que predomina la seguridad,
• El fundamentalista, en el que tiene preeminencia la religión y
• El civil, de carácter secular.

Asimismo son observables etapas diferenciadas en la construcción y vigencia institucional:
• Cuando se organiza el espacio físico, el predominio es militar;
• cuando se está consolidando la cultura -sus valores éticos- el predominio es religioso y
• cuando se ha alcanzado la identidad cultural y la estabilidad institucional, controlando sus conflictos, el predominio es civil.

Todos estos elementos conviven en el Estado Institucional, pero toman valoraciones diferenciadas en el tiempo, según las circunstancias. Los grandes cambios situacionales provocan cambios en las relaciones de poder internas. Estamos presenciando una evolución acelerada de la civilización y ello tiene repercusiones significativas sobre las identidades debilitadas y las instituciones malver-sadas, con dirigencias transculturizadas que se resisten a los cambios cualitativos de la civiliza-ción.

Los conflictos que se derivan de las “transiciones aceleradas de la vida social” (6), toman encami-namientos distintos, según el estadio cultural de las comunidades:
• Aquellas que tienden a la libertad, se vuelcan a la seguridad cuando perciben incertidum-bre;
• Las que tienden a la seguridad, se vuelcan a la libertad cuando la seguridad trae una de-pendencia insoportable y
Las anárquicas, pierden la libertad y la seguridad, en una constante escalada de conflic-tos.

Es en éste último encaminamiento en el que debemos detenernos los iberoamericanos, para encon-trar la salida del laberinto conflictivo que nos inmoviliza. No habrá salida de él, si no se ataca la raíz de la crisis: si no recuperamos la ética, la identidad y la institucionalidad.

Esta es la vía para lograr la Paz, la Seguridad y la Defensa, como soporte institucional del desa-rrollo social, político y económico. Hasta el momento, estamos orientados hacia las urgencias, sobre las consecuencias dramáticas de la crisis. Hay quienes quieren resolverlas desde la econo-mía y las finanzas y otros, los nuevos revolucionarios, por las armas, ignorando las circunstancias internacionales de la posguerra fría y la naturaleza de la guerra mundial en acto.

(1) Anzaldi P. “El Concepto de Guerra Fría”. Jul 03. http://www.ieeba.com.ar/
(2) Auel H. J. “El Nuevo Ordenamiento Internacional Posterior a la Intervención de EE.UU. y sus Aliados en Irak”. May 03. http://www.ieeba.com.ar/
(3) Auel H. J. “La Argentina en sus Posguerras”. Jun 99. Ed. EUDEBA.
(4) Auel H. J. “¿Hubo no Hubo una Guerra? Ago 03. http://www.ieeba.com.ar/
(5) Auel H. J. “La Seguridad Estratégica en la Región en el Nuevo Escenario Internacional”. Ene 02. http://www.ieeba.com.ar/
(6) Bouthoul G. “La Guerra”. 1971. Ed. Oikos-tau S. A. Barcelona.
(7) Huntington S. P. Y Harrison L. E. “La Cultura es lo que Importa”. 2001. Ed. Planeta. Bs. As.
(8) Auel H. J. “La Ética, la Política y el Estado”. Ene 99. http://www.ieeba.com.ar/
(9) Auel H. J. “El Pensamiento Nacional en la Era de la Globalización”. Jun 00. http://www.ieeba.com.ar/
(10) Auel H. J. “Cultura, Civilización y Crisis Política”. Dic 01. http://www.ieeba.com.ar/
(11) Anzaldi P. “El Fascismo como Revolución”. Abr 03. http://www.ieeba.com.ar/
(12) Auel H. J. “La Cultura, la Civilización y la Guerra”. Abr 03. http://www.ieeba.com.ar/
(13) Auel H. J. “Política de Defensa o Estado de Indefensión Legal”. Jun 01-Ene 02. http://www.ieeba.com.ar/
(14) De Vergara E. “El Informe sobre la Estrategia Nacional de Seguridad de los EE.UU.”. Feb 03. http://www.ieeba.com.ar/
(15) Auel H. J. “¿Hubo o no Hubo una Guerra?”. Jul 03. www.ieeba.com.ar
(16) Auel H. J. “Fundamentos Estratégicos de la Reforma Estructural de la Defensa Nacional y Regional al Ingresar al Siglo XXI”. Mar 03. http://www.ieeba.com.ar/
(17) Auel H. J. y Runza R. “Después del Default: Un Nuevo Modelo para la Defensa Argentina”. Abr 03. http://www.ieeba.com.ar/
(18) IEEBA. Tercer Encuentro de Estudios Estratégicos. “Revisión del Sistema de Seguridad Inter-americano”. Oct 00. http://www.ieeba.com.ar/
(19) IEEBA. REDES 2002. Brasilia. “Las Políticas de Defensa en el Proceso de Integración Conti-nental”.Ago 02. http://www.ieeba.com.ar/
(20) Diccionario Enciclopédico Salvat. T. VIII. 1957. Ed. Orinoco. Venezuela.
(21) Diccionario Militar. T. III. 1963. Ed. Bibliográfica Omeba. Bs. As.
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4) El Estadio Cultural como Condicionante de la Gran Política.
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Hemos transcripto estos conceptos expuestos en Madrid en el año 2002 -que retienen hoy total vigencia- en los que señalábamos la carencia de institucionalidad de la seguridad y de la defensa en la mayor parte de los países iberoamericanos. En el 2006, la situación se ha agravado y en la Rca. Argentina el Sistema de Inteligencia Estratégica, legalmente inmovilizado desde los ‘80, está en proceso de total licuación, ha perdido la mayor parte de su capital social y, además, esta regulado por una reciente legislación que lo inviabiliza.
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En los días que corren, la situación que vive Francia nos sirve como caso testigo que explica y legitima lo que deseamos demostrar. La estratifificación del “Estado de Bienestar”, fruto de una cultura debilitada, ante los desafíos de la globalización planetaria en la posguerra fría y los riesgos estratégicos provenientes del “bajo vientre euro-asiático”, la obligan a tomar decisiones estratégicas, pero se encuentra inhabilitada para ello. Es un actor “paralizado, conflictivo y evasivo”.
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Como ya señalaramos, el encaminamiento que han tomado muchas de las comunidades regionales iberoamericanas, “según su estadio cultural”, es el de la anarquía, porque han perdido su liber-tad y su seguridad, en una constante escalada de conflictos. La excepción chilena hace más evidente al fenómeno.
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Esta es la situación en la que evolucionamos en los años 2000, con aparente inconciencia irrespon-sable en las dirigencias de la mayoría de los países de la región.
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La necesaria resolución del caos-anárquico nos lleva inexorablemente a dos opciones: (4)
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 a la disgregación política, o
 a la superación de las crisis.
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Ésta última opción exige:
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 un insoslayable retorno a las fuentes culturales, la recuperación de la identidad virtuosa,
 la firme determinación del escenario a lograr en el largo plazo y
 la adaptación al medio circunstancial, para “favorecer la evolución natural de todos los se-res” (TAO).
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La disgregación política, es la muerte de la Nación. La superación de esa situación, por evolución, presenta diversas alternativas posibles. Analicemos la etiología del caso argentino y validemos con él, lo expresado más arriba.
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La historia de la formación del “espacio argentino” y la de las “corrientes imperiales” actoras en los siglos XVII, XVIII, XIX y XX, han tenido una influencia decisiva en el desarrollo del singular fenómeno socio-político que nos ocupa. Abarcarlo en su integralidad como complejo proceso geo-político, nos permitirá encontrar la punta del ovillo para lograr la salida de la larga noche argentina y regional. Veamos si logramos enunciar una, de las varias vías de ingreso a dicho análisis.
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Cultura es:

1. “El conjunto de valores que permiten a alguien desarrollar un juicio crítico, y
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2. Es el conjunto de manifestaciones y creencias en que se expresa la vida tradicional de un pueblo”.
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Civilización es:
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1. “el estadio cultural alcanzado por las sociedades humanas más avanzadas, a través del ni-vel de su ciencia, artes, ideas y costumbres”.
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Confundir estos dos conceptos, nos ha llevado al conflicto socio-político, aun subsistente. Se ha confundido lo axial-esencial, que se expresa en una identidad, en un ser cultural permanente, con una situación momentánea, hija del progreso dinámico y cambiante de la civilización en curso.
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Al hacerlo, se debilitaron los principios, perdiéndose la credibilidad política interna y externa y, desde la condigna debilidad ética, no hubo y no hay fuerza ni audacia para encarar al “tabú”, al futuro más o menos incierto donde está, inexorablemente, nuestro destino político.
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Nos hemos negado el progreso por carencia de anclaje, del punto de apoyo de nuestra pertenencia cultural. No hemos concientizado que el avance hacia el futuro se logra por el llamado de un “su-gestivo proyecto de vida” en común, de modo que el largo plazo oriente al mediano y éste a la co-yuntura.
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Al darle espaldas al futuro, por debilidad cultural, hemos quedado fijados en un pasado conflictivo.
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Salvo en breves y aislados períodos de nuestra historia, desde los albores de Mayo y hasta hoy, hemos vivido en la constante crisis del “Sistema Político” y en la sectarización emotiva y ciega de las facciones.
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Morenistas y saavedristas, unitarios y federales, chupandinos y pandilleros, roquistas y mitristas y así podríamos seguir, enumerando las antinomias maniqueas y excluyentes que llegan hasta nues-tros días. Esta impronta cultural-socio-política fue interpretada por el visceral y temperamental Sarmiento con su célebre expresión “Civilización y Barbarie”. Se homologaba a la “barbarie” con nuestra “cultura” de origen y se planteaba su reemplazo por la opción de moda, la “civilización” de esa etapa histórica. Se omitía que “la cultura es la que da forma al progreso”, es decir a la civi-lización.
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Aquella sentencia del “Facundo” enuncia una hermenéutica centenaria en la historia socio-política argentina y su consecuencia inexorable fue, -al hacerse inútilmente confrontativos dos conceptos diversos, pero paralelos y complementarios-, la violencia política, la guerra civil sin resolución po-sible y en evolución constante, hasta que llegue el momento en que se la ataque en sus causas pro-fundas, no a sus efectos. Ese momento no ha llegado ni existen indicios de que llegue en lo inme-diato.
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Erróneamente, se cree que la historia argentina comenzó el 25 de mayo de 1810. No es así.

La formación de los “valores centrales” de nuestra identidad, de la “vida tradicional” de los ar-gentinos y hasta del propio patronímico, comenzó su desarrollo en los siglos XVII y XVIII. Estos son los siglos fundacionales, que debemos estudiar en su “ola profunda” si queremos apoyarnos en la “roca madre” y olvidar los problemas de hoy. Paradójicamente, esos siglos son los tiempos me-nos estudiados en nuestras aulas. Son ignorados.
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En esos años fundacionales se gesta el cimiento de la “cultura sustantiva” de nuestra Patria: la cultura hispano-criolla-cristiana, que nos identifica. Es sólida y expansiva.

