lunes, 18 de abril de 2016

LOS JESUITAS EN SCAMPIA (NÁPOLES).FABRIZIO VALLETTI SJ (ITALIA).



Bandera de la Hispanidad en las Américas, 
adoptada como símbolo de las Américas 
por la séptima conferencia internacional 
Americana de Montevideo 
el 13 de diciembre de 1933.



El "Progetto Scampia" se puso en marcha en 2001 en respuesta a las peticiones de los superiores de la Compañía de Jesús, que deseaban una presencia apostólica de los jesuitas en este barrio del norte de Nápoles con una elevada tasa de criminalidad. Al principio, se involucraron en el proyecto principalmente los estudiantes de teología; más tarde, también ofrecieron su apoyo otros padres jesuitas que atendían parroquias del barrio. La comunidad jesuita de Scampia adquirió solidez en 1990 cuando la iglesia de Santa Maria della Speranza fue convertida en iglesia parroquial y encomendada al cuidado pastoral de los jesuitas. 

 Las características distintivas de esta ciudad-dormitorio, formada por altos edificios de viviendas, constituían un serio motivo para el interés pastoral, social y cultural de los jesuitas. Las Congregaciones Generales anteriores habían urgido a llevar a cabo esfuerzos renovados en favor de los desfavorecidos y marginados. La residencia de los jesuitas en Scampia estaba ubicada en un bloque de pisos, en estrecho contacto con gente sencilla, personas con las que compartían los problemas y las esperanzas cotidianas. 

Entregarse al servicio directo a la gente implicaba valorar su piedad sencilla y de carácter popular intentando profundizar en la palabra de Dios y alentar una honda comprensión de los sacramentos religiosos, no únicamente en su aspecto ritual y formal, muchas veces destinado a representar las etapas sociales de la vida de las familias. 

Los jesuitas de Scampia han educado a niños pequeños acompañándolos en el camino hacia una fe madura y consciente a través de una catequesis narrativa y, más tarde, a través de las actividades organizadas por el movimiento scout de la parroquia. 

En respuesta a la falta de formación profesional de los jóvenes se han organizado talleres profesionales junto con artesanos locales y empresas comerciales, con el fin de ayudar a los jóvenes a adquirir o perfeccionar habilidades técnicas que estén en consonancia con las necesidades del mercado laboral. En el curso de los años se han vivido, por supuesto, momentos difíciles en los que todo parecía estar abocado al fracaso, alguno de ellos debido a la ausencia de colaboradores con suficiente experiencia. Por esta razón se pusieron en marcha programas de formación específicos con objeto de facilitar oportunidades y favorecer el crecimiento del empleo. 

Años después inauguramos el "Centro Hurtado", un centro cultural que fomenta la educación y ofrece a los jóvenes un mensaje de esperanza para su futuro y que también supone un alivio ante las dificultades a las que han de hacer frente. 

En el marco de este proyecto un logro exitoso fue la creación de la cooperativa social "La Roccia" (La Roca), que ofrece clases de corte y confección, de encuadernación y restauración de libros, y de la que surgen oportunidades concretas de empleo. 

En 2005 el ayuntamiento de Nápoles cedió uno de sus edificios a los jesuitas de Scampia, quienes lo usaron para abrir allí una biblioteca y un centro cultural para niños. Este centro, aunque dirigido por los jesuitas e inspirado por el Evangelio y por la figura de san Alberto Hurtado, siempre ha mantenido un carácter secular, con el fin de acoger a todo aquel que quiera beneficiarse de este servicio social de promoción cultural. 

El centro también produce varias películas y ofrece clases de fotografía. Asimismo organiza visitas a lugares de interés cultural o natural, así como clases vespertinas para ayudar a niños con dificultades en el colegio o a quienes no reciben motivación adecuada de sus familias. 

La "Escuela de Música" es una de las iniciativas más significativas y encomiables de este centro. Se sirve del método de "tocar juntos" instrumentos musicales, con el fin de cultivar la pasión por las artes y alentar la socialización gozosa y el crecimiento cultural. A lo largo de los años, el Centro Hurtado ha ampliado su área de acción e involucra también a otras escuelas de la región, además de colaborar con otras organizaciones laicas o religiosas para prevenir el abandono escolar precoz. 

En el vecino Centro Penitenciario Secondigliano, los presos pueden participar en clases de jardinería. Este es un pequeño signo de esperanza para los reclusos, porque las iniciativas de este tipo muestran que prestar apoyos adecuados beneficia a los presos, pero también a la comunidad en su conjunto. La Iglesia participa activamente ofreciendo a los internos la oportunidad de perfeccionar sus habilidades, de suerte que estén en mejores condiciones de emprender alguna forma de educación adicional o de empleo una vez reintegrados a su vida familiar y comunitaria. 

El barrio de Scampia está golpeado de forma particular por la problemática carcelaria, relacionada con la presencia de la Camorra, que tiene un fuerte control sobre el territorio. Una forma de combatir su supremacía es ofreciendo medidas alternativas a la detención, con objeto de ayudarles a los presos y sus familias a superar la relación de dependencia con esta organización criminal. 

Definitivamente, trabajar en la comunidad de Scampia representa para los jesuitas una gran oportunidad de combinar la atención tanto pastoral como espiritual de las personas con una acción cultural y social efectiva.

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