viernes, 22 de abril de 2016

EL CHAVISMO VA DIRECTAMENTE HACIA EL ABISMO. VENEZUELA SIN ALIMENTOS, IGNORADOS POR LOS “DEFENSORES DE LOS POBRES”.



Bandera de la Hispanidad en las Américas, 
adoptada como símbolo de las Américas 
por la séptima conferencia internacional 
Americana de Montevideo 
el 13 de diciembre de 1933


Luis Dufaur

La bajada a los infiernos de la miseria cubana parece inevitable en Venezuela. En discursos histéricos e irreales, el gobierno socialista viene atribuyendo la culpa de la catástrofe a enemigos fantasmagóricos: el “imperio”, una “guerra económica” promovida no se sabe bien por quién, los emigrantes; la falta de alimentos, como si esta fuese un ente que actúa por sí mismo; la ausencia de medicamentos provocada por todos esos fantasmas.

Pero la aguda carencia de casi todo es una experiencia cotidiana dolorosa, humillante y muy real. Irónicamente, en 2013 el gobierno había creado un “Ministerio de la Suprema Felicidad Social” (sic). Hoy, todo el pueblo experimenta en carne propia esa “felicidad” socialista, hecha de miseria económica, postración social y ruina moral.

El virus Zika pasó a ser un pretexto más para los abusos del régimen. Pero los mosquitos se multiplican asustadoramente y la población no encuentra repelentes para evitar el contagio, ni antivirales y/o analgésicos para cortar la fiebre de cualquier enfermo, según “La Nación” de Buenos Aires.

En Acarigua, ex capital del estado Portuguesa, una avalancha de desesperados derribó los obstáculos que le impedían ingresar a un supermercado con racionamiento. 

El desorden y la violencia fueron filmadas: un drama en que los involucrados arriesgaban todo para conseguir un poco de comida y algún producto básico indispensable para sobrevivir en el día a día.


Este hecho es simbólico de lo que está viviendo Venezuela en la vida real. En los medios — prácticamente todos confiscados por el gobierno— el “disco rayado” contra los fantasmas culpables de la falta de todo, suena sin parar. 

A todo momento el presidente Maduro o alguno de sus acólitos despotrican contra el “imperio” y manifiestan solidaridad a sus “amigos” del mundo, como el camarada Lula (Brasil). Pero eso no le interesa al pueblo, que padece hambre y enfermedades.

El Parlamento, ahora dominado por la oposición, declaró la crisis humanitaria en el país, por el derrumbe del sistema de salud: hospitales y postas médicas están despojados de lo básico, sin equipos ni remedios, y cayéndose a pedazos, tal como en La Habana. 

Maduro embiste una y otra vez contra los empresarios privados, a quienes atribuye todos esos males.

Ellos actuarían confabulados maquiavélicamente con el “imperio”, maquinando una delirante “inflación inducida”, el “acaparamiento de productos” y el contrabando que —ése sí— se dispara, enriqueciendo a los secuaces del chavismo.
Mientras el mausoleo de Hugo Chávez acoge algunos turistas para un tour guiado, más de 100 personas hacen cola en un supermercado estatal para comprar alimentos por la lista oficial de precios.


La cola comienza a formarse a las tres de la madrugada. “A veces uno consigue comprar alguna cosa, a veces no”, dice una persona en la fila, según un reportaje de “O Estado de S. Paulo”.

La escena es de science-fiction, pero atrozmente veraz. Venezuela está literalmente nadando sobre una de las mayores reservas mundiales de petróleo, pero la producción viene cayendo cada día, por causa de la ineficiencia socialista. 

Es la “revolución bolivariana” rumbo al “socialismo del siglo XXI”, en nada diferente del que imperó en el siglo XX en la vieja URSS. El gobierno admitió que la economía de 2015 se contrajo en 7,1% y la inflación alcanzó 141,5%. Nadie lo cree, pues ha sido algo mucho peor. 

De acuerdo al Fondo Monetario Internacional —portavoz del “imperio”, según la fraseología socialista oficial— la inflación alcanzará un 720% este año y la economía se contraerá en 8%.

El Banco Central venezolano emite moneda cuando tiene papel; pero incluso aumentando su valor nominal, los billetes significan poco o nada. 

Las reservas internacionales en dólares bordean apenas unos US$ 1,5 mil millones. Los salarios reales se contrajeron un 35% en 2015, según el consultor Asdrúbal Oliveros. La gasolina aumentó cerca de 6.000%, si bien que su precio era hasta entonces ridículo.
De la penuria sólo se salvan las autoridades privilegiadas y los parásitos que viven a sus costas. Según un grupo de universidad el 76% de los venezolanos viven en situación de pobreza. 

La criminalidad está fuera de control, y bien anclada en la administración pública. El presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, amenaza destituir al presidente constitucionalmente. 

Maduro esclavizó al Poder Judicial, que anula las decisiones incómodas del Legislativo. No hay gobierno; prevalece la fuerza de las intimidaciones, y Maduro controla milicias armadas y tal vez buena parte del Ejército.


“El Mundo” de Madrid destaca la “total improvisación”. Un sintomático botón de muestra lo dice todo: las panaderías de Caracas, muchas de ellas pertenecientes a inmigrantes portugueses, exhiben el terrible letrero hecho a mano: “NO HAY PAN”

“No hay pan”: estanterías y vitrinas vacías, bagueterías que cierran, panaderos que ya embarcaron a sus familias y recogen sus últimos bienes. El más básico alimento, ése también falta. 

No hay trigo, menos aún harina. Cinco molinos del país pararon por falta de materia prima; ésta era importada después de los efectos inevitables de la reforma agraria de los años 70 en adelante. Hasta en las fábricas de galletas las máquinas no funcionan.

Maduro ataca una corrupción que él sólo ve en la oposición. “Hoy dimos inicio, con nuevos bríos, con nuevas fuerzas a la operación ’Ataque al gorgojo’ [insecto que devora el arroz] y ya hay más de 55 culpables detenidos”, obviamente productores y comerciantes.

“Allí están ellos, detrás de las rejas, para ser procesados; ellos que escarnecieron de la confianza pública, ellos no tienen disculpa”, enfatizó Maduro con tonos que evocan a Fidel Castro o Mão Tse Tung, antes de las masacres de “burgueses”.

“Gorgojo aquí, gorgojo allá, donde quiera que estén es preciso caer encima de ellos”, insistió el presidente. El Servicio de Inteligencia Bolivariano es el encargado de la operación, que no tiene fecha para terminar.

¿Y los autoproclamados defensores internacionales de los pobres, ¿qué dicen de esto? ¿Dónde están? En los palacios —u hoteles— episcopales, en las parroquias, en los púlpitos, en las asambleas de la ONU y sus dependencias, ellos “no saben” nada de la miseria venezolana. Pero siguen despotricando contra los ricos y su egoísmo… 

¿Quiénes son ellos?


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