sábado, 6 de junio de 2015

Día del Periodista: 7 de Junio. Por S.E. Cab Gran Cruz Don Andrés Mendieta - Periodista , historiador. SOBERANA COMPAÑÍA DE LOYOLA SCL




Quien te escribe esta nota desde el inicio de su más plena juventud abracé este apostolado y llegué a conocer todas las grandezas y todas las miserias de la prensa.

Estoy orgulloso de pertenecer a este “un mal de familia” –cuatro generaciones de escribas- desde prácticamente desde comienzos del siglo pasado.

Sé cuanta abnegación y cuanto estoicismo son menester al periodista auténtico para cumplir con el mandato irresistible e irremisible de su vocación.

Yo pienso que es posible tener aptitud jurídica y aplicarse al negocio financiero o al empleo burocrático; disponer ciencias médicas y preferir la actividad mercantil o a la cría de ganado y hasta ser poeta y eludir el verso y el poema. Pero resulta imposible y desobedecer el imperativo de la propia intimidad.

Esta es la condición elemental del periodista profesional, dotado de la suprema facultad de crear todos los días en aparente frustración de su personalidad, que no conoce laureles y que, por extraña paradoja, se vigoriza en el anonimato y se debilita en la trascendencia individualizadora de su obra.

 Por eso, y porque, según  Sarmiento, “el periodista solo conocerá el mendrugo duro y seco del soldado” para ejercer esta profesión hay que estar imbuido de una alta calidad espiritual.

Como en ti veo tales aptitudes en este día quiero compartir tu alegría por la carrera que has elegido ruego aceptes mi felicitaciones.

Con todo afecto y cariño.  
Andrés Mendieta

Dr. Manuel Antonio Castro


Cuando hablamos del periodismo debemos tributar nuestra recordación al salteño doctor Manuel Antonio de Castro por haber sido el primero que se aferró a la pluma para volcar su sano pensamiento como redactor de “La Gazeta de Buenos Aires”, fundada por Mariano Moreno el 7 de junio de 1810.

 Nació en Salta en 1772 en el hogar conformado por don Feliciano Castro y por doña Margarita González., donde cultivó sus primeros conocimientos vinculados a la educación en su tierra natal, bajo la dirección del famoso educador Mariano Cabezón. En mérito a sus relevantes dotes intelectuales sus padres lo enviaron a Córdoba inscribiéndolo en la Universidad de Córdoba. 

Luego se dirigió a Charcas donde alcanzó el doctorado en Jurisprudencia siendo condiscípulo, entre otros, de Mariano Moreno. Quienes después participaron en los principios revolucionarios que estalló en Buenos Aires el 25 de mayo de 1810. 

Castro, todavía radicado en Charcas ejerció su profesión exitosamente motivo por el cual el presidente la Real Audiencia, don Ramón García de León y Pizarro – fundador de San Ramón de la Nueva Orán (Salta), la última ciudad instituida por España en América – lo designó secretario privado. Funciones que desempeñó hasta que fue nombrado Subdelegado en Yungas -al norte de La Paz- por el Virrey. 

Cuando en el Alto Perú los movimientos sediciosos en contra de la Corona, el doctor Castro que había contribuido especialmente con el fracasado conato insurrecto de Chuquisaca, el 25 de mayo de 1809, se vio obligado abandonar el Alto Perú para dirigirse a Buenos Aires arribando en los primeros días de 1810 donde fue nombrado ayudante y abogado al servicio del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros. 

Al estallar la Revolución de Mayo se transformó en su abogado personal, para defenderlo en los posibles procesos a que fuera sometido. Pero no hubo proceso, sino sencillamente la expulsión del ex virrey. 

A raíz de su vinculación y cargos que ocupó en el gobierno realista entre los miembros de la Junta de Gobierno originó desconfianza procediéndose a su detención el 24 de junio de 1810, confiscándosele todos sus papeles y desterrado a Córdoba. 

No fueron pocas las gestiones realizadas para demostrar su lealtad a la causa patriótica hasta que fue reivindicado con la designación en la Cámara de Apelaciones de Buenos Aires para luego ocupar cargos en las Academia de Jurisprudencia; director del periódico El Observador Americano; gobernador de Córdoba; presidente del Supremo Tribunal de Justicia; y se constituyó como el primer codificador argentino al redactar el Código de Procedimientos, aprobado en 1821. 

Con la aparición de “La Gaceta de Buenos Aires”, bajo la dirección de Mariano Moreno, esta publicación lo contó entre sus redactores. Cuenta Miguel Solá que en la “Gaceta de Buenos Aires” en uno de sus artículos combatió las tendencias anárquicas y censuró los desbordes de la prensa”. 

Al producirse el Éxodo Jujeño, promovido por el General Manuel Belgrano, se trasladó a Tucumán y luego a Salta y Córdoba. En esas ciudades desempeñó funciones judiciales. Retornó a Buenos Aires después de la caída del Director Carlos María de Alvear. Fue uno de los redactores del Estatuto Provisional (especie de constitución) de 1815 y fundó la Academia de Jurisprudencia, de modo que influyó mucho en el derecho civil y penal de la época. 

Saturnino Castro, su hermano mayor, fue un acentuado militar realista, que peleó en Tucumán y Salta y, más tarde, resolvió la victoria de los realistas en Vilcapugio al derrotar al Ejército del Norte. Manuel Antonio lo persuadió que debía incorporarse a las filas patriotas, pero antes fue fusilado por orden del general Joaquín de la Pezuela, en septiembre de 1814. 

En 1816 se dirigió a Tucumán para abrir las sesiones del Congreso en nombre del Director Supremo, y editó la crónica de sus sesiones, escritas por el diputado Fray Cayetano Rodríguez. Allí integró una comisión de reforma del Estatuto Provisional sancionado el año anterior, para convertirlo en una Constitución, fracasando el proyecto al dejarlo sin efecto por resolución de el . 

 A fines de ese año fue nombrado miembro de la Cámara de Apelaciones de Córdoba; viajó a esa ciudad justo a tiempo de presenciar la derrota de los federales dirigidos por Juan Pablo Bulnes. Después viajó a Salta, a tratar de conseguir ayuda del general Güemes para enfrentar a los federales del litoral. 

El doctor Manuel Antonio de Castro, entre otras cosas, fundó la Academia de Jurisprudencia de la Universidad de Córdoba y la biblioteca pública; presidente de la Corte de Justicia de Buenos Aires; diputado por Salta al Congreso General de 1824, siendo su primer presidente; redactó la Constitución Unitaria de 1826, que alcanzó a jurarla, porque por ser nombrado presidente de la Cámara de Justicia.  
Este eminente hombre público salteño estaba considerado como jurisconsulto famoso, parlamentario dúctil, y elocuente escritor falleció en Buenos Aires en agosto de 1832.

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