Tiene su origen en la estructura de poder que ocupó y desarrolló Pizarro, al apoderarse del trono del Inca en Perú y que se extendió hacia el Sur, hacia el Alto Perú, con la expansión económica soste-nida por la minería y la industria artesanal, teniendo al Potosí como nexo hacia el lejano Cuyo.
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Desde el Océano Pacífico, desde Lima y el Potosí, desde la profundidad del país minero-industrial, proviene nuestro origen cultural y nuestro patronímico: Argentina.
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El Sol del Inca, estampado por el Grl Belgrano en la bandera nacional, aun lo recuerda. Pero pocos argentinos “civilizados” tienen conciencia de ello. Aquél poder y su prosperidad económica-fisiocrática se extendió hasta Córdoba del Tucumán, proyectándose hacia la “vaquería del mar” en el Atlántico, a través de un profundo desierto anaecuménico.
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Era el “sistema cultural tucumanés”, con todo el esplendor de su fortaleza expansiva y generosa, sostenida por la Cruz y la Espada españolas, desde 1550. El giro y la fractura histórica e innovadora, clave para entender la etiología de nuestras crisis, tiene su comienzo con la creación -por parte de Carlos III- del Virreinato del Río de la Plata, en 1776. (5)
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En los siguientes cuarenta años de su fundación, Buenos Aires consolidará su posición de centro “cosmopolita, comercial y guerrero”. Pero lo hará de espaldas a su núcleo de tradición original. De espaldas al “Gran Tucumán” y de frente al Océano Atlántico, mirando a la Europa convulsionada.
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Buenos Aires se negará a reconocer en los hechos y sistemáticamente, los doscientos cincuenta años de vida cultural preexistentes a Mayo. Rescató su escudo fundador hace muy poco tiempo. Izó su símbolo, casi desconocido, en la Plaza de la República. Pero como todo aquello que no se concien-tiza, se ignora en su simbología.
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Desde la última reforma constitucional, esta situación se agravó. Buenos Aires ha dejado de ser la Ciudad de la Nación toda o la Capital Federal de los argentinos, para ser Ciudad Autónoma. Ha vuelto a pertenecer a quienes la habitan, de espaldas a la Nación –al “interior”- y su reciente “có-digo de convivencia” es una demostración de “contracultura”, como lo es la Secretaría de Cultura de su Jefatura de Gobierno. Por ello siempre decimos que esta es la ciudad más civilizada del país y la más inculta.
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Por el Río de la Plata ingresará a fines del S. XVIII la Civilización, con “la fronda ideológica” revolucionaria francesa y el “impulso mercantilista” luso-británico. Se conforman así posiciones socio-políticas que dan forma a una ciega confrontación de ideales e intereses. La ausencia de un “sistema político” consolidado las llevará a un permanente conflicto sangriento: a la guerra civil.
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El peso específico de las representaciones diplomáticas en Río de Janeiro y en Buenos Aires, ante la debilidad del sistema de poder porteño, operó intensamente a través de sus agencias de inteligencia que penetraron el débil entramado social de la ciudad-puerto, “cosmopolita, comercial y guerrera”.
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Ya en la Primera Junta de Gobierno chocan visiones opuestas. En la Junta Grande se agravan y la sangre riega al surco de la guerra civil, que pone en riesgo a la pretendida independencia. Al Presi-dente del “Primer Gobierno Patrio” sus propios vocales lo sentencian a la “decapitación”, después de “Desastre de Huaqui” que ellos indirectamente provocaran.
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No se toma a la “modernidad pasajera” como instrumento o medio necesario para el impulso del desarrollo económico, sobre el cimiento de una cultura existente, fundacional e identificatoria, sino que se la adopta como modelo cultural alternativo, de reemplazo. Y ello es inviable. Se confunde la naturaleza de las cosas. El único gran estratega de la Revolución de Mayo, el Brig Grl San Martín, se lo señalaba descarnadamente al Directorio: “O sois lo que debéis ser, o no seréis nada”.
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Se inicia, en pleno proceso independentista una desgraciada pugna que perdura en el tiempo como un conflicto complejo, abstracto, extendido e ignorado y por lo tanto, no resuelto.
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La “continuidad de la idea de pertenencia”, la cultura, con variado y progresivo éxito fue despla-zada por el dinámico y circunstancial “cambio instrumental”. En las últimas décadas, la civiliza-ción posmoderna ha desembarcado en los grandes centros urbanos, masivamente difundida por los nuevos medios de comunicación, con fines netamente comerciales, consumistas y electoralistas.
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Se acelera así, en las últimas décadas, nuestra antigua crisis cultural-política. El heredado “sistema social”, custodio de nuestras tradiciones, ha sido incapaz de renovar al débil y remanente “sistema político”, artificial y disfuncional, como resultado de las confrontaciones absurdas. Por ello es que se agravan las probabilidades del regreso a la violencia del combate de una guerra civil hibernada. La Argentina “culturalmente débil”, se hace “contractiva”.
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Si aceptamos que en el “sistema social” subyace nuestra “cultura identificatoria” y que esta no logró consagrar desde su nacimiento un “sistema político” propio, coherente con sus valores, tene-mos allí el engendro de una “guerra civil constante”, con combates que toman formas diversas a lo largo del tiempo, entre quienes se perciben actualmente “civilizados o progresistas” y los hombres “cultos, tradicionales o conservadores”. Es la lucha entre el “bien-estar” de la sociedad laica-civilizada y el “bien-vivir” de quienes creen “ser identificados” por una cultura heredada y en su trascendencia.
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S.S. Benedicto XVI, el día 30 de marzo de 2006, dirigiéndose a un grupo parlamentario de la “Eu-ropa tolerante” que lo visitaba en la “Sala de Bendiciones” del Vaticano les señaló, respecto a la “dignidad de las personas”, más allá de su credo religioso o de la carencia de él:
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Estos principios no son verdades de fe, aun cuando también reciben luz y confirmación de la fe; se inscriben en la naturaleza humana misma y, en consecuencia, son comunes a toda la humanidad. La acción de la Iglesia al promoverlos no es entonces confesional, sino que está dirigida a todas las personas, prescindiendo de cualquier afiliación religiosa que éstas puedan tener. Por el contra-rio, tal acción es en su totalidad la más necesaria cuando alguno de estos principios son negados o mal comprendidos, porque esto último constituye una ofensa contra la verdad de la persona huma-na y una herida grave infligida a la justicia misma”.
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Sin un “sistema político” funcional a lo que somos y al tiempo en que vivimos, no habrá “Paz ni Justicia”. Si el “sistema político”, como mecanismo de acuerdos sociales de un pueblo libre y di-verso no existe, hay crisis política, crisis de convivencia, despolitización, ideologización y guerra civil. La “dignidad de las personas” cede ante el miedo. Hay “indignidad dirigencial”.
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El “sistema político” es emergente de la cultura, insita en el “sistema social”. Un pueblo transcul-turizado, carece de ética política. Es corrupto y no creíble. Carece de la confianza de propios y ex-traños. No tiene ningún crédito. Nadie confía en q“no es”.
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El “sistema económico” se inviabiliza por ausencia del soporte político. En un país naturalmente rico, se vive del empréstito, hay hambre y desocupación. La antigua cultura expansiva, generosa y moralmente sana, fue reemplazada por la civilización de moda, que nos hace egoístas, contractivos, pedigüeños e irresponsables.
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La educación fue reemplazada por la mera instrucción. La prudencia por la trasgresión. El caballero por el patán. La belleza por la torpeza. El orden por el caos. La generosidad por el egoísmo. La ale-gría de un pueblo joven, por el rictus del odio. La dignidad del trabajo por la vergüenza del mendi-cante. El honor y el valor, por la hipocresía y la cobardía.
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En síntesis: el estadio cultural es el soporte del sistema político. La carencia de futuro, lleva permanentemente al pasado. El drama que acompaña a estas decadencias es la de una gue-rra civil hibernada que asoma cíclicamente sus combates, con nuevas formas. No en vano la Política y la Estrategia evolucionan con la civilización, sobre el cimiento de las culturas. Cuando este soporte permanente es reemplazado, estamos en presencia de las “guerras de la tercera especie”, que prosperan en el caldo de cultivo social-anárquico provocado por la ausencia del “sistema político” y de su correspondiente Estado Institucional. Política y Guerra se unifican.
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5. La “Guerra Civil Iberoamericana” en el Siglo XXI. (6)

