sábado, 30 de abril de 2016

LA MÁS GRANDE EPOPEYA TERRESTRE. EL DESCUBRIMIENTO DEL RIO AMAZONAS.



Bandera de la Hispanidad en las Américas, 
adoptada como símbolo de las Américas 
por la séptima conferencia internacional 
Americana de Montevideo 
el 13 de diciembre de 1933.

La verdadera gesta de Orellana no tiene que ver con estas conquistas sino más bien con el fatigoso, trágico y épico viaje que le llevó a ser el descubridor del río más largo y caudaloso del planeta: el río Amazonas.
Siguiendo órdenes del hermano menor de Pizarro, Gonzalo, Orellana inició su marcha por los Andes quiteños en busca del País de la Canela, apreciada especia, pero nunca encontraron tal territorio. En estas circunstancias, Orellana perdió a más de 200 españoles y unos 3000 indios de su expedición, y con tal de buscar una ruta alternativa de regreso a Quito, se adentró en los ríos Napo y Coca.
Después de una larga travesía en la que muchos otros hombres murieron, y en la que los supervivientes llegaron incluso a comer cinturones y suelas de los zapatos hervidas con hierbas para alimentarse, Orellana y sus hombres llegaron a la bifurcación del río Napo que les permitió ser los primeros europeos en navegar al río Amazonas.
Su nombre proviene de unas feroces guerreras indígenas que atacaron la nave durante la travesía y que a los hombres de Orellana les recordaban a las guerreras del mismo nombre de la mitología griega. Finalmente, en 1542, Orellana y sus hombres desembocaron en aguas del Atlántico y se dirigieron hacia España para dar las gratas noticias.
El conquistador tuvo que hacer frente a una acusación de traición y rebeldía hacia Gonzalo Pizarro, al que no esperó cuando éste se lo ordenó antes de embarcarse en el río, pero dicha acusación fue desestimada debido a la precaria situación de Orellana y sus hombres, quienes debieron continuar para no yacer muertos en medio de la espesa selva.
Orellana contrajo matrimonio con una joven sevillana de buena familia llamada Ana de Ayala, fue nombrado adelantado de la Nueva Andalucía y firmó con el príncipe Felipe las capitulaciones para una nueva expedición al Amazonas. Sin embargo, en sus negociaciones con mercaderes, intermediarios y prestamistas, entabladas al efecto de preparar el viaje, Orellana fue víctima de su nobleza y su buena fe.
Gracias a su gesta, Orellana pudo volver al Nuevo Mundo con una expedición más preparada de unos 300 hombres (entre caballería, soldados rasos, artesanos) y casado con Ana de Ayala. Así, hacia 1545, volvió a la desembocadura del río que él mismo descubrió con la intención de trazar una ruta hacia Quito a través de tan salvaje río. No obstante, Orellana no pudo completar su sueño ya que la expedición tuvo que hacer frente a enfermedades y a ataques de los indígenas que, entre otros, mataron al conquistador.
Finalmente, sólo 40 hombre sobrevivieron al intento de remontar al río de los 1000 afluentes, pero tan excepcional gesta quedó por siempre ligada a un hombre bueno, inteligente, tolerante, sabio y valiente: Francisco de Orellana.


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