Kalevy Holsti ha señalado con todo acierto que en la posguerra fría no había que constatar las “re-laciones interestatales, sino el estado del Estado”, si queríamos conocer la situación internacional (7). Con referencia a ello, ya señalamos nuestro rumbo al probable “estado fallido” y sus causas “legales”.
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Nuestros “pensadores cosmopolitas” homologaron Cultura con Civilización. Intentaron reemplazar lo sustantivo con lo operacional. Confundieron los valores espirituales y los principios con los ins-trumentos, con los medios proporcionados por la ciencia y las tecnologías. Obstinadamente se opu-sieron a los valores centrales, propios de la continuidad (la Cultura), para imponer hasta con violen-cia el cambio instrumental (la Civilización) sin entender que ambos debían evolucionar en sinergia y no en oposición.
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La validación de esta afirmación se descubre en los grandes centros urbanos que ostentan el “mayor nivel de civilización” y son los que demuestran el “menor nivel de identidad”. Allí tienen éxito electoral quienes atacan a los valores y los reemplazan por “las modas”, por la modernidad “light” en constante evolución, en la creencia que la civilización puede homologarse con la cultura.
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Prevalece la desinformación mediática y la ideologización, que explota a la superficialidad cívica y educativa de una sociedad sincrética, sin identidad. Pedir hoy a un joven “porteño” que baile un tango, entone una zamba o explique quien fue Carlos Tejedor o el Chacho Peñaloza, es requerirle un milagro imposible.
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La imposición por la fuerza desde Buenos Aires, de la “Civilización” sobre la “Barbarie”, fue el germen de las sangrientas guerras civiles -(mal llamadas “guerras de la organización”, pues conti-nuaron después de la Constitución)- en el siglo XIX y la clave para analizar su continuidad en los siglos XX y XXI, con los golpes de estado cívico-militares y últimamente, los exclusivamente cívi-cos.
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La “democracia bárbara”, sostenida por sus valores fundacionales cultos e incivilizados, frente a la “democracia de las luces”, inspirada en la “modernidad civilizada e inculta”, se traducirá más tarde con reduccionismos y simplezas en “libros o alpargatas”, cuando debió expresarse como “libros a las alpargatas”. En reemplazo del conflicto de oposición y exclusión, la generosa sinergia de la unión inclusiva. Lo inteligente era poner el libro en manos de la alpargata simbólica y caminar muy juntos, hacia un determinado destino comunitario. Ello exige tener una Gran Política y una Gran Estrategia. Ambas estuvieron y están ausentes.
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Ilustremos estas ideas con algunos ejemplos históricos que, por sus características paradigmáticas, adquieren hoy relevante trascendencia para entender el crucial momento que vivimos:
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• En el año 1826 se dicta una Constitución, a posteriori de los sangrientos combates del año anterior. En su artículo 6º trataba la suspensión de los derechos al voto de “los menores de edad”, de los “analfabetos”, de “los criados a sueldo y de los peones jornaleros y solda-dos de línea”.
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• Ante esta situación, el Cnl. Dorrego expresó en la Legislatura de Buenos Aires:
“He aquí la aristocracia del dinero....Échese la vista sobre nuestro país pobre: véase que proporción hay entre domésticos, asalariados y jornaleros y las demás clases y se advertirá quienes van a tomar parte en las elecciones. Excluyéndose las clases que se expresan en el artículo, es una pequeñísima parte del país, que tal vez no exceda de la vigésima parte... ¿Es posible esto en un país republicano?”.
Esta forma de pensar le costará la vida, meses después, siendo Gobernador legal y legíti-mo.
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• En diciembre de 1829, asumió su primer mandato un estanciero del Sur de la Pcia. de Bue-nos Aires, un “gaucho rústico y montaraz”, que fue llamado para “restaurar el Estado” al borde de la disolución y anarquizado por la acción de “los hombres de las luces”. Éste “caballero español”, de prestigio y autoridad personal, venía desde el ambiente de la cultu-ra originaria y desde “la estancia”, desde el “sistema económico”, para recomponer al “sistema político”, desquiciado por “la civilización inculta”.
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En plena euforia de su ascenso al gobierno, le dijo a Santiago Vázquez, agente del Estado Oriental, que lo felicitaba por asumir el poder:
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“Aquí me tiene, señor Vázquez, en el puesto del que me he creído más distante. Nunca creí que llegase a éste caso, ni lo deseaba, porque no soy para ello...Yo he tenido mi sistema particular: conozco y respeto mucho los talentos de muchos de los señores que han gober-nado este país...pero a mi parecer todos cometían un error grande: se conducían muy bien con las clases ilustradas, pero despreciaban al hombre de la clase baja. Yo comprendí esto y me pareció que los lances de la revolución...habían de dar lugar a que esa clase se so-brepusiese y causare los mayores males....Me fue preciso hacerme gaucho como ellos, hablar como ellos y hacer cuanto ellos hacían, protegerlos, hacerme su apoderado, cuidar sus intereses, en fin, no ahorrar trabajos ni medios para adquirir más su concepto....Creen que soy federal; no señor, no soy de partido alguno, sino de la Patria.... En fin: todo lo que yo quiero es evitar males y reestablecer las instituciones, pero siento que me hayan traído a éste puesto, porque no soy para gobernar”.
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• En el año 1835 es elegido nuevamente por la Legislatura, con la suma del poder público, plebiscito mediante, ante el torrente de sangre derramada por doquier. La “civilización” porteña, financiada por abundantes francos y libras giradas desde Montevideo, hería a la cultura “Tucumanesa”, representada por Facundo en Barranca Yaco, el 16 de enero de ese año. El estanciero de Los Cerrillos y Jefe de los Colorados del Monte, asume su segundo mandato el 13 de abril de 1835. A la una de la tarde juró, acompañado de los Generales Pi-nedo y Mansilla, rodeado de una inmensa multitud.
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Ese día nadie faltó en la plaza. Dijo:
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“Habitantes todos de la ciudad y campaña: la Divina Providencia nos ha puesto en esta te-rrible situación para probar nuestra virtud y constancia. Resolvámonos, pues, a combatir con denuedo a esos malvados que han puesto en confusión nuestra tierra; persigamos de muerte al impío, al sacrílego, al ladrón, al homicida, y sobre todo al pérfido traidor que tenga la osadía de burlarse de nuestra buena fe. Que de esta raza de monstruos no quede uno entre nosotros, que su persecución sea tan tenaz y vigorosa que sirva de terror y es-panto a los demás que pueden venir en adelante...No os arredre ninguna clase de peligros, ni el temor de errar en los medios que adoptemos para perseguirlos...La causa que vamos a sostener es la de la Religión, de la Justicia, de la Humanidad y del Orden Público, es la causa recomendada por el Todopoderoso”.
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En la Religión, la Justicia y el Orden Público, estaba la Cultura Fundadora, la ética política de raíz Augsburgo frente a una Civilización Revolucionaria y Mercantilista, el “progreso” que pretendía su reemplazo: el reemplazo de la identidad y de su consecuente ética política. Obsérvese el tenor de las expresiones, propias de un ambiente de plena guerra civil donde asoma en cada párrafo el odio social existente y donde se demuestra la ausencia del “sistema político”, cuando el embrionario Estado Nación aun no había sido “constituido”.
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Luego vendrán los combates del Gamonal, Cepeda, Pavón, Potrero de Vences, Pozo de Vargas, San Ignacio y Olta, por citar algunos...hitos. En el 80’, Roca “positiviza” el poder y organiza el Estado Nación Argentino, “ocupa” y federaliza Buenos Aires y su aduana, moderniza el “sistema econó-mico”, pero mantiene estratificado el “sistema político”. La representación sigue limitada, en tiem-pos de expansión social y económica. No había una redistribución equitativa de la renta y emergía la “clase media” para reclamarla.
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El embrionario“sistema político” estalla en el ’90 con la Revolución del Parque. Es el primer golpe de estado del Siglo XX. Es la continuación de la guerra civil, con otras formalidades. Tardíamente, luego del primer centenario, en la presidencia de Roque Sáenz Peña, se moderniza y amplía la parti-cipación y la representación. Ya es tarde.
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Se inicia entonces un “proceso cuestionador sin propuestas”, sin recuperar la identidad, la cultura. Dicho proceso llega hasta nuestros días. De los combates campales pasamos a los golpes de estado, sin resolver el “viejo conflicto abstracto”. A partir de los años ’60 este será cabalgado por la guerra fría. La guerra civil se hizo “revolucionaria”. Los odios sociales se explotan y acrecientan y están aun presentes en las preliminares de las futuras batallas de las “guerras de la tercera especie en los 2000.

6. Los Conceptos Funcionales y las Falacias. (2)
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Volvamos nuevamente a nuestra ponencia en Madrid, en el 2002: (3)
.b) Las Falacias, como Conducta de las Culturas Contractivas.
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El Dr. Pedro Belohlavek ha descubierto la estructura de los conceptos. A través de esta tecnología ha presentado una “Introducción al Conocimientos de las Falacias” (31) que nos permite bucear con mayor profundidad en las causas de nuestra decadencia. Dice este investigador eslovaco-argentino que:
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“las falacias son estructuras de pensamiento-acción que ratifican creencias, a partir de interpre-tar a la realidad a través de la apariencia de los hechos, enmarcados dentro de un contexto de ideas hipotéticas, que a su vez sostienen a estas creencias”.
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He insistido a lo largo de éste trabajo, que las posguerras han producido entre nosotros un efecto de significativa transculturación que, por otra parte, son comunes a todas las posguerras. Ello ha producido un debilitamiento ético en el campo de la Política, desplazada por la embestida de las ideologías fracasadas. Escala así negativamente la cultura contractiva, cuya característica central es evitar la responsabilidad de las situaciones que promueve, “desarrollando soluciones aparentes, que siempre resultan disfuncionales”.
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Las falacias, siguiendo siempre a Belohlavek, “no son errores de razonamiento”, sino “conductas que necesitan legitimar las apariencias, para asegurar su supervivencia”.
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En la incertidumbre estratégica iberoamericana, “la difusión de las falacias se transforma en una conducta social normal”. En el largo plazo, estas resultan autodestructivas, pero en el corto “cons-tituyen sofismas y fantasías”, con apariencia de realidades fácilmente “vendibles”.
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Allí está la razón de la percepción generalizada de defraudación, de nuestros pueblos en manos de demagogos populistas. Dirigentes ignorantes, inescrupulosos y audaces, con preconceptos y pre-juicios ajenos a las realidades condicionantes, llevan a sus seguidores inevitablemente a la violen-cia social. El único recurso para soslayar esta espiral suicida es la contrastación de las falacias con la realidad. Pero en una sociedad de sobrevivientes, la independencia de juicio necesaria para que ello ocurra, es casi imposible.
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Las consecuencias del imperio de las falacias en la vida política nos han llevado a la inacción, a iniciativas sin ningún sentido funcional, a la marginalidad y al accionar voluntarista autodestructi-vo, sin resultados de valor agregado social y sin el resguardo de la Institucionalidad de la Seguri-dad y de la Defensa.
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Por todo ello, he señalado que el riesgo estratégico central de Ibero América es el de la “sobrevi-vencia del Estado Nación, la sobrevivencia de las Instituciones”.
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En Conclusión:
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a. El escenario estratégico internacional emergente de la posguerra fría y de la gue-rra mundial “antiterrorista” en curso, constituyen fuertes condicionantes y en al-gunos casos determinantes de la indiscutible Inseguridad e Indefensión en gran parte de Ibero América.
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b. La Polemología y la Estrategia son conocimientos escasos en la Región. Los des-conceptos y anticonceptos nos han llevado a una legislación anticuada, antifuncio-nal, falaz y perversa, que impide la “Institucionalidad de la Seguridad y Defensa” correspondiente a las exigencias cualitativas de los conflictos presentes.
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c. Las guerras que hemos vivido en el último medio siglo son negadas como tales o no han sido asimiladas por las culturas contractivas. Las guerras que nos presenta el Siglo XXI no son percibidas por dirigencias prejuiciosas y falaces. Por esa ra-zón carecen de previsiones. La parálisis Política y Estratégica es generalizada. La sobrevivencia del Estado Nacional y de sus Instituciones, constituyen el principal riesgo estratégico de Ibero América, dada la naturaleza y modalidad operativa de la agresión presente.
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d. En conclusión: la Institucionalidad de la Seguridad y la Defensa en Ibero América o no existe o está en severo riesgo.
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(31) Belohlavek P. “The Unicist Logic and the Conceptual Structure of Fallacies”. Jul 03. White Paper.

Interrelación entre Cultura e Inteligencia Estratégica.
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Estas reflexiones, incluidas en nuestra ponencia en la UNED y en particular las referidas a las fala-cias cuando señalan que: “no son errores de razonamiento”, sino “conductas que necesitan legiti-mar la apariencia, para asegurar su supervivencia”, explican la razón que relaciona a la cultura de la sociedad con la Gran Estrategia y a ésta con la Inteligencia Estratégica, objetivo de éste trabajo.
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Cabe preguntarnos, a esta altura del análisis, si a una sociedad cuya dirigencia “necesita legitimar la apariencia, para asegurar su supervivencia”,
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• ¿le es necesario contar con un sano y ágil subsistema
de inteligencia estratégica, en apoyo del sistema de planeamiento estratégico nacional?

En el supuesto de que este subsistema fuere eficiente e iluminara el sendero, en la neblinosa noche del futuro y en pos del “tabú”,
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• ¿cómo sostener la utopía de las “apariencias, para asegurar la supervivencia” de los diri-gentes “relativizados, culturalmente débiles y psicológicamente mitómanos”, que abundan en las sociedades subdesarrolladas culturalmente?
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Queda claro que un subsistema de Inteligencia Estratégica, en esta situación, no solo es innecesario sino que es sumamente peligroso para la supervivencia de las dirigencias falaces.
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No escapan a nuestro entendimiento las dificultades que en una sociedad libre y republicana tiene el desarrollo de una nueva estructura de Inteligencia Estratégica, sensible a los desafíos de nuestro tiempo. Sin embargo todos los sectores sociales, aun los más “liberales”, deben considerar adecua-damente la naturaleza y calidad de los riesgos y amenazas estratégicos posteriores a la guerra fría. (8) (9) y (10).
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a) La Autenticidad y Fortaleza Cultural y la Institucionalidad en el Estado.
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Los liderazgos emergen naturalmente en las culturas sanas, desde los valores que las conforman. Los valores compartidos expresan la esencia de una organización y las instituciones son esas orga-nizaciones fundamentales del Estado, coherentes con la sociedad que les da vida.
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Enmarcan las expectativas, suministran cohesión y establecen el fundamento para la transformación modernizadora y el crecimiento dinámico. Al poner el énfasis en la cultura el líder señala lo que no cambiará, lo que define “la continuidad”, dándole a su pueblo un ancla en la marea del desconcier-to e incertidumbre, propios de la fluida interdependencia y de la globalización posmoderna. Le dará a su pueblo un patrón de referencia, una idea clara de pertenencia, una identidad. Un yo que lo dife-rencie del otro. Le brindará una definida lectura del contexto estratégico circunstancial, para la co-rrecta toma de decisiones en un ámbito de relativas certidumbres y graves riesgos y conducirá con firmeza las acciones operativas que desarrollará el gobierno a través del Estado Nación. Es en éste contexto en el que se hace imprescindible la Inteligencia Estratégica.
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En la cultura, en su ética política consecuente, en las instituciones, en la “continuidad” de una sóli-da identidad está el concepto de soberanía en esta etapa de continentalismos posindustriales, globa-lizados a nivel planetario. Por ello el liderazgo sinérgico para la “refundación de los Estados Nece-sarios” en esta etapa de la civilización “del conocimiento”, debe provenir de la profundidad cultu-ral de los diversos actores internacionales.
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Los líderes cultos y eficientes comprenden que los valores medulares, arraigados en los pliegues más profundos de las sociedades, constituyen la esencia que nutre a las formas institucionales y organizacionales y son la fuente insoslayable de su fortaleza frente al futuro y sus riesgos. Esos estadistas son los hombres sabios. “El sabio no es erudito y el erudito no es sabio” (TAO).
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La fuerza interior que deriva de la raíz cultural, otorga impulso y confianza a los líderes asociados por la comunidad de ideales e intereses, para llevar adelante la transformación de las estructuras instrumentales y el logro de los objetivos estratégicos planteados. Motiva e inspira el esfuerzo, la esperanza y el rendimiento del conjunto, a través de genuinas lealtades. El pueblo aspira identificar-se con las organizaciones institucionales, que respeta como propias y que le permiten realizarse. La Inteligencia Estratégica iluminará el sendero para avanzar.
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La cultura común y compartida fomenta tanto el valor moral como la confianza en uno mismo, de “los otros” en “nosotros” y muy particularmente entre el mandante y el mandatario, en las repúbli-cas.
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Ayuda a entender y hacer propias las expectativas. Los valores compartidos proporcionan a los lí-deres la fuerza y audacia necesarias para ver más allá de la “crisis del día” y dan un sentido de identidad soberana, que es un seguro frente a los actores en oposición.
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En resumen: es este conjunto de valores compartidos el que retroalimenta la confianza de una orga-nización en sí misma y proporciona la base para el dinamismo estratégico, la creatividad y la osadía y es allí donde juega su rol la Inteligencia Estratégica.
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“No es la sociedad en la que se vive la que os salva, sino la manera de vivir...Adán se pierde en el Paraíso y Lot se salva en Sodoma”. (San Juan Crisóstomo).
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b) La Adaptabilidad Institucional ante el Dinámico Cambio Provocado por la Eta-pa de la Civilización en Curso.
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El liderazgo va más allá de la complejidad de gerenciar y de crear el futuro. El líder debe construir equipos solidarios. Mediante los mismos influye y dirige el curso de la organización institucional para la transformación. De esta forma “el liderazgo” tiene tres responsabilidades estratégicas, para abarcar una triple acción proyectada: gerenciar, crear el futuro y construir equipos.
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En todas ellas interviene la Inteligencia Estratégica.
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Para adaptarse dinámicamente al vertiginoso cambio de la “Civilización del Conocimiento” en cur-so, a nivel planetario, un líder debe hacerse tres preguntas:
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• ¿Qué está pasando?
• ¿Qué debo hacer para permitir ser influenciado por la situación circunstancial?
• ¿Qué puedo hacer para influir en esa situación, a través de la acción?
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El líder debe explorar el entorno situacional, real, desprovisto totalmente de cargas ideológicas de-formantes. Penetrar en lo sustantivo de la situación y luego determinar el mejor modo de acción a seguir, en función de la propia ética. El objetivo es ganar el futuro deseado. ¿Cómo podría hacerlo sin la ayuda de la Inteligencia Estratégica? Las alternativas del futuro ponderado que le presentará el subsistema será lo que le permitirá la reflexión acerca de “lo que no esta pasando”.Entonces será capaz de abrir su mente para descubrir oportunidades más amplias y ver la gama completa de op-ciones. Será capaz de anticipar lo que puede o no puede pasar y de planear sus movimientos con el máximo de ventajas y con el respeto de los principios que informan a la propia cultura. Será previ-sor, prudente y proactivo.
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Cuando se pregunte cómo puede influir en la acción, le será posible percibir una gama mucho ma-yor de respuestas que si hubiese estado pensando solamente en función de la acción y la reacción coyuntural. La calidad del sistema de planeamiento se apoyará en la profundidad de su visión o percepción estratégica y la calidad de esta, en el subsistema de Inteligencia Estratégica.
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El dinamismo de nuestro tiempo hace que el “ritmo” de los acontecimientos se encuentre acelera-do. Es consecuencia de la velocidad de los cambios cualitativos, al impulso de las nuevas tecnologí-as. Los hechos trascendentes se suceden a un alto ritmo. Un movimiento en la dirección equivocada hace abrumadora a sus crisis consecuentes, en el corto plazo. La calidad de los sensores de inteli-gencia, antrópicos o tecnológicos, se hace cada vez más exigente.
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A ese cambio de “ritmo” se suman los cambios “cualitativos”, emergentes de la nueva civilización. Hay una “nueva forma de producir y de hacer la guerra”. Consecuentemente los instrumentos deben readaptarse en consideración a la naturaleza del cambio y de los conflictos consecuentes, en evolución.
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Cambiar y adaptarse es una función compleja. Conducir la transición del cambio en el frente socio-político significa hacer dos esfuerzos simultáneos: llevar a la Nación al nuevo escenario cambiando “mentalidades” y sostener, subsidiando, a quienes están incapacitados para el rápido ingreso a ese escenario.
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Hay en las personas una natural e histórica resistencia a lo desconocido. Conducir una transición exige convicción, ejemplaridad y percepciones claras de las circunstancias en la conducción. Un comienzo fallido puede ser fatal. El liderazgo transformador requiere una aproximación muy perso-nal y directa. Actuar y dirigir la acción sin crear conflictos, desconfianzas ni resentimientos. Para ello es exigible autoridad en el liderazgo.
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En definitiva, establecer la comunicación necesaria para que el pueblo salga del paradigma de hoy y se mueva confiado y rápidamente hacia el de mañana. Nuevamente aparece el imprescindible rol de la Inteligencia Estratégica, orgánicamente actualizada para operar sobre materias inéditas.
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La visión proyectada exige dar un sentido esperanzado al futuro. Son probabilidades alternativas que se extienden más allá de la lectura coyuntural y que proporcionan un puente intelectual desde el mañana. Esa visión nos da un escenario-base para orientar la acción inmediata, desde el futuro, apoyándonos en nuestros valores permanentes. Determinar qué es lo bueno y dentro de lo bueno, lo mejor. La capacidad de visión sobre el futuro probable, es la que da a los líderes una base para la acción posible, para el progreso dinámico y para la transformación de la crisis-conflicto en sinergia. Y allí también juega la función central de la Inteligencia Estratégica, haciendo pie en la certeza de “quienes somos”, en términos culturales y no raciales (11).
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8. La Inteligencia Estratégica y la Visión de Largo Plazo.
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Una visión de largo plazo (estratégica) es el primer paso para la transformación de una situación crítica. Esa visión debe ser compartida y obtenida del ideario común (del inconsciente colectivo) de la comunidad:
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• Proporciona un sentido corporativo al ser nacional. La unión nacional.
• Proporciona un sentido de propósito constante. La unidad compartida y permanente.
• Trae consigo una medida del éxito esperanzado. La actitud sinérgica.
• Trasciende las angustias cotidianas, motivando al esfuerzo. Llama al esfuerzo constante.
• Tiene un significado legítimo, tanto en el presente como en el futuro. Es lo que se quiere.
• Impulsa a los líderes y a sus seguidores para actuar, esforzadamente. Es la esperanza.
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Una visión realista de destino faculta a los líderes fuertes, al trascender los asuntos cotidianos, a crear y proponer escenarios futuros, posibles y deseables. Ello moviliza a un pueblo, facilitando el cambio y el crecimiento cualitativo.
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El esfuerzo intelectual y perceptivo previo, funcional al (los) objetivo(s) perseguido(s), guía a la acción operativa. La fase más importante del ejercicio del liderazgo estratégico, apoyado en la anticipación previsora de la Inteligencia Estratégica, está en el trabajo básico inicial, en el pensa-miento abstracto, serio, en la conceptualización en profundidad de la situación. Esto da por resulta-do un marco teórico proyectado, una doctrina estratégica, que hace homogénea a la acción de los equipos que se interrelacionan horizontal y verticalmente.
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Es el soporte conceptual-funcional del proyecto de “vida en común”. La visión y elaboración del futuro alternativo que tiene lugar en la mente del profeta-líder-estadista. Luego deberá llevarlo a la acción, a través de la organización institucional del estado-nación. La Nación se apropiará así de su destino. Lo hará suyo. Se identificará en él. Ese destino, planteado por el estadista, es responsabili-dad primaria de la Gran Política.
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Sin fortaleza espiritual (cultural) no se asumen los riegos (los “tabúes”) que oculta la niebla del futuro en el que necesariamente se operará. La cultura débil, relativizada, contractiva, no asume al futuro riesgoso y consecuentemente construye su evasión con la utopía “falaz” y voluntarista. En el tramo corto de la acción inmediata, se recurre al mito. La acción operativa-instrumental (en el mar-co de su civilización) permanecerá desenfocada, desatinada, por carencia de objetivos y estará des-tinada al fracaso, inexorablemente. He allí, en consecuencia, el ya citado “punto muerto”, la paráli-sis política y el círculo vicioso de la decadencia generalizada. La defraudación de la esperanza pú-blica.
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El logro de los objetivos estratégicos exigirá grandes esfuerzos. El camino será duro y difícil. Exigi-rá liderazgos fuertes. Es en ese tránsito donde se encontrarán los conflictos, connaturales con toda acción humana y con el afán de progreso. Esta acción estratégica-operativa, conflictiva, dinámica y cambiante, es responsabilidad de la Gran Estrategia y de los Estrategas de las Áreas Operativas del Estado. En cada una de esas áreas operacionales habrá una dependencia específica del subsistema de Inteligencia Estratégica, concurrente a una central de procesamiento permanente de información.
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La determinación oportuna de las voluntades inteligentes que se opondrán al propio designio, con-formando al conflicto, es responsabilidad de la Inteligencia Estratégica y de su empatía cultural con las voluntades inteligentes en oposición.
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En su esencia la Gran Estrategia como dependencia de la Gran Política, es una construcción abstrac-ta, conceptual, que liga un estadio actual con el que se quiere alcanzar mañana, en directa relación con los medios disponibles. Es la teoría de la acción política.
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Hacer Gran Estrategia implica tener realmente claro “el concepto” de la realidad en la que se opera y la paradoja de crear un futuro, es que éste no se puede predecir (12) (13). El rol de la Inteligencia Estratégica, en el ámbito de esa paradoja, esta en su capacidad de percibir y adaptarse a través de sus sensores a las situaciones progresivamente cambiantes en su naturaleza y ritmo, aun ante lo inesperado y, desde el 11S01, aun ante lo imponderable. Su capacidad de penetración y empatía es una función directa del nivel de cultura de la sociedad y su consecuencia redundará en el grado de seguridad y libertad que podrá gozar la nación. (14), (15) y (16).
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Es oportuno volver a leer las sentencias de TAO que encabezan a este trabajo:
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Prevenir antes de que suceda y ordenar antes de la confusión.
El árbol que casi no puede rodearse con los brazos, brotó de un germen minúsculo.
La torre de nueve pisos, comenzó por un montón de tierra.
El viaje de mil, empezó con un paso.
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9. La Inteligencia Estratégica en tiempos de las Guerras Asimétricas.
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Vivimos tiempos de “cambios cualitativos y acelerados”. Hay “nuevas formas de producir y de hacer la guerra” en las transiciones a una nueva e inevitable globalización planetaria y a una nueva e inédita etapa de la civilización, la del “conocimiento”. Y, no todas las sociedades están prepara-das para asumir estos cambios vertiginosos. No todas las dirigencias están capacitadas para condu-cir estas difíciles transiciones. Europa, espejo en el que se mira Ibero América, es el caso más claro de parálisis política. No ignora lo que debe hacer, pero carece del coraje y de las convicciones para enfrentar el esfuerzo. Su identidad está en duda. (17).
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También hemos señalado más arriba, que los riegos estratégicos connaturales a las transiciones de sucesivas civilizaciones, siempre han sido acompañados por guerras mundiales. Estas, que fueron estudiadas en profundidad por Gastón Bouthoul en su tratado sobre “Las Guerras”, le han permiti-do afirmar que:
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“Es por la guerra que han hecho su entrada casi todas las nuevas civilizaciones”.

Es por la guerra que se establecen o sancionan la supremacías que colocan, durante un tiempo más o menos largo, un cierto tipo de sociedad a la cabeza de la humanidad”...
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Pocas veces se ha mostrado una situación tan ajustada a las conclusiones del sociólogo francés, como la que se desarrolla mundialmente, desde la terminación de la guerra fría (1989/1991) hasta la fecha (2006).
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La guerra mundial contra el “Terrorismo Global” plantea una pugna en ambiente químico, bacte-riológico y nuclear, sin disuasión, lo que la transforma en la más peligrosa guerra que hayamos podido imaginar. Occidente debe enfrentarla dividido en sociedades culturalmente “fuertes” y cul-turalmente “débiles”. Esta es la grieta que el enemigo fanatizado explota y explotará con toda in-tensidad, mientras observe las “grandes dudas del Viejo Continente”, que quedan ratificadas por las recientes elecciones en sus países centrales. (18) (19).
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Una de las numerosas calificaciones que ha merecido la teorización de la presente naturaleza de la guerra, es la de “asimétrica”. Así se califican las fuerzas cualitativa y cuantitativamente poderosas del Estado Nación frente a una red innominada, ligera, que busca aposentarse en “espacios sin ley o sin control político”.

Quienes han resuelto sin hesitaciones enfrentar el riego, ya han iniciado el desarrollo de nuevos conceptos y de cambios estructurales en las instituciones del Estado Nación, para su readaptación. Quienes dudan, siguen encontrando evasivas, mientras encubren su debilidad cultural con el discur-so abstracto, que los inmoviliza.
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El Profesor Dr. Steven Metz, Presidente de Planificación y Estrategia Regional del “Strategic Stu-dies Institute of US Army War Collage”, ha incursionado en profundidad en el tema, llegando a la siguiente conceptualización, en lo que hace a la “asimetría”: (18)
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“En asuntos militares y de seguridad nacional, asimetría significa actuar, organizar y pensar en forma diferente al adversario para maximizar los esfuerzos relativos, tomar ventaja de sus debili-dades y adquirir mayor libertad de acción. Puede ser política-estratégica, estratégica-militar, es-tratégica-operacional o una combinación que implique distintos métodos, tecnologías, principios, organizaciones o perspectivas de tiempo. Puede ser a corto o a largo plazo. Puede ser también discreta o complementada en un conjunto o con aproximaciones simétricas y tener una dimensión tanto psicológica como física”.
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“En sus dimensiones puede ser positiva o negativa:
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• La primera utiliza diferencias para obtener una ventaja (P.Ej.: adiestramiento, liderazgo, tecnología).
• La segunda se refiere a la amenaza que representa un adversario sobre nuestras debilida-des. (Ésta es la que está siendo atendida particularmente por la OTAN)”.
..“Con referencia a los plazos:
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• la asimetría estratégica de corto plazo reconoce variantes:
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 la blitzkrieg dio resultado durante unos dos años y pudo ser contrarrestada.
 Los países Sur tardaron algunos años en encontrar como combatir a las estrategias del maoísmo.
 En 1999 Serbia encontró las formas de contrarrestar la asimetría tecnológica aérea, en breve lapso.
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• La asimetría en el largo plazo es poco común. Exige un esfuerzo económico significativo y las fuerzas que no se adapten a la evolución, pierden sus ventajas”.
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“La asimetría estratégica puede ser planificada o de emergencia. Normalmente los adversarios emplean lo que tienen y lo que saben. Un final asimétrico es normalmente accidental. Normalmente las fuerzas más elementales tratan de imitar a las más avanzadas. Sin embargo, si estamos en pre-sencia de una asimetría intencional, se nos exigirá una contra-estrategia muy flexible”.
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“La asimetría político-estratégica es la que con acciones no militares obtiene una ventaja para la acción militar. Aumentará con la expansión de la información y de la globalización, que aumenta la presión de la opinión pública internacional”.
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“La asimetría de la voluntad nacional se potencia cuando uno de los antagonistas percibe que está en juego un interés o ideal vital y que el otro lucha por valores menores. Estas asimetrías son más relevantes en los niveles superiores. En los niveles operativos y tácticos su equivalente es la asime-tría moral, a menudo decisiva. En estos momentos EE.UU. y Occidente enfrentan a un enemigo dispuesto a emplear el terrorismo, el lavado étnico y los escudos humanos. En el largo plazo éstas acciones pueden afectar a las alianzas, pero en el corto plazo generan resultados decisivos, por el exponencial en la asimetría moral”.
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10. Las Teorías en Acto como base para la Reorganización de la Inteligencia Estratégica.
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Para tener una idea del esfuerzo intelectual que es necesario realizar en la constante transformación y perfeccionamiento del subsistema de Inteligencia Estratégica, adaptándolo en relación a la inter-acción de las culturas y al ataque a la civilización occidental, vamos a desarrollar una extrema sínte-sis del proceso de teorización estratégica que se ha formulado en la posguerra fría:
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(Transcribimos a continuación un fragmento del Módulo 2 del curso de “Estrategia Contemporánea” que dictamos, en el año en curso, en la “Licenciatura de Estrategia Contemporánea” de la Universidad Maimónides y en la “Licenciatura de Ciencia Política” de la Universidad Católica de La Plata).
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“En 1989, un artículo de Jefes y Oficiales superiores del Ejército y de la Infantería de Marina de EE. UU., con clarividencia señaló:
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“Por cerca de 500 años, Occidente ha definido la forma de hacer la guerra...El hecho de que algu-nas áreas no-occidentales, como el mundo islámico, no son fuertes en lo que a tecnología se refiere, podría llevarlos a desarrollar una forma de “guerra de la cuarta generación”, a través de ideas, antes que de tecnologías”.
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Además, agregaron: “Un enemigo de cuarta generación podría no tener una base estatal o nacio-nal, ni una ideología o religión, mientras que nuestras capacidades están diseñadas para operar en un marco de referencia de estados-naciones y fuera de ese marco tendríamos muchas dificultades”. (27).
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En 1992, Paul F. Herman Jr. definió así a la “guerra asimétrica”:

“Conjunto de prácticas operacionales que tienen por objeto negar las ventajas y explotar las debi-lidades (del más fuerte), antes que buscar enfrentamientos directos. Los conceptos y movimientos asimétricos buscan emplear el medio ambiente físico y las capacidades militares en formas atípicas y presumiblemente no anticipadas por estructuras militares bien establecidas, tomándolas, por ende desbalanceadas y no preparadas” (28).
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En 1993, Charles Dunlap Jr. añadió lo siguiente:
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“Éste tipo de guerra enfatiza lo que comúnmente conocemos como metodologías no convenciona-les o no tradicionales”. (Cuestión ésta muy bien conocida por nosotros y que exige una rápida reac-ción en la elaboración de bases jurídicas) (28).
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En 1999, John T. Chenery señaló que:
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“...los retos asimétricos vienen a ser cualquier método no convencional o barato, usado para evi-tar fortalezas y explotar vulnerabilidades” (29).
.En el año 2000, Kenneth F. MacKenzie Jr. agregaba que:
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“...son aproximaciones no convencionales que evitan o minan las fortalezas del oponente, mientras explotan sus vulnerabilidades, pero con dos objetivos siempre presentes:

-Obtener un efecto desproporcionado y
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-Afectar la voluntad de lucha del más fuerte. Pueden conseguir un poderoso efecto a través de la manipulación psicológica. La mente del enemigo es el blanco. (30)
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El 11 de Setiembre de 2001, se produce el ataque asimétrico vaticinado y ciertamente, “cambia la geografía estratégica”.
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Un actor menor, “no estatal”, asestó un golpe de contundencia estratégica a la única superpotencia subsistente, con medios no convencionales -asimétricos- arrebatándole un valor central de su cultu-ra: la libertad, perdida en función de la imprescindible seguridad. Además, quedó abierto el uso potencial de armas QBN, sin disuasión, aumentando el riego estratégico del oponente más fuerte, de modo exponencial.
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Queda para nosotros abierta la reflexión de Metz y Johnson:
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“La aproximación de una estrategia asimétrica, integrada con otras técnicas simétricas, es mucho más poderosa que basarse solamente en métodos simétricos o asimétricos” (31).

b) Las Guerras “Red”. (32)

Dos especialistas del la RAND Corporation, Arquilla y Ronfeldt, han acuñado esta expresión que tuvo rápida difusión. Señalan que, manteniéndose la esencia del conflicto, varían los actores y la forma en que éste se desarrolla. Sun Tzu, Maquiavelo o Clausewitz son clásicos, porque se refirie-ron a la naturaleza del conflicto. Esa naturaleza perdura. Permanece en la “guerra red”. Pero son tantos los aspectos que han cambiado, que puede hablarse de una “nueva generación de conflictos”. Éstos dejan de darse entre Estados y pasan a desarrollarse entre redes, o entre Estados y redes. Se-gún los especialistas citados:

“...la guerra red, en términos de conducta, se refiere a los conflictos en los que los rivales se orga-nizan en red o emplean redes con nodos de control operacional y otros de comunicaciones”.

Una red puede ser entendida como una interconexión entre nodos. Cada uno de estos nodos son los actores principales, desde el punto de vista de la seguridad, sean o no Estados. Y como la seguridad abarca dimensiones que van más allá de lo puramente militar, el número de actores se ha multipli-cado exponencialmente con respecto al existente poco tiempo atrás. La soberanía del Estado ha sido erosionada por la globalización y la revolución de las comunicaciones y ello beneficia a los nuevos actores.

El poder se ha ido deslizando hacia entes no estatales. Se refuerza el rol de la sociedad civil, pero beneficia a los sectores perversos que hay en ella. (Mientras escribimos estas líneas, se acumulan ciento cincuenta muertos en San Pablo, Brasil, a lo largo de tres días en que esta megalópolis es paralizada por uno de los “nodos” del crimen organizado).

Surgen nuevas lealtades, diferentes a las estatales y algunas de carácter transnacional (religiosas, étnicos, ideológicos o culturales). Algunos de esos actores adoptan estructuras en red. Consecuen-temente, estamos en presencia de redes de redes.

La interconexión entre nodos estará motivada por intereses comunes, de manera “amorfa”, configu-rando coaliciones de nodos de diferente “color”, pero aliados en sus objetivos. Ello permite la alianza y movilización a grandes distancias bajo conducción estratégica centralizada y descentrali-zación táctica, con una intensa explotación de los avances de la información. Redes siempre existie-ron, pero la potenciación que reciben por vía de las tecnologías, las hace poderosas. Reaccionan con más agilidad que las burocracias estatales, normalmente sacralizadas por rutinas e intereses. La pér-dida de uno de sus eslabones es inmediatamente reemplazado por otro y ello impide su decapita-ción.

En la “guerra red” el choque, a diferencia de la acción militar tradicional, que concentraba el es-fuerzo principal, es multidimensional. Si se localiza una concentración, esta podría llamarse “infós-fera” o “infoesfera”. Se trata de la acción sobre la opinión pública y las élites del Estado enemigo. La comunicación social pasa a tener una importancia decisiva. Los protagonistas combaten en todos los terrenos. El objetivo es influir en el núcleo de la toma de decisiones del adversario. La ocupa-ción efectiva de la “infósfera” permite el aumento continuado de los nodos de la red y de la activa-ción de nuevas conexiones.

La guerra red es naturalmente “asimétrica”. Frente a las ventajas tecnológicas de las potencias hegemónicas, busca la localización de sus puntos débiles, para hacerlos vulnerables. Frente a éste enemigo y estas estrategias:

• ¿qué significado tienen el “fomento de la confianza”, de “la limitación de armamentos” y hasta el Derecho Internacional Público?
• ¿Alguien puede creer que se podrá contener o disuadir a un enemigo de éste perfil y así evi-tar o controlar la guerra red?

Hay un nuevo paradigma, hay conceptos obsoletos y un verdadero regreso al “estado de naturale-za”. La guerra red supone una importante “desmilitarización” de la guerra. Supone menos destruc-ción, pero una mayor perturbación. La victoria no se logra en el antiguo teatro de operaciones, sino con la más sagaz gestión de percepciones, para lograr concesiones.
Y,… ¿no es éste el espacio específico de la Inteligencia Estratégica?

Las dimensiones Tiempo y Espacio, también varían: no habrá un principio y un fin determinado. Más bien habrá ciclos y esperas prolongados, períodos de calma y de combates intensos. El espacio es el planetario y el espacio territorial estará fuertemente complementado por la “infósfera”, aun en el marco interno, en donde operan verdaderas “quintas columnas”.

La red podrá desplegar en “espacios desgobernados” o “zonas pantanosas”, en Estados adversa-rios o neutrales. La eficacia de la red depende del poder de sus comunicaciones.

La guerra red adquiere una indudable ventaja frente a las organizaciones tradicionales. No buscará la victoria decisiva, pero obtendrá fácilmente la supremacía. No es invencible, pero tiene la ventaja de su sorpresa sobre las dirigencias dormidas.

Entre nosotros, en Ibero América, tiene la iniciativa, la libertad de acción frente al cuasi Estado-Nación. Es imprescindible desarticularla y controlar su reconfiguración o reproducción.

c) Las Guerras de “Cuarta Generación”. (33)

Cuando Lind, Schmitt y Wilson dieron su visión del futuro de la guerra, en 1989, le llamaron “Guerra de Cuarta Generación”. Las generaciones anteriores que localizaron fueron:
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• la del “empleo masivo de hombres” (el Archiduque Carlos),
• la del “empleo masivo del fuego” (el artillero Napoleón),
• la del “empleo intensivo de la maniobra” (los Mariscales Guderian y Rommel).
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En la Posguerra Fría hemos ingresado a las “guerras de cuarta generación”. A pesar de los enor-mes avances tecnológicos en la actual etapa de la civilización, “estas guerras se basarán fundamen-talmente en las ideas”, serán “altamente complejas, abarcarán todos los aspectos de la actividad humana, empleando fundamentalmente los medios de comunicación social y las redes informáti-cas”.

Si bien el enfoque es distinto y parte de la mera acción operativa, como es de esperarse tratándose de autores militares, hay coincidencias muy grandes con lo descrito en a) y b).

d) Las “Organizaciones Permanentes”, una “Histórica Excepción”. (34)

La premisa básica de Van Clevelt es la siguiente:

“El paradigma que ha presidido la guerra moderna, en la que los Estados se ven abocados al con-flicto bélico por razones de estado, empleando organizaciones militares permanentes para enfren-tarse a otras parecidas donde sus actores adquieren el carácter de combatientes, con las poblacio-nes apoyándolos, pero separadas de ellos, en definitiva lo que se conoce como la “trinidad clause-witziana” –pueblo, ejército y gobierno- ha sido, históricamente una excepción”.

Consecuentemente, la razón de estado como causa de la guerra y las grandes burocracias militares como medio para llevarla adelante, son rasgos de la modernidad, que se desarrollaron con el auge del Estado-Nación moderno y que decaen con el mismo, en la posmodernidad.

Guerra y Política dejan se ser continuidad una de otra, para fusionarse en una sola actividad, unifi-cando la diferenciación que estableció Mao, en 1938 (11).

e) Los “Cambios Cualitativos” de las Guerras del Futuro. (35)

Robin Wright y Doyle MacManus, dos brillantes corresponsales internacionales que han cubierto más de sesenta acontecimientos conflictivos importantes en las últimas décadas, señalaban en 1992 los siguientes “cambios cualitativos” en las guerras del futuro:

 “Los factores que contribuirán a los conflictos serán más variados en origen, tácticas y objetivos, por lo tanto tendrán efectos desestabilizadores sobre todo el mundo.
 La adquisición de armas por parte del tercer mundo, especialmente de las de destrucción masiva, harán más probable la guerra y, además, una vez iniciados los enfrentamientos se requerirá la acumulación de importantes recursos materiales y humanos.
 Mientras en los países desarrollados se está teniendo éxito en llegar a acuerdos de control de armamentos, QBN y convencionales, estos intentos están fracasando en los países en ví-as de desarrollo. Además, la disminución de la capacidad de influencia política de las grandes potencias en los países en vías de desarrollo, lleva a pensar que los conflictos se-rán más probables en el Siglo XXI.
 Las guerras en las décadas futuras serán mayoritariamente conflictos de baja intensidad, frente a milicias y bandas equipadas con armas convencionales.
 Las guerras estarán cada vez más circunscriptas al interior de los Estados y las causas fundamentales serán pugnas de poder, por la redefinición del Estado-Nación y por rivali-dades culturales, étnicas o religiosas.
 Predominará la “libanización”, es decir, la disgregación de los estados.
 La falta de armonía social en la nueva era, provocará el aumento del terrorismo. Éste ob-tiene la mayor parte de los objetivos que se propone, dada la iniciativa estratégica que asume, frente a la lentitud de los perimidos sistemas de Defensa en el Hemisferio del Sub-desarrollo”.

f) Las Guerras de la “Tercera Ola”. (36)(37)

Alvin y Heidi Toffler han señalado tempranamente, desde los años ’80, que:

“los cambios revolucionarios que se han producido en el mundo y que han dado origen a una ter-cera ola, van a modelar la nueva guerra de acuerdo a esa civilización y, por lo tanto no podemos pretender sostener esos conflictos con procedimientos de la segunda ola. Es necesario adoptar acciones revolucionarias en búsqueda de la paz. Los conceptos que tenemos hoy en día, están abso-lutamente obsoletos y anticuados...El antiguo orden mundial, construido a través de dos siglos de industrialización, ha quedado hecho añicos. La aparición de un nuevo sistema de creación de ri-quezas y de una nueva forma de guerra exigen una nueva forma de paz pero, a menos que ésta re-fleje con precisión las realidades del Siglo XXI, resultará no solo irrelevante, sino además peligro-sa”.

Es de sumo interés la anticipación con que estos autores señalaron a las “relaciones quisquillosas” entre algunos miembros de la OTAN con EE.UU., en relación directa con “los nuevos riesgos estratégicos”, que pondrían a prueba a la alianza. Ello quedó comprobado en los primeros meses de 2003, en las eventuales preliminares de la invasión a Irak y ante los requerimientos de Turquía ante ese hecho. (37).

g) “Ser o No Ser”. Esa es la Cuestión (2) (5) (38) y (39).

En sendas ponencias que hemos desarrollado en el año 2002 (REDES 2002 y Vto. Encuentro Na-cional de Estudios Estratégicos) hemos sostenido que el fundamento sobre el que deberá apoyarse nuestro futuro sinérgico, “necesariamente debe partir de la recuperación de nuestra cultura funda-cional, hispano-criolla-cristiana”. Allí reside nuestra identidad, nuestra ética política.

La transculturación, en nuestras posguerras, ha producido una “confusión perversa de valores y principios”. Las culturas “duales”, no son confiables.

“Allí reside la corrupción estructural que nos lleva a la podredumbre moral, a la anomia cívica, a la anarquía política y a la guerra civil”.

Un académico italiano y oficial alpino, el Profesor Grl. Carlo Jean (38) ha señalado al respecto:

“Sólo recientemente se ha reconocido la importancia de la cultura estratégica en la concepción de las doctrinas militares y sobre el modo de hacer la guerra...La cultura estratégica, en fin, influye en el modo en que son conducidas las operaciones militares ...La Estrategia como la Política, no se elabora en el vacío, sino que son el reflejo de la cultura de un pueblo...Solo la comprensión de la cultura estratégica puede hacer comprensible las razones de determinadas elecciones o preferen-cias...”(39)

h) El Triunfo de las “Sociedades Grises”. (40)

Alain Minc, francés de origen polaco, es un ingeniero-periodista que ha denominado “zonas grises” a la resultante de la pérdida del ordenamiento tradicional, el “fin de los tiempos modernos”. Plantea un “retorno a una Edad Media”, pero sin el soporte y respaldo de la fe y por lo tanto con “fanatis-mos e irracionalidades que producirán nuevos focos de desorden”. ¿Cómo actuar entonces?

Señala que:


Hay algunas reflexiones de Minc, deben ser consideradas seriamente por los Ibero Americanos:

Con el retorno a las Revoluciones…

• “Ningún Estado puede estar seguro indefinidamente de sus fronteras”.
• “No hay estructura social, por sólida o antigua que fuere, que tenga carácter permanente”.
• “En la actualidad, revolución no es sinónimo de subversión, sino de descomposición”.
• “La fuerza revolucionaria ya no pertenece a las minorías comprometidas, sino a la opinión pública, los medios de comunicación social y la Justicia”.
• “La Revolución sigue siendo una invención europea”.

i) Globalización y Terror. (39)

• S. Hoffmann, desde su mangrullo cultural europeo, situado hoy en la Universidad de Harvard, nos entrega una serie de reflexiones valiosas acerca de la globalización y el conflicto, en la pos-guerra fría. (Más abajo, volvemos a citar a éste académico):
• F. Fukuyama, en su visión optimista “no se dio cuenta que el nacionalismo sigue vivo” y “del potencial explosivo de las guerras religiosas”.
• S. Huntington, desde una óptica más sombría “predijo que la violencia, resultante de la anar-quía internacional y de la ausencia de valores e instituciones comunes, surgiría entre las civili-zaciones, más que entre Estados e ideologías. Pero su concepto sobre civilizaciones fue confu-so. No tomó en cuenta los conflictos dentro de cada una de ellas y sobreestimó la importancia de la religión en el comportamiento de los grupos no occidentales, que a menudo están secula-rizados y occidentalizados”.
• H. Kissinger, en línea con el realismo clásico, insiste en que el poder militar y económico son las determinantes de las relaciones internacionales, “pero éste modelo venerable tiene proble-mas para integrar los cambios, especialmente el de la globalización y el surgimiento de nuevos actores que no son estados” e “ignora la proliferación de ADM y las normas liberales, que el mundo desarrollado ha aceptado”.
• T. Freedman, “ve en la globalización la luz del amanecer, el chaleco de fuerza dorado que empujará al público polémico a entender que la lógica de la globalización es la paz y la demo-cracia”.
. S. Hoffmann, después de recorrer críticamente estos análisis, señala una “vuelta a la reali-dad”:

 “No ha desaparecido la rivalidad entre las grandes potencias y la habilidad de los es-tados más pequeños para explotar tales tensiones”. “Cierto grado de prudencia la provoca la existencia de las ADM”.
 “Si bien las guerras entre estados son cada vez menos comunes, las guerras dentro de ellos han aumentado” y con ello, las “intervenciones humanitarias”.
 “Las políticas exteriores de los países están diseñadas no solo por factores políticos realistas..., sino también por razones políticas internas”.

Consecuentemente:

 Para los realistas, el terrorismo transnacional crea un dilema formidable: la inter-vención en los “refugios” y el consecuente cuestionamiento a la soberanía del estado “huésped”.
 Para los idealistas la lógica capitalista globalizada causa desigualdad de desarro-llo entre los estados y dentro de ellos y desata una competencia que limita la ca-pacidad de cooperación.
 La globalización cultural tiende al rechazo de la “uniformidad” y ello produce una imagen de “arrogancia occidental”.
 La globalización política, producto de las anteriores, acarrea incertidumbre emergente de las tendencias internas de EE.UU.: dominio o aislamiento.
 Los beneficios de la globalización son innegables, pero una crisis en EE.UU. también se globalizaría. La integración de los mercados es aun lejana, la socie-dad civil internacional es solo embrionaria, la emancipación individual no se traslada rápidamente a la democratización de regímenes y los ideales e intereses propios, aun perduran en el mundo. Los conflictos se multiplican, si bien varían:

“La globalización enriquece a algunos y desarraiga a muchos. Aquellos que son pobres y desarraigados, pueden buscar venganza y autoestima en el terroris-mo”.

En síntesis:

En el presente punto 4 hemos desarrollado variados pensamientos e ideas, extraídos de los especia-listas que dedicaron específicamente su investigación en dirección a las nuevas teorías y doctrinas estratégicas, provocadas por la acelerada evolución de la situación mundial, en la últimas dos déca-das.

A continuación y antes de ingresar de lleno al análisis de nuestra Región, haremos una extrema sín-tesis, para delinear el perfil que surge desde la teorización, e iluminar así nuestro objetivo.

 Los actuales conflictos presentan “asimetrías”, de diversas categorías.
 La “guerra red” es multidimensional. La “infósfera” adquiere valor sustantivo, en reem-plazo de la fuerza “ordenada”. La guerra se “desmilitariza” y se hace “confusa”, “exten-dida” y “perturbadora”.
 Las “guerras de la cuarta generación” se fundan en “la idea”, en el conocimiento adquiri-do.
 Las “organizaciones permanentes” han sido una excepción histórica. Guerra y Política se unifican hoy, en una sola acción.
 Los “cambios cualitativos” han llevado la guerra “al interior” de los Estados. Allí las nue-vas formas de agresión se encuentran en nuestro Hemisferio con organizaciones de defensa “perimidas, burocratizadas y perversas”.
 En “las guerras de la tercera ola” los cambios cualitativos serán esenciales para la preser-vación de “la Paz”. Si la reestructuración de las organizaciones estatales es desacertada, se constituirá en “altamente peligrosa, además de irrelevante”.
 La propia cultura es la base de sustentación que debe sostener e inspirar los cambios. Estos están relacionados con los avances de la civilización, pero se despliegan dinámicamente so-bre una identidad, sobre una ética incambiable.
 Vivimos un retorno al “estado de naturaleza”, producido por los sectores díscolos que re-chazan los avances de la humanidad desde posiciones fanáticas, de irracionalidad y confu-sión, que producen a las “sociedades grises”.
 Las “revoluciones” en el Siglo XXI no llevan a la “subversión”, sino a la “descomposi-ción” del Estado.
 “El terrorismo es la fruta envenenada de varias fuerzas”. “Puede ser visto como uno de los productos de la globalización”.

(1) Metz, S. “Asimetría Estratégica”. Military Review. May-Jun 02.
(2) Bolívar Ocampo, A. “La Era de los Conflictos Asimétricos”. Military Review - Jan-Feb 02.
(3) Chenery, J.T. “Transnational Threats 101: Today’s Asymmetric Battlefield”. Military Intelligence, Jul-Set 99.
(4) MacKenzie, K.F. “The Revenge of the Melians: Asymmetric Threats and the Next QDR”. National Defense University. Washington. Oct. 00.
(5) Metz S. and Johnson D.V. II. “Asymmetry and U.S. Military Strategy: Definition, Background and Strategic Concepts”. U.S. Military College. Carlisle. Jan 01.
(6) Jordan, J. “La Guerra Internacional contra el Terrorismo ¿Paradigma de la Guerra del Futu-ro?”. Universidad de Granada. 2001.
(7) Lind S., Schmitt J, and Wilson G. “The Changing Face of War. Into the Fourth Generation”. Marine Corps Gazette, Oct 89.
(8) Van Cleveld, M. “The Transformation of War”. The Free Press. New York-1991.
(9) Wright R. y MacManus D. “Futuro Imperfecto”. Ed. Grijalbo. Barcelona. 1992.
(10) Toffler A y H. “Las Guerras del Futuro”. Ed. Plaza y Janes. 1994.
(11) Toffler A y H. “Las Coaliciones del Futuro”. La Nación. Bs. As. 09 Dic 02.
(12) Jean, C. “Guerra, Estrategia y Seguridad”. Ed. Laterza. Roma. 1997.
(13) Hoffmann, S. “Choque de Globalizaciones”. Archivos del Presente Nro 28. Bs. As. 2002.

Cada uno de los autores citados y las distintas teorías enunciadas en el fragmento trascripto, consti-tuyen un punto de partida para el análisis y la reflexión, previos a la ímproba tarea que exige la mo-dernización de estructuras y sistemas para alcanzar al “Estado Necesario”, en la presente etapa de la civilización del “Conocimiento”. A partir de las reformas estructurales de los instrumentos de la Seguridad Nacional, la Inteligencia Estratégica encontrará el procedimiento para su actualización conceptual y orgánica. Los cambios cualitativos exigen un notable esfuerzo intelectual y alta capa-cidad de abstracción, para alcanzar la adaptación a la nueva naturaleza de la acción.

Hemos visto cómo, recurrentemente, surge la temática cultural en directa relación con la naturaleza de los nuevos riesgos y amenazas y como sostén de las imperativas reformas orgánico-funcionales.

“La cultura está en riesgo en nuestra sociedad victimaria, según Jean Baudrillard,…o de nuestras cotidianas perspectivas de guerra civil, como lo ha reconocido Hans Magnus Enzenberger. Sus palabras, agudas profecías que escapan a sus agudas metáforas, helas aquí:

El comienzo es incruento, los indicios son inofensivos. La guerra civil molecular se inicia de forma imperceptible, sin que medie una movilización general. Poco a poco, en la calle se van acumulando las basuras. En el parque aumenta el número de jeringuillas y de botellas de cerveza destrozadas. Por doquier las paredes se van cubriendo de un graffiti monótono cuyo único mensaje es el autis-mo: evocan un Yo que ya no existe. Los colegios aparecen con el mobiliario destrozado, los patios apestan a mierda y orina. Nos hallamos ante unas declaraciones de guerra; aunque pequeñas, mu-das, el urbanista experimentado sabe interpretarlas”. (22). Es la “guerra civil molecular”.

11. Nuestra Cultura, los Derechos Civiles y la Inteligencia Estratégica. (20)

Para cerrar estas páginas referidas al “rol de la Inteligencia Estratégica” y su interrelación con la “cultura, la civilización y la crisis política”, queda por señalar un aspecto central a resolver en nuestro extremo Occidente-Sur.

Los Estados Nacionales y los Organismos Internacionales están enfrentando desafíos estratégicos impuestos por un enemigo no estatal, que omite todo concepto agonal en el empleo de la violencia para lograr sus objetivos. Esta característica de los nuevos riesgos y amenazas, constituye un dato central para la Inteligencia Estratégica, cualquiera fuere la cultura sobre la que se desarrolla. Esta sin duda le dará un determinado “estilo”, pero siempre deberá considerar la naturaleza de los nue-vos desafíos.

El enemigo no estatal actúa fuera del ámbito de la Gran Política. Un sector lo hace desde su dogma religioso, otros desde los negocios mafiosos del crimen organizado o bien desde ambos, en colu-sión. Carecen de flexibilidad para cualquier tipo de razonabilidad negociada. Por esa razón desco-nocen al derecho internacional y tienen un único camino disponible: la violencia y el terror. Tienen otras normas éticas, desprecian la vida, cabalgan la buena fe de los hombres de otras culturas a quienes consideran infieles y explotan a los regímenes libres a través de los sectores débiles o rela-tivizados de la cultura occidental.

Este sector social “laico y tolerante” de nuestro Occidente, que “se odia a sí mismo”, quiere en-frentarlos como si no estuviéramos en guerra, quiere negociar o aplicar la ley penal ordinaria, con las normas del sistema judicial occidental y con total respeto de “nuestros derechos civiles”, que el agresor desprecia y no reconoce.

¿Podemos hacer la guerra a semejantes enemigos con el código penal en la mano, para aplicarlo a nuestros soldados y con “nuestros derechos humanos”, para proteger a nuestros enemigos? Así lo exigen los movimientistas que conforman nuestras quintas columnas, inmersos en su debilidad espi-ritual, con el “alma marchita” y, en algunos casos, motivados por su ideologizada imprevisión y la consecuente falacia que los aprisiona en la total debilidad del “cuasi” Estado Nacional.

Son aquellos “progresistas permisivos” que por egoísmo, comodidad o ideología, apostaron a la “no guerra” y hoy no tienen respuestas frente a situaciones inesperadas. Allí surge el discurso eva-sivo y vacío. No se apercibieron, encapsulados en sus utopías, que el “antimilitarismo” es tan per-nicioso como el “militarismo” y quedaron inmovilizados por el pasado ahora, cuando la historia está acelerada.

Aunque parezca un desatino imposible, el domingo 30 Abr 06, un matutino de Buenos Aires titula de éste modo un artículo -que suponemos originado en la oficina de prensa del Ministerio de Defensa-: “Las nuevas amenazas, excluidas de la doctrina de las FF.AA.” (21). Queda en él plasmado con toda claridad el concepto de “falacia”, que hemos explicado. Si las “amenazas estratégicas” –que en rigor ya son “riesgos”- no tendrán planeamiento en Defensa, ¿en manos de quién quedan? Y, ¿qué se hará cuando, tardíamente, se quiera recurrir a las FF.AA? El articulista entiende que es “un mensaje negativo hacia EE.UU.”. Nosotros entendemos que ese mensaje es negativo en princi-pio para la nación argentina y luego para toda la región y volvemos a insistir que las falacias “no son errores de razonamiento”, sino “conductas que necesitan legitimar la apariencia, para asegu-rar su supervivencia”.

¿No son estos aspectos los más importantes de la “asimetría” con que enfrentamos estas guerras, que ya cursan su quinto año y que exigen contar cuanto antes con un Occidente unido y una rápida y firme decisión estratégica en nuestra región?

Entendemos que es allí, en la existencia de las falacias que encubren o distorsionan a los hechos, en donde encontramos la enorme importancia que tiene la recuperación de la identidad de los actores nacionales. La recuperación de los valores de las culturas fundantes y el abandono de las confusio-nes aberrantes a que nos llevaron nuestros eruditos intelectuales de izquierda, que han dividido a Occidente y a las sociedades nacionales.

Con gran parte de la “infoesfera” en manos de la “cultura débil”, con una Europa mayoritariamente “laica” y “relativizada en sus valores cristianos”, con “el alma marchita” y a su vez admirada como modelo por el “progresismo”, desde nuestro extremo Occidente-Sur Ibero Americano esta-mos hoy institucionalmente inhabilitados para enfrentar esta pugna “asimétrica”.

En la España socialista de Rodríguez Zapatero, el “Real Instituto Elcano” ha publicado en el mes de mayo de 2006 un trabajo de Antonio Díaz, Profesor de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad de Burgos titulado “La Adaptación de los Servicios de Inteligencia al Terrorismo Internacional”, específicamente referido a los cambios imprescindibles en los sistemas de Inteli-gencia. Dice el Profesor español:

“Para la reconfiguración de sus sistemas de inteligencia los Estados han emprendido unas estrate-gias similares, por una parte debido a la lógica de la adaptación que todos comparten y, por otra, a una serie de factores internacionales coadyuvantes. El desarrollo y ritmos de cada sistema con-creto dependerán de los condicionantes nacionales de base, pero tanto el contenido del nuevo mo-delo de inteligencia como los medios a través de los cuáles se pueda alcanzarlos están siendo simi-lares”. (Los subrayados son nuestros).

Esta lógica institucional del Profesor Díaz, en la “Europa laica y tolerante”, no es compartida por la mayor parte de Ibero América. Los “condicionantes nacionales de base” de los argentinos nos constituyen en una excepción negativa y peligrosa en la región. Nuestro “modelo de inteligencia”, correlativo con las leyes de defensa en acto, no “están siendo similares” ni responden “a la lógica de adaptación que todos comparten”. Son arbitrarias, ideologizadas y exclusivas. Para tener una idea de su arbitrariedad, señalemos que esas leyes de la década del ’80, dividen a la defensa en in-terna y externa, con conceptos del siglo XIX y en el año 2006 se intenta reglamentarlas, veinte años después de su promulgación, tomando como principio la “defensa no provocativa” que inventaron los social-demócratas de “haz el amor y no la guerra”, en la “new age” de los años 60.

Donoso Cortés en el siglo XIX advertía, al describir la declinación europea, lo que es hoy aplicable a Ibero América:

"La sociedad europea se muere, sus extremidades están frías, su corazón lo estará dentro de poco. ¿Y sabéis por qué se muere? Se muere porque está envenenada".

“Y no se me diga que, si el vencimiento es seguro, la lucha es excusada; porque en primer lugar, la lucha puede aplazar la catástrofe y en segundo lugar, la lucha es un deber y no una especulación para los que nos preciamos de católicos.

Demos gracias a Dios de habernos otorgado el combate, y no pidamos sobre la gracia del combate la gracia del triunfo a aquel que en su bondad infinita reserva a los que combaten bien por su cau-sa, una recompensa mayor que la victoria.

En cuanto a la manera de combatir, no encuentro más que una que pueda dar hoy día provechosos resultados: el combate por medio de la prensa periódica. Hoy día es menester que la verdad dé en el tímpano del oído y que resuene en él monótona y perpetuamente, si sus ecos han de llegar hasta el recóndito santuario en donde yacen las almas enterradas y dormidas”. (Los subrayados son nuestros).

El pequeño núcleo de conducción del enemigo “macro-terrorista”, fundamentalista y fanatizado, ha localizado la debilidad del Occidente dividido y la ha transformado en la “vulnerabilidad cultu-ral” de la poderosa y desarrollada Civilización Occidental-Norte. Está explotando esa vulnerabili-dad hábilmente. El Occidente subculturizado o transculturizado que cohabita en cada nación, es nuestra “quinta columna” en esta guerra mundial, que para el enemigo es “total”. No creemos que el presente sea tiempo para “tibios” y/o “confundidos”. La situación lo demuestra día a día.

“En estos momentos no se trata tanto de lamentar la crisis de las antiguas funciones del estado, como de buscar refundarlo, sobre la base de valores que trasciendan los derivados de puras consi-deraciones de poder, de manera que la política actúe no sólo como generadora de conflictos sino, también, como mecanismo que los dirija y sujete a controles morales. La existencia de una institu-ción central de la vida civil occidental de los últimos siglos parece haber sido puesta en cuestión, sin que otra haya aparecido para substituirla. Excepto que se crea que, en este ámbito, el mercado sea, en si mismo, un camino confiable para establecer un orden político fundado en valores mora-les positivos” (22). (Los subrayados y negritas son nuestros)

La tarea de la Inteligencia Estratégica se ha calificado y se ha complicado, exponencialmente.

“Si, por el contrario, el centinela ve venir la espada y no toca el cuerno, de suerte que el pueblo no es advertido y la espada sobreviene y mata a alguno de ellos, perecerá éste por su culpa, pero de su sangre yo pediré cuentas al centinela”. Ezequiel 33, 6.

Preguntábamos, en el comienzo de nuestro trabajo, “si tiene cuerno del centinela”.

“El centinela” de nuestros pueblos sigue siendo hoy el remanente Cuasi-Estado-Nación y si éste no se “refunda” y no alista ni actualiza su “cuerno”, que no es otro que la Inteligencia Estratégica, de modo que pueda ser oído oportunamente hasta en los confines, cuando “se ve venir la espada y el pueblo no es advertido, perecerá éste por su culpa, pero de su sangre” las Patrias “pedirán cuentas al centinela”, al Cuasi-Estado-Nación Ibero Americano, ocupado por el gobierno de numerosos oficialistas y opositores irresponsables e imprudentes, inconscientes o ignorantes, ideologizados y corrompidos, ante la ausencia de un Sistema Político que no hemos sabido construir como inteli-gencia del Centinela-Estado, para el bien vivir o el bien morir. A ellos, Dios y la Patria se lo de-mandarán, les “pedirán cuentas al centinela”, en su momento, “por nuestra sangre”, la sangre del pueblo de las repúblicas.




CITAS:

(1) Auel H. J. "Cultura, Civilización y Crisis Política". Verano del año 2001. Investigaciones http://www.ieeba.com.ar/
(2) Auel H. J. "La Defensa y la Seguridad frente a las Amenazas: conceptualización y tipologí-as". Ponencias. http://www.ieeba.com.ar/
(2’) De Vergara E. “Los Planes Estratégicos y la Seguritización militarizante”. Investigaciones. http://www.ieeba.com.ar/
(3) Auel H. J. "Segunda Semana Iberoamericana Sobre Paz, Seguridad y Defensa". Ponencias.
http://www.ieeba.com.ar/
(4) Auel H. J. “Apreciación Político-Estratégica de la Situación Ibero América”. Investigacio-nes. http://www.ieeba.com.ar/
(5) Auel H. J. "Las Vísperas de una Segunda Argentina". Conferencia. www.ieeba.com.ar
(6) Auel H. J. “El Terrorismo y las Guerras de la Tercera Especie”. Investigaciones. http://www.ieeba.com.ar/
(7) Holsti K. “The State, War and the State of War”. Cambridge University Press. 1999
(8) Posner R. A. “The Reorganized U.S. Intelligence System after One Year”.
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(10) Campmany E. “Implicancias Estratégicas de las Restricciones Éticas y Jurídicas en la lucha contra el Terrorismo”. www.realinstitutoelcano.org/default.asp
(11) Huntington S. P. “¿Quiénes Somos”. Ed Paidós. Bs. As. 2004.
(12) Mañú O. E. “La guerra es un camaleón; en torno a la IV Guerra mundial”. www.gees.org/articulo/1972 /  - 39k
(13) Fojón J. E. “Vigencia y Limitaciones de la Guerra de Cuarta Generación”.
www.realinstitutoelcano.org/default.asp   
(14) Buela A. “El Estado es un Instrumento del Gobierno para la Consecución del Bien Común General de la Comunidad Política que dicho Gobierno Rige”
http://www.politicaydesarrollo.com.ar/
(15) Carmona y Choussat J.F. “La Larga Guerra”. www.gees.org/
(16) Sarno H. G. “Comentario de ‘Quienes Somos’ ” (11). Colaboraciones. http://www.ieeba.com.ar/  
(17) Corradini L. “Europa quedó atrapada en el miedo al cambio”. La Nación. Pág. 1. Bs. As. 16 Abr 06.
(18) Metz, S. “Asimetría Estratégica”. Military Review. May-Jun 02.
(19) Ponte L. “Adiós Europa”. www.gees.org/
(20) Posner R. A. “The Reorganized U.S. Intelligence System after One Year”. Offnews.info 2002 – 2005.
(21) Gallo D. “Las nuevas amenazas, excluidas de la doctrina de las FF.AA.” La Nación. Pág 14. Bs. As. 30 Abr 06.
(22) Fernández Vega, J. “La guerra Civil Molecular”. www.ciencia-hoy.retina.ar/